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De mayor quiero ser festival de cine

Jueves, abril 26th, 2012

Ya sé que faltan aún cuatro días y medio para que termine abril. Pero mira, me lo voy a saltar porque como siempre, desaparece del calendario con una rapidez pasmosa. Debo de hacerme vieja, o estoy sometida a un atraco permanente de abriles, que todo puede ser. Y aunque en mi calendario, abril es de Ginger y Fred, si paso a mayo sale Cary Grant. Con Deborah Kerr. En Tú y yo. No tengo más que decir.

(Esto es lo que pasa cuando una abandona el blog por razones ajenas a su voluntad durante dos meses. Que luego divaga. Me centro y cierro paréntesis).

A lo que iba: mayo es a Cannes lo que Angela Merkel a la úlcera de Rajoy. Y como el Festival actúa como si fuese el no va más de la modernidad cinematográfica, y Merkel actúa como si le fuesen a dar el próximo Nobel de Economía, deduzco que lo tenemos igual de negro para salir de la crisis que para renovar el panorama del cine actual.

Vamos por partes. Año 2012. Preside el jurado de la Sección Oficial Nanni Moretti. Nada que objetar. Integran el jurado la directora y actriz palestina Hiam Abbas (cuota de cine árabe y además palestina y además mujer. Tres puntos), Andrea Arnold (cuota de cine europeo y además mujer. Dos puntos), Ewan McGregor (cuota de cine europeo que conocen los menores de 30 años. Esto son casi tres puntos), Emmanuelle Devos (actriz francesa. Dos puntos por europea y mujer, diez por ser francesa), Diane Kruger (el equivalente femenino de McGregor, pero con un par de pluses más porque a ella la conocen hasta los menores de 20 y últimamente, cine destacable poco pero alfombras rojas, todas), Alexander Payne (cuota USA, claro, y además era un gran tío hasta que se fue a Hawaii), Raoul Peck (director, guionista y productor haitiano. Este año no hay cine oriental en el jurado. Pero sigue siendo exótico. Quince puntos). Y la guinda. Es que me encanta, y lo digo sin ironía: Jean Paul Gaultier. El diseñador. Lo que me mosquea en todo esto es que el delegado del Festival, Thierry Frémaux, se dedique a justificar por qué Gaultier está legimitado para estar en el jurado… Frémaux daba esta semana como una docena de razones en un programa de la televisión francesa. Yo es que tengo que ser muy rara o como muy simple. A mí me llegaba con un “pues porque sí”. Y además, queda que te mueres en las fotos. Y las camisetas de rayas le pegan a La Croisette más que Brigitte Bardot en biquini de cuadros vichy.

El caso es que aunque la sección oficial sea tan poco sorprendente esta primavera como en las últimas (Haneke, Cronenberg, Ken Loach, Alain Resnais, varios apellidos asiáticos que no veremos en las salas, el hijo de Cronenberg, Fatih Akin, Kiarostami, una pequeña dosis de producciones hispanas, pero sin pasarse -ojo a la coral 7 dias en La Habana y a la doble ración del argentino Pablo Trapero) este año Cannes NO se jubila. ¿Y por qué, si cumple 65 años? Pues porque ya dice el FMI que ahora se nos ha dado por vivir más, que no lo hemos calculado al echar cuentas, y como tenemos la manía de querer cobrar una pensión, el Festival tendrá que ser solidario y currar hasta los 70. O más. Como todos, que hay que apretarse el cinturón. Y Merkel está mirando.

Lo que parece haberse jubilado es mi modesta capacidad de entender la selección de películas a concurso. El hecho de que me parezca, un año más, que lo más interesante es la sección de clásicos me genera cierta inquietud. Necesito una dosis de post modernidad o ver más pelis de Terry Gilliam. Es que me iría a Cannes a coger sitio solo para ver la versión restaurada de Érase una vez en América que va a presentar Scorsese. Que me acabo de enchufar la banda sonora de Morricone y se me ha puesto la misma cara que a Elizabeth McGovern cuando Robert de Niro entra en su camerino una eternidad después. Y que además los clásicos estos (habrá quien los llame viejos porque son en blanco y negro) regalan Te querré siempre, de Rossellini, que hoy es mi película preferida y posiblemente mañana también. Y como si una no pudiese ser más feliz ya, La balada de Narayama, que es la película que consiguió que dejase de ver cine japonés sin taparme los ojos por si algún samurai cortaba a alguien en pedazos. Vale, no es un dato muy objetivo y desde luego nada purista. Pero soy una sentimental y si no fuese por la cabezonería proverbial de los Díaz y en concreto de mi padre (que menos mal que no me lee), nunca me habría reído y llorado como con esta maravilla. Y además, ponen Tiburón.

Me estoy haciendo vieja. O clásica. O en blanco y negro. O muda. Pero prometo hacer los deberes y cuando los elefantes (con perdón) vuelen y en España estrenen películas vietnamitas iré a verlas y juraré no haber escrito nunca que me parecen más modernos Ingrid Bergman y George Sanders en blanco y negro bajo la lupa de Rossellini que todos los apellidos impronunciables que acaparan Palmas de Oro.

(Eso sí, el cartel es precioso. Lo de Marilyn con los cumpleaños es digno de estudio)

Ha llegado el trío

Miércoles, septiembre 14th, 2011

Me encanta la Academia del cine. De verdad. Con la de directores, guionistas, actores, técnicos… que la conforman, ¿un año de estos no podían hacer una reunión tipo tormenta de ideas y montárselo con un poquito de suspense para decidir las tres películas entre las que escogerá la que irá a los Oscar? Más que nada, porque a estas alturas, ¿quién no habría apostado por la de los Goya, la de Almodóvar y ¡hombre! una por estrenar?

1. Papeletas para Almodóvar: estreno de lujo en Cannes. Buena respuesta en taquilla. En Hollywood le adoran. Ya tiene dos, sería su quinta nominación y además sale Banderas. Hasta Tippi Hedren estará encantada. Y -vamos a ponernos serios-, La piel que habito está francamente bien. En mi molesta opinión, claro.

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2. En este país todo el mundo defiende algo. A su partido, a su equipo de fútbol, a su dios. Y cuando nos subimos a una burra, hacernos apear es casi un deporte de riesgo. Todos, menos la Academia. Así que después de haber tenido que aguantar todo tipo de pullitas alguno de estos años por esa extraña bipolaridad con la que le daba el Goya a la mejor película a una cinta que después no se mandaba a por el Oscar, este año parece que alguien ha decidido que la coherencia es un plus. A los académicos de Hollywood les gustan las películas históricas. Bueno, puede que Pa negre sea demasiado dura de roer… pero si sirve para que alguien vea esta película de Villaronga, yo no protestaría. Que llegar a estrenar al otro lado del charco sí que es un deporte de riesgo.

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3. Y para cerrar la terna… ¡una que no ha visto nadie! El clásico de la película sin estrenar se está convirtiendo en un jueguecito de lo más gracioso. Adivine qué director de reconocido prestigio estrena un poco fuera de plazo (nunca del todo) y decida quién se colará este año en el trío de elegidas. El boleto de este año es para Benito Zambrano. Y para su adaptación de La voz dormida, la novela de Dulce Chacón que arrasó hace casi diez años. Y que, con casi diez años de retraso, he empezado por fin (y me tiene enganchada como a una “friski” de Lost…) Yo a Zambrano le doy entre veinte y cuarenta votos de confianza si consigue que lo pase como con Solas y Habana Blues. Que ya es decir…

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Se admiten apuestas…

De puntillas

Miércoles, septiembre 1st, 2010

No me subo a unas puntas desde hace… bueno, para qué echar cuentas. No veo una buena película ambientada en el mundo del ballet desde hace… bueno, sí, un poco menos, gracias a Robert Altman y la curiosa The Company. Y hace un instante, de la pequeña pantalla han salido estas imágenes de puntas, tutús y cisnes para recordarme que hoy empieza el Festival de Venecia, y que Darren Aronfosky le ha puesto a Natalie Portman un tutú… pelín inquietante, este Black Swan.

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…y es que la mezcla de tules, puntas de raso y música de Tchaikovsky, agitada por Aronofsky, no podía ser muy suave. Que al director de las estupendas Requiem por un sueño y El luchador le gusta darle bien al espectador, así de cara.

Aquí, bien lejos de Venecia, donde hoy ha comenzado la edición número 67 del viejo festival, a una le entran unas tremendas ganas de películas de esas que suman dos de las cosas que más le gustan del mundo. Al Lido ya no llego esta noche, y a Black Swan no llegaremos en España hasta el año próximo. Así que me propongo un minimaratón de pasos a dos, buenos actores, enormes bailarines y algunos protagonistas tan preocupantes como la Nina de este cisne estrenado hoy en Venecia. Ahí van mis tres recomendaciones, hoy por este orden… mañana tal vez no.

1. Las zapatillas rojas (The Red Shoes, Michael Powell y Emeric Pressburger, 1948). Un monumento al technicolor, al ballet, al cine como creación. Hace dos años, Scorsese presentó la versión restaurada en Cannes y recordó que la había visto cuando era un niño, alucinado, claro. Hoy he encontrado algo de esos primeros planos de Moira Shearer en las imágenes de Black Swan. Espero que quede también algo de la magia que desprende esta fábula, porque como el resto de las maravillas de Powell y Pressburger, esto es lo que es esta joyita. Por cierto, si alguien que no la haya visto se acuerda de  Tetro (Coppola, 2009), os sonorá el estilo de estos dos por el homenaje que le brinda a Los cuentos de Hoffmann.

2. Paso decisivo (The Turning Point, Herbert Ross, 1977). Qué difícil de encontrar… y de resumir. Shirley McLaine, Anne Bancroft y Baryshnikov, así, en tres patadas. Una declaración de amor a la danza, y a dos actrices que de verdad  no sé cómo definir en esta película. Subidas a un escenario, tirándose del pelo, sirviendo un té, con una frase, una mirada… se montan entre las dos un recital (las nominaron a las dos al Oscar por la película, que no se llevó nada pero tiene ocho nominaciones en total) que no entiendo por qué no aparece en ningún lado, por mucho que busque una copia decente.  La mía está gastada, con eso os digo todo. Da igual que uno no sepa de ballet más que lo que yo sé de fútbol. A Herbert Ross habría que darle una calle solo por la secuencia de Bancroft y MacLaine en la barra… del bar, quiero decir.

3. Billy Elliot (Stephen Daldry, 2000). Vale, nada que ver con las dos anteriores. Mucho menos ballet, sí, pero idéntica pasión por el baile. Y ese algo innato que tienen los ingleses para conseguir que el peor drama se convierta en la mejor comedia. Para fanáticos de la danza, la coreografía de la última escena es otro Lago de los cisnes… bastante curioso, con un montón de tíos con plumas y sin tutús, y en vez de princesas, príncipes, claro. Lo firma Matthew Bourne. Pero esta es otra historia…

Otro cine es posible (otra cosa es que podamos verlo)

Lunes, mayo 24th, 2010

A estas horas, la imagen de Javier Bardem lanzándole besos a su emocionada chica, agradeciendo el premio a mejor actor en Cannes, ha dado ya varias vueltas al mundo.
A estas horas, somos muchos aún los que intentamos pronunciar con cierta dignidad el nombre de Apichatpong Weerasethakul, el director tailandés que se ha hecho con la Palma de Oro en el festival con su película El tío Boonme revive sus vidas pasadas.

A estas horas, el nombre de la maravillosa Juliette Binoche sigue siendo el menos contestado del palmarés de este año, por su interpretación en Copie Conforme, del iraní Abbas Kiarostami.

Y a estas horas, en Radio Voz acabo de tener la oportunidad de hablar con Oliver Laxe. 28 años, nacido en París, hijo de inmigrantes gallegos, único español con una cinta a concurso, y ganador del premio de la Fipresci (la Federación Internacional de Crítica de Cine) en la Quincena de los realizadores. La culpa la tiene su primera película, Todos vós sodes capitáns, rodada en el norte de África, cine dentro del cine alrededor de unos niños en medio de un rodaje y que se revuelven contra su director… porque no les gusta la película que hace.

Sorprende lo tranquilo de su tono (nos cuenta que un premio así le deja a uno cierta paz) y lo claras que tiene sus ideas acerca del cine. Del que él hace y de lo que es (o debería ser) este arte. El respaldo de la crítica logrado el sábado en Cannes, afirmaba Laxe esta mañana, es una confirmación de que “a túa mirada sobre esta linguaxe tan fermosa que é o cine, as túas hipóteses, son certas, ou polo menos van na boa dirección”.

La Quincena de los realizadores es un espacio propio en Cannes. Un hueco en el que tienen cabida visiones un tanto diferentes. Y sin embargo, Oliver Laxe nos cuenta que “o meu cine non é diferente, eu estou adscrito á contemporaneidade”. El problema, explica, es que no estamos acostumbrados a este tipo de películas porque “non saen nos cinemas”. Y sin salir de Cannes, pone como ejemplo al director tailandés que ayer se alzaba con la Palma de Oro. Aunque para el espectador de a pie (al que no le queda más remedio que ver lo que dan en los cines de los centros comerciales, que es lo mismo en todas partes) sea un completo desconocido, asegura que “todos os cineastas o coñecemos, é un referente e o director máis importante deste século”.

De nuevo, Cannes (como otros festivales) vuelve a dejar de manifiesto la enorme brecha que separa el cine como espectáculo y como negocio de esas otras miradas que tal vez no buscan un público masivo, que no esperan grandes cifras (el propio Laxe lo comenta en la entrevista: “o concepto de carteleira, de recadación semanal, me parecen perigosas para a miña película. Non xogo nesa liga”).

Y a pesar de no esperar convertirse en un filón para las distribuidoras, las productoras y los vendedores de palomitas, el hecho de que una pequeña película gallega triunfe en Cannes (o donde sea) y de repente nos haga preguntarnos por qué nos va a costar un mundo poder disfrutarla en una sala de cine convencional, le da al premio un valor que va más allá de lo que valga (qué poco me gusta usar términos de mercado) la película. Hoy, en Facebook había ya algún grupo que pedía que podamos ver Todos vós sodes capitáns en las salas gallegas. Y Laxe aseguraba que “a xente acaba de darse conta de que nos 90 desapareceron as salas privadas de Galicia”…

No hay apenas salas en las que se puedan encontrar películas ajenas al taquillazo y a las normas que marcan las multinacionales. Y a este paso, los Apichatpong Weerasethakul y los Oliver Laxe que aún ruedan en el mundo quedarán reducidos a nombres en las páginas de Cultura de los periódicos. Nadie sabrá si sus películas son interesantes o no, porque solo podrán verlas los críticos que viajan a los festivales. A los demás, nos interesen o no, solo nos quedarán las palomitas

 Escucha aquí la entrevista completa

A pleno sol (en Cannes, porque aquí…)

Miércoles, mayo 12th, 2010

cannes

 

A pesar de que hace años que Cannes dejó de ser un foco para los amantes del cine un tanto diferente, para convertir la Costa Azul en una enorme alfombra roja en la que sobre todo las grandes empresas norteamericanas desembarcan para presentar a bombo y platillo sus grandes productos y empezar a hacer caja, no hay mes de mayo en el que no prefiera cambiar esta primavera lluviosa y fría por el calorcito peliculero de La Croisette.

Prueba de ese desembarco de colorines, hoy abre Cannes la última versión de Robin Hood, que firma el británico Ridley Scott. Una súper producción que ha costado más de 100 millones de dólares, y que convierte a Russell Crowe en el héroe medieval, y que mucho me temo (y ojalá me equivoque, con lo que me gusta Robin Hood y lo que me gustaba Scott), en una especie de Gladiator medieval con mucha sangre, mucha batallita y el poco fondo al que Scott nos tiene acostumbrados últimamente.

Aunque afortunadamente, y a pesar del predominio de los todopoderosos, Cannnes nos seguirá regalando la posibilidad de escuchar lo que tienen que contarnos voces algo menos poderosas en la industria del cine. Como la de Ken Loach, que se ha subido a la sección oficial por los pelos con su último trabajo, Route Irish (por cierto, al mismo tiempo que anunciaba que sus películas van a empezar a colgarse gratuitamente, de momento, en la red. Si no puedes con el enemigo, dice su productora, únete a él… o al menos controla la publicidad. Os dejo aquí el enlace para su canal en Youtube). En la sección oficial estará también la esperada Biutiful, de Alejandro González Iñárritu, lo último de Takeshi Kitano, Outrage, de Mike Leigh, Another YearAbbas Kiarostami con Certified Copy. Y una curiosidad: la segunda parte de Quemados por el sol, de Nikita Mikhalkov.

Aunque, como siempre, hay que irse a esa “cierta mirada” para seguir encontrando más opciones interesantes. Como la de dos pesos pesados (y no va con segundas): la de un centenario ya, el portugués Manoel de Oliveira, con O estranho caso de Angélica, y la de un clásico de la Nouvelle Vague, Jean Luc Godard, con Film Socialisme.

Y fuera de competición, más pesos pesados: Woody Allen presentará You will meet a tall dark stranger, y Oliver Stone, la secuela de Wall Street (a la que ha puesto, de coletilla, “El dinero nunca duerme”. Muy apropiado, con la que está cayendo).

Más razones para pasar por Cannes, aunque sea de manera virtual: este año, en el que Tristana cumple 40 años, esta joya de Buñuel con Fernando Rey y Catherine Deneuve estará en la sección de clásicos de Cannes. En una presentación que correrá a cargo de Pedro Almodóvar, se podrá ver la copia que, como un tesoro, guarda la Filmoteca Española. Y siguiendo en esa sección de clásicos, anotamos otras dos maravillas restauradas: Psicosis, de Alfred Hitchcock, y La reina de África, de John Huston.

(PD. No podía dejar de colgar el cartel de este año… Juliette Binoche, por cierto, además de en los carteles, está en la última de Kiarostami)

Debe ser primavera…

Viernes, marzo 26th, 2010

…y no tenía intención de citar a Sabina. Pero es salir el sol, y de repente aparecen en mi buzón dos noticias con gracia. Llegan de la Costa Azul, y anuncian que el Robin Hood de Ridley Scott abrirá la próxima edición del Festival de Cannes, el 12 de mayo. ¿Que por qué tiene gracia? Por algunas maldades que ahora os cuento, y por la expectación evidente que ha despertado la visión que Scott tendrá del mítico ladrón de los bosques, en este caso en la más que interesante piel de Russell Crowe. Así nos lo venden:

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Y sin salir del tráiler, las cosas graciosas y primaverales siguen adelante. Vayamos por orden. Ojo a la promoción: “Del director de Gladiator“. Pues sí. Que Scott dirigió hace unos años Gladiator nos ha quedado bastante claro a todos. Pero no puedo dejar de preguntarme dos cosas:

1). ¿Este Robin Hood se dirige a aquellos espectadores que de Ridley Scott solo conocen Gladiator?

2.) ¿Este Robin Hood es una versión medieval de Gladiator?

Y en ambos casos, me respondo a mí misma, ya que es primavera y una puede hablar sola sin que la llamen loca.

1). Resulta que antes de Gladiator, este inglés había dirigido, por seguir un orden, Los duelistas, Alien, Blade Runner o Thelma y Louise. Por citar cuatro películas que a mí, que resulta que Gladiator me debió de pillar un poco mayor, qué queréis que os diga… me parece que venden un poco más que Gladiator. A ver. Imaginaos que U2 saca disco y en la publicidad nos dicen “del grupo que grabó No Line on the Horizon, en vez de… ¿The Joshua Tree, por ejemplo?

2). Si este Robin Hood es como Gladiator pero en el bosque de Sherwood, unos cuantos siglos después, pero con la misma estética, el mismo rescate de mitos vivientes del cine (Max Von Sydow aquí, frente al Richard Harris de la otra), el mismo tratamiento de la violencia (nada de mallas verdes en technicolor), el ritmo trepidante y el gesto intenso de Crowe que nos resume el tráiler, es posible que solo nos quede agarrarnos a la presencia siempre inquietante de Cate Blanchett… A eso, y a que el guión lo firma el mismo señor que dio forma a L.A. Confidential y Mystic River, Brian Helgeland. Que no es poco.

(y antes de que me digáis cuánto os gusta Gladiator,  prometo que no lo digo con ánimo de llevar la contraria, y que reconozco que debo ser de las pocas personas a las que no les ha parecido una película, por lo menos, entretenida… qué más querría que no haberme aburrido como una seta durante las más de dos larguísimas horas que dura).

Pero vamos con el resto de las noticias no ya graciosas, sino fantásticas, que llegan de Cannes. Esto no es nuevo, lo sé… pero con la que está cayendo a estas horas (la primavera es lo que tiene: empiezas a escribir y sale el sol, y terminas un párrafo, y caen rayos y truenos), me ha provocado una nueva sonrisa que el jurado de este serio, prestigioso, chic y cada vez menos francés festival esté presidido, este año, por el poco serio, muy prestigioso, estrafalario y nada francés Tim Burton.

Milana bonita…

Viernes, marzo 12th, 2010

A las siete de la mañana se apagaba, definitivamente, la luz de Miguel Delibes. Quedan, me decía alguien un par de horas después, sus palabras, sus libros, las cinco horas pasadas con Mario, los caminos, los herejes, los santos inocentes… y -pensaba yo- los ojos empañados de Paco Rabal, fijos en un campanario. Porque la potente narrativa de Delibes ha dado frutos no tan potentes en el cine. Desde El camino, de Ana Mariscal (1962),  a Retrato de familia (1976), El disputado voto del señor Cayo (1986) y Las ratas(1996), las tres firmadas por Antonio Giménez Rico. También Antonio Mercero adaptó dos de sus obras, en La guerra de Papá (1977), y El tesoro (1988).

Pero desde luego, si una de las muchas versiones de sus obras tiene que guardarse en un rinconcito de la cabeza de cualquier peliculero es esa maravilla firmada por Mario Camus en el 84. Los santos inocentes no solo es una excelente adaptación de la sencilla, dura y potente novela de Delibes. Es, además, una película inteligente que sigue obligando a mantener la respiración, a apretar los puños. Y sigue sonando hoy con la misma fuerza que hace un cuarto de siglo. Terele Pávez, Agustín González, Juan Diego y, sobre todo, dos inmensos Alfredo Landa y Paco Rabal poniendo cuerpo a los personajes creados por Delibes, y aquel pájaro…

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La ejemplar interpretación de Landa y Rabal sirvió para que en Cannes, aquel 84, ambos se llevasen el premio a los mejores actores. Hace 26 años, los premiados no podían hablar al recoger el premio en la ciudad francesa. Pero Paco Rabal lo hizo. Y solo dijo una cosa… “milana bonita”.

Hay palabras y escenas y actores y escritores que no necesitan adjetivos, ni trucos. Tan solo la fuerza de la verdad que encierran. Como aquel pájaro. Los señoritos. La niña chica. La foto de familia. Paco Rabal. Y Miguel Delibes…

Censura (II)

Jueves, octubre 29th, 2009

¿Recordáis  esa estupenda secuencia de Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore, 1988) en la que el cura pasa revista a las películas para ir señalando, a toque de campanita, todos los besos y todas las escenas en las que hay demasiada carne? Las películas se han mutilado a golpe de tijera desde que el cine es cine, provocando versiones alteradas y en muchos casos absurdas. En España, y durante la dictadura franquista, se consiguió una de los sistemas censores más surrealistas de la historia, capaces de convertir adulterios en incestos y joyas del montaje en apaños de andar por casa. Aquella Junta de clasificación y de censura se dedicó a recortar todo aquello que podía atentar contra los códigos morales, religiosos, sociales y políticos del régimen. Y no se libró ni el apuntador: en Mogambo (John Ford, 1953), el matrimonio formado por Donald Sinden y Grace Kelly se convierte, gracias al doblaje, en una pareja de hermanos… ¿Que no quieres mujeres adúlteras? Conviértelas en incestuosas. El absurdo a la enésima potencia, y todo esto sin que a nadie le temblase la mano, y sin que nadie hiciese nada por reparar el caos mental provocado a los pobres espectadores.

 

gilda2 La piel, evidentemente, era un problema. Y en el año 60, la de Janet Leigh se mostraba demasiado, para los sensibles ojos de los censores españoles. La censura destrozó ese ejercicio de montaje que es la secuencia de la ducha en Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960), para evitar que pensásemos que la pobre Leigh se duchaba desnuda… Pero  también habían sido un problema las piernas de Silvana Mangano en Arroz amargo (Giuseppe de Santis, 1949) y los brazos de Rita Hayworth en Gilda (Charles Vidor, 1946).

Pero el sexo y los desnudos no eran, desde luego, los únicos que alteraban el pulso de los censores. Había que mantener el tipo ante los embates del comunismo, los rojos, y toda esa banda de extranjeros impíos que amenazaban a la patria. Y si había que evitar que Humphrey Bogart hubiese luchado por la República, se hacía. Maravillas del doblaje, de nuevo, que evitaron que los españoles supiesen que Rick (en Casablanca, claro. Michael Curtiz, 1942) había combatido el glorioso alzamiento hasta muchos años después. Tampoco pasó el filtro Roma, città aperta (Rosellinni, 1945), condenada durante años a los cine clubs. Como todo lo que oliese a revolución, resistencia o libertad. A nuevo.

 Aunque la censura, claro, se iba adaptando a los tiempos, como el propio régimen, y en pleno bum de las relaciones recuperadas con los Estados Unidos, Luis García Berlanga vio cómo de esa maravilla que es Bienvenido, Mr. Marshall (1953)  se cortaba una inocente banderita americana flotando río abajo. Una década después, le costó un tanto más conseguir adaptar El verdugo a los dudosos gustos de las autoridades. Y aún así, consiguió una de las mejores películas de la historia. A los Berlangas, Azconas, Ferreri y Bardem, habría que levantarles varios monumentos por la inteligencia con la que sortearon la censura, a golpe de humor negro, ironía y mala leche… demasiadas sutilezas, en la mayoría de los casos, para las mentes de brocha gorda de los censores.  

 viridianaAfortunadamente, cuando uno tiene la mente bien cerrada, sus propias armas se le pueden volver en contra. A principios de los 60,  al régimen no se le ocurrió mejor idea para promocionarse en el exterior que pedirle a Buñuel que volviese a España. Y rodó Viridiana. Y cambió el final, demasiado explícito para el régimen… ¡por uno mucho peor! Coló, claro. De nuevo la inteligencia de los funcionarios de Franco. Pero como en este país todo puede convertirse en un circo de tres pistas, al director general de Cinematografía se le ocurrió mandar la película a Cannes. Y ganó la Palma de Oro, pero esta obra maestra blasfema, irónica y brutal no se pudo ver en los cines españoles hasta el 77. Simplemente, dejó de existir durante 16 años. Con la Iglesia hemos topado: L’Osservatore Romano puso el grito en el cielo, la película se prohibió y el director de Cinematografía, claro, tuvo que vaciar su despacho.

 

 

 crimen_cuenca4¿Cambió todo tras la muerte de Franco? Vamos a dejarlo en un más o menos: en plena democracia, dos años después de las primeras elecciones libres tras la dictadura, y con la Constitución apenas caminando, el Gobierno retiró de la circulación una película que aún hoy cuesta ver, por lo dura, explícita y violenta que resulta. El crimen de Cuenca (Pilar Miró, 1979) estuvo secuestrada durante más de un año, y su directora tuvo que someterse a un tribunal militar. Puede que la democracia fuese demasiado joven para asumir esta historia (real) ambientada en la España de principios del siglo XX en la que el verdadero crimen son las salvajes torturas que protagoniza la Guardia Civil. La cinta no se estrenó hasta el 81, y fue un éxito a pesar de la bonita “S” que lucía en su clasificación. Fue el último ataque directo de la censura.

 

(Y de la “S”, ya hablaremos…)

Veinte años esperando por Chet Baker

Jueves, septiembre 17th, 2009

Él pregunta si prefiere a Chet cuando canta o solo cuando toca. Ella se aparta el pelo antes de responder. Le contesta con otra pregunta.”¿Y por qué tengo que escoger?”. Él sonríe, se acerca un poco más y le pasa un cedé que ella aún no ha escuchado. Como de la nada, aparece una chica y se aferra al brazo del hombre… Le da un beso rápido, tira de él y le echa una mirada bastante elocuente a la otra. Él aparta la mirada. Se van.  Ella se queda con el disco en la mano. Se ríe sola. Va a resultar que la sección de jazz es peligrosa. (El disco, por cierto, también lo es. Nadie ha podido tratar la adicción que provoca).

Esta es solo una de tantas historias. Porque todo el mundo tiene una historia con Chet. Bruce Weber, también. La contó a finales de los 80, cuando Baker ya no tenía dientes, apenas fuerzas, y se había convertido en un espectro demacrado, una especie de retrato andante de Dorian Gray. Un yonky de la música, las drogas, y las mujeres, un blanco en un mundo de negros. La mejor foto. La estrella. La mejor versión de Let’s Get Lost. Mucho más que My Funny Valentine.  

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Los meses que Weber pasó con el músico se convirtieron en un documental extraño, triste, y legendario. Let’s Get Lost (Bruce Weber, 1988), nunca se estrenó en cines en España. Este año, aterrizará solo en dos salas. Desde mañana mismo, se podrá ver (por fin) en Madrid y Barcelona. Versión restaurada, la misma que el año pasado volvió a llenar el Festival de Cannes con la historia del viaje hacia la nada de un Chet Baker en las últimas. Nunca vio la película. Antes del estreno, lo último que vio fue la ventana del hotel de Amsterdam por la que se cayó o se tiró o lo tiraron o lo que sea que acabó con él estampado en el suelo. Nada está demasiado claro en la vida de uno de los mejores trompetistas de jazz de la segunda mitad del siglo XX. Tampoco su muerte.

Nominado a los Oscar, premio en Venecia, pero, sobre todo, un testamento improvisado que recoge prácticamente el último año en la vida de Baker, en Let’s Get Lost Bruce Weber consigue no escatimar mimos con su personaje (como en la preciosa secuencia en la que William Claxton recuerda las sesiones de fotos con un jovencísimo Chet Baker, en los 50), pero tampoco esconde las cicatrices. Weber va desgranando el pasado del músico, desde la costa de California y los locales de Nueva York, el hombre del que Marilyn decía que era tan guapo que dolía, a través de los testimonios de quienes lo conocieron y lo amaron: compañeros, músicos, productores, antiguas amantes, sus hijos… Y a esas imágenes de los 50 y 60 se contraponen los durísimos y silenciosos primeros planos de Baker en sus últimos meses,  en Europa, una especie de fantasma de sí mismo, en el que la voz se ha convertido en un soplo y solo queda la magia de la música.

La misma magia que recoge Weber en los sombras de este blanco y negro que por fin se puede conseguir en deuvedé… para los que  no vivan en Madrid y Barcelona y puedan disfrutar de la pantalla grande. El 7 de octubre saldrá a la venta una edición especial (cuesta 24,95 euros) muy completa: con tres discos, incluye el largometraje en versión restaurada, cuatro cortos de Weber, y un cedé de audio con grabaciones inéditas remasterizadas, así como un libreto de 45 páginas con numerosas fotografías. Nadie podrá negar, ahora, que puede tener su propia historia con Chet…

(Y no deja de ser un buen momento para preguntarse qué ha pasado con ese proyecto de rodar la vida de Baker… ¿será finalmente Josh Hartnett quien dé vida al trompetista?)

Hoy han quedado en Cannes Almodóvar, Coixet, Tarantino, Lee, Resnais, Von Trier, Loach…

Miércoles, mayo 13th, 2009

Un viejito con gafas de pasta, animado por Disney-Pixar, abrirá esta noche la edición número 62 del Festival de Cannes.  Una edición en la que el cine español tiene, por primera vez en años, presencia de peso: luchan por la Palma de Oro Los abrazos rotos, de Almodóvar, y Mapa de los sonidos de Tokio, de Isabel Coixet. Fuera de concurso, además, se podrá ver por primera vez la esperadísima Ágora de Amenábar.

Representaciones nacionales a un lado, esta edición está cargada de expectativas, y algún reencuentro. Con lo que queda de la Nouvelle Vague, por ejemplo:  Alan Resnais acaba de celebrar que hace 50 años que Hiroshima, mon amour se presentó en este mismo festival, y ahora, a punto de cumplir él mismo los 87, presenta a concurso Les herbes folles.

Pero hay más: se esperan los últimos trabajos de Tarantino, que se pone bélico y se marca un remake, (Inglourious Basterds), Von Trier, que se pasa al terror (Antichrist), y Haneke (Das Weisse Band). Volverá el fútbol, con Ken Loach y su Looking for Eric (Cantona, claro) y Ang Lee nos llevará al verano del 69 en Taking Woodstock.  

(Para los que os gusten los clásicos, echad un vistazo aquí  a la lista de películas viejas que se podrán ver estos días en Cannes. No os la presentará en el salón de casa Martin Scorsese, pero volver a ver Las zapatillas rojas sigue siendo un lujo).

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