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Feliz cumpleaños, Señor Chandler

Miércoles, julio 23rd, 2008

 

¿Qué habría pasado si el 23 de julio de 1888 no hubiese venido al mundo Raymond Chandler? Entre otras cosas, no habría nacido el detective Philip Marlowe, Humphrey Bogart no habría conocido a Lauren Bacall en El sueño eterno, Barbara Stanwyck no habría destrozado la vida de Fred MacMurray, y Robert Walker no habría abordado en un vagón de tren al incauto Farley Granger para proponerle macabros intercambios de crímenes.

Otros habrían ayudado a Wilder y Hitchcok a adaptar los guiones para Perdición y Extraños en un tren, ¿pero sería lo mismo? Y sí, es posible que el cine negro sobreviviese sin el detective Marlowe, pero sería mucho más triste.

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 (Como no se ha inventado aún nada que nos haga resistir 120 años en pie, hoy habrá que celebrarlo a golpe de novelas y películas. Además de las tres mencionadas, me quedó con El largo adiós, de Robert Altman, y ese Marlowe desgarbado que regala Elliot Gould)

Más malas (que no peores)

Viernes, mayo 30th, 2008

Las malas (y los malos) siempre abren debate. Por culpa de Gene Tierney, estos días oigo opiniones para todos los gustos de malas favoritas. Que no, que no es que crea que la Ellen de Que el cielo la juzgue sea el único mal bicho del cine. Aunque yo me quedo con esta decena. Y no incluyo a las que han perdido la cabeza, porque no es lo mismo el modelo “mala porque me da la gana” que el modelo trastornada.

Por derecho propio, ahí están mis preferidas (y no pongo a Gene Tierney, que ya lo he contado):

 1. Bette Davis en La loba (William Wyler, 1941)

2. Barbara Stanwyck en Perdición (Billy Wilder, 1944)

3. Joan Bennett en Perversidad (Fritz Lang, 1945)

4. Judith Anderson en Rebeca (Alfred Hitchcock, 1940)

5. Olivia de Havilland en Canción de cuna para un cadáver (Robert Aldrich, 1964)

6. Kathleen Turner en El honor de los Prizzi (John Huston, 1985)

7. Nicole Kidman en Todo por un sueño (Gus Van Sant, 1995)

8. Anne Baxter en Eva al desnudo (Joseph L. Mankiewicz, 1950)

9. Mary Astor en El Halcón Maltés (John Huston, 1941)

10. Jessica Rabbit en ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (Robert Zemeckis, 1988)… y eso que ella no tuvo la culpa: el dibujante la hizo así.

¿Y si….?

Sábado, abril 19th, 2008

Cuando Grace Kelly ya se había convertido en Gracia de Mónaco, desde Hollywood le ofrecieron protagonizar Paso decisivo (Herbert Ross, 1977). Podía escoger entre el papel que finalmente haría Anne Bancroft o el que se quedó Shirley MacLaine. Pero declinó la oferta, cosa que nunca agradeceré bastante al Principado. Porque no me imagino la película con otras actrices que no sean estas dos. Y le debo una entrada (o dos).

Pensar en la rubia actriz protagonizando Paso decisivo me trae a la cabeza otros repartos improbables. Por ejemplo, esa leyenda que cuenta que antes de que Bogart se convirtiese en Rick Blaine en Casablanca, (Michael Curtiz, 1942)  se barajó la posibilidad de que fuese Ronald Reagan (cielos) quien diese vida al cínico dueño del bar. Y me pregunto qué habría pasado si Robert Redfod hubiese pasado las pruebas para protagonizar El Graduado (Mike Nichols, 1967). O si Bette Davis se llega a hacer con la suya y se convierte en Escarlata O’Hara de Lo que el viento se llevó (Victor Fleming, 1933). O si hubiesen aceptado el papel Katharine Hepburn o Barbara Stanwyck… ¿Les habría dicho “Francamente, querida, me importa un bledo” Gary Cooper y no Clark Gable?

Con un casting casi tan legendario como la propia película, las cosas podrían haber cambiado mucho en El Padrino (Francis Ford Coppola, 1972)  si Warren Beatty, Dustin Hoffman, Jack Nicholson o Martin Sheen hubiesen conseguido el papel de Michael Corleone. O si Laurence Olivier fuese Don Vito. Aunque la palma se la lleva Robert de Niro, que quiso ser Michael, lo intentó con Sonny, y afortunadamente no fue ni lo uno ni lo otro. ¿Y es que quién habría sido entonces el joven Vito en la segunda parte?

En tren

Lunes, abril 7th, 2008

Además de pagar religiosamente el precio de la entrada en un cine cualquiera, los que esta tarde estén en A Coruña o Ferrol pueden ir a ver una película por la cara… y en tren. En Caixa Galicia llevan varias semanas con un ciclo que se llama precisamente así, Trens de cine, y que repasa el interés que esto del cine ha mostrado, a lo largo de toda su historia, por las cosas que pasan en los trenes. Esta tarde la cita es en las sedes de la Fundación Caixa Galicia, en A Coruña o Ferrol, a las 18 horas (doblada al castellano), o las 20.30 (versión original con subtítulos en castellano)

Si estáis en A Coruña, es el turno de Fritz Lang y Deseos Humanos (1954), con Gloria Grahame, Glenn Ford y Broderick Crawford. Cine negro puro y duro, basado en una novela de Émile Zola, La bête humaine, que por cierto ya adaptó Jean Renoir (en el 38, como La bestia humana). Lo de los remakes, está visto, no es nada nuevo. Claro que no es lo mismo si quien revisita la historia es Fritz Lang.

brief_encounter.jpg Los amantes y el tren, en Breve encuentro

En Ferrol, toca David Lean con Breve encuentro (1945), la adaptación al cine de una obra de Noël Coward, una preciosa historia de amor con Celia Johnson y Trevor Howard, con la música de Rachmaninov de fondo (y no digo más, que no me gusta destripar los finales de las películas). Pero vamos, que todos aquellos que tengan en la cabeza a un David Lean que no baja de los 120 minutos de metraje con películas épicas (léase Lawrence de Arabia o Doctor Zhivago), tienen la oportunidad de ver una de esas pequeñas historias que dejan huella. Tanta, que si no existiese Breve encuentro, Wilder no habría rodado El apartamento. Otro día os cuento esa historia.

Para los que estén en Lugo, Ourense, Santiago, Pontevedra y Vigo, los trenes pasarán por las sedes de la Fundación mañana. Vamos por orden: en Lugo, a las ocho de la tarde, podeis ver Trenes rigurosamente vigilados, del director checo Jirí Menzel, rodada en 1966, Oscar a la mejor película extranjera, y uno de los ejemplos más representativos del cine que llegaba de la antigua Checoslovaquia en los sesenta.

En Ourense, el martes a las ocho,  la historia real de una legendaria locomotora uruguaya, en El último tren (Diego Arsuaga, 2002), con Federico Luppi y Héctor Alterio boicoteando la venta de la máquina a un estudio de Hollywood.

En Pontevedra, a las ocho, Alarma en el expreso, la penúltima película inglesa de Alfred Hitchcock, rodada en el 38, con todas las claves del maestro del suspense concentradas en un viaje en tren. Y confieso mi debilidad por esta etapa de Hitchcock, cargada de misterio y de un sentido del humor más que particular.

En Santiago, a las seis en versión doblada y a las ocho y media en inglés y con subtítulos, otra joya del cine negro: Billy Wilder nos regala Perdición (Double Indemnity, 1944), con Fred MacMurray y Barbara Stanwyck en uno de los papeles de mujeres fatales de manual. Tremenda (ella y la película, ¡que también está Edward G. Robinson!) En el guión, con Wilder, está Raymond Chandler, lo cual explica muchas cosas. Entre otras, que nunca deje de sorprender al respetable, aunque la hayas visto una docena de veces.

Y terminamos en Vigo, también el martes en sesión doble (a las seis y a las ocho), con Vías cruzadas, única película dirigida, en el 2003, por el actor Tom McCarthy, en una cinta premiada en Sundance y San Sebastián. Un hombre que mide 1,35, apasionado de los trenes, se refugia en una estación abandonada. Y ya se sabe que las vías -y las vidas- tienden a cruzarse …

¿Por qué será que los trenes quedan tan bien en el cine?

ojd