Niño rico se encapricha de vieja loca
Jueves, junio 11th, 2009Setentera hasta la médula, friki a conciencia, divertida, macabra y rarita, rarita. No es lo más ortodoxo para describir una película, pero todo esto es Harold and Maude (Hal Ashby, 1971) . Y es que ¿cómo explicas que resulte creíble la historia de un crío forrado que ensaya suicidios delante de su madre, y de una ancianita de todo menos desvalida que vive en un vagón de tren con los marcos de las fotos vacíos?
Los peros a la película (a veces da la impresión de que uno ve una sucesión de gags poco hilados. O los papeles secundarios, que no pasan de la caricatura y que, sin embargo, son de antología. La madre y sus pelucas. El cura y el papa. El psiquiatra y Freud. El tío militar y Nixon) se caen a medida que, como Harold, uno se va enamorando de Maude, que roba coches y planta árboles. Que canta (fatal) y se burla de la autoridad. Que adora a las gaviotas y no habla de los números tatuados en su brazo. (Al verla, una no puede ni acordarse de la vecina de la pobre Rosemary en La semilla del diablo. Aunque no sea nada raro pensar que ella escribió La costilla de Adán. Qué mujer más polifacética…).
Y a medida que una se cree que Maude puede querer a un sujeto como Harold, con esa cara de muerto en vida, capaz de ahorcarse, rebanarse el cuello, ahogarse en la piscina, quemarse a lo bonzo, hacerse el harakiri y convertir un Jaguar en un coche fúnebre.
(Y todo esto, a ritmo de Cat Stevens… que fue por lo que llegué a Harold and Maude. En realidad, por Cameron Crowe y sus mejores momentos musicales. Aunque el cine de Crowe y yo dejamos de llevarnos bien por culpa de Jerry McGuire, Vanilla Sky y sobre todo Elizabethtown, sigo teniendo mucha fe en su buen criterio musical. ¿Que dice que el mejor momento musical de la historia es el Don’t be shy de Cat Stevens en el arranque de Harold and Maude? Pues buscamos la película… y como esto es tan pequeño que todo el mundo parece leerte el pensamiento, aparece la película como un regalo en una sala más pequeña todavía.)
En mi lista particular (y poco ortodoxa) de películas de amigos, sobre amigos, para ver con amigos…, Alrededor de la medianoche (‘Round Midnight, 1986) sería la primera. En realidad, sería la primera en muchas cosas, empezando por la música y terminando en París. Pero hay algo especial en esa relación entre Dale Turner (Dexter Gordon haciendo de sí mismo) y Francis Borler (François Cluzet ), basada en la amistad de Bud Powell y Francis Paudras. Algo que se mueve, como toda la película, con el ritmo del mejor jazz, a veces incoherente, ajeno a cualquier melodía, otras siguiendo la pauta de un viejo standard, un ritmo, en realidad, que cualquiera que tenga un amigo puede reconocer. Para los amigos que siempre te ayudan a levantarte. Para los amigos a los que hace falta levantar.
El tercer capítulo nos lo regala Kevin Smith en Persiguiendo a Amy (Chasing Amy, 1997). Dejando un poco (no del todo) su máscara de gamberro, Smith se pone serio y se pregunta si uno puede ser amigo de alguien por quien siente… otras cosas. ¿Dónde están los límites de la amistad y dónde hay que empezar a llamarla de otra manera? Pero más allá de lo que influye la cama en estas cosas, hay en esta película ejemplos de algunos de los mejores amigos que uno puede tener. Incluido un Silencioso que habla… Para cualquiera que haya dudado un segundo si un amigo era solo un amigo. 


