La Voz de Galicia lavozdegalicia.es - blogs | Inmobiliaria | Empleo | Mercadillo

Entradas etiquetadas como ‘banda sonora’

Niño rico se encapricha de vieja loca

Jueves, junio 11th, 2009

Setentera hasta la médula, friki a conciencia, divertida, macabra y rarita, rarita. No es lo más ortodoxo para describir una película, pero todo esto es Harold and Maude (Hal Ashby, 1971) . Y es que ¿cómo explicas que resulte creíble la historia de un crío forrado que ensaya suicidios delante de su madre, y de una ancianita de todo menos desvalida que vive en un vagón de tren con los marcos de las fotos vacíos?

 Los peros a la película (a veces da la impresión de que uno ve una sucesión de gags poco hilados. O los papeles secundarios,  que no pasan de la caricatura y que, sin embargo, son de antología. La madre y sus pelucas. El cura y el papa. El psiquiatra y Freud. El tío militar y Nixon) se caen a medida que, como Harold, uno se va enamorando de Maude, que roba coches y planta árboles. Que canta (fatal) y se burla de la autoridad. Que adora a las gaviotas y no habla de los números tatuados en su brazo. (Al verla, una no puede ni acordarse de la vecina de la pobre Rosemary en La semilla del diablo. Aunque no sea nada raro pensar que ella escribió La costilla de Adán. Qué mujer más polifacética…).

Y a medida que una se cree que Maude puede querer a un sujeto como Harold, con esa cara de muerto en vida, capaz de ahorcarse, rebanarse el cuello, ahogarse en la piscina, quemarse a lo bonzo, hacerse el harakiri y convertir un Jaguar en un coche fúnebre.

Imagen de previsualización de YouTube

(Y todo esto, a ritmo de Cat Stevens… que fue por lo que llegué  a Harold and Maude. En realidad, por Cameron Crowe y sus mejores momentos musicales. Aunque el cine de Crowe y yo dejamos de llevarnos bien por culpa de Jerry McGuire, Vanilla Sky y sobre todo Elizabethtown, sigo teniendo mucha fe en su buen criterio musical. ¿Que dice que el mejor momento musical  de la historia es el Don’t be shy de Cat Stevens en el arranque de Harold and Maude? Pues buscamos la película… y como esto es tan pequeño que todo el mundo parece leerte el pensamiento, aparece la película como un regalo en una sala más pequeña todavía.)

La épica, una de romanos y Barbra Streisand

Viernes, mayo 29th, 2009

No entiendo una palabra de fútbol. Y no es ninguna declaración de principios, sino un hecho comprobado. Ni creo que el fútbol y el cine se lleven demasiado bien, por traer el tema a mi terreno.  Con este punto de partida, acabo de sorprenderme a mí misma emocionada con ese vídeo que Pep Guardiola encargó para sus chicos antes de la final del miércoles.

Resulta que tanto usar la palabra épica para hablar de fútbol tenía sentido… Y que el lenguaje de Gladiator sirve para animar a ganar al Manchester. Y aquí los técnicos de medio planeta utilizando otro tipo de arengas sin saber que en realidad, el peplum es el mejor jarabe. Lo de Guardiola es clase, y lo demás, tonterías.

Porque el aire de cine de todo el montaje no acaba en las escenas de la película de Ridley Scott. Si el torso de Russell Crowe no era suficiente para emocionar al personal, al míster no se le ocurre nada mejor que pedir, de banda sonora, el Nessun Dorma de Puccini. El colmo. No me extraña que a alguno se le escapase una lagrimita. Imagínense. A punto de entrar en no sé qué historia de la que hablan los titulares, convertidos en ídolos de masas, con un país paralizado, de repente se apaga la luz y aparece tu cuerpo serrano, con esa camiseta tan mona, corriendo detrás de una pelota, y se funde con una imagen de Russell Crowe vengando a su familia en la arena de algún coliseo, y todo esto con la voz de Pavarotti cantando en Turandot. Ya os digo que de fútbol, ni idea. Pero por seguir con las citas de cine, a Dios pongo por testigo de que Guardiola es un peliculero…

(… o es que en realidad, estaba montando un remake de El amor tiene dos caras. Ya sabéis, Barbra Streisand, Jeff Bridges, amanece en Nueva York, y de repente, ¡Nessun Dorma! O Puccini está en todas partes, o Pep es un romántico…)

Por los amigos ausentes

Sábado, mayo 23rd, 2009

(… en realidad, también por los presentes). Se me viene a la cabeza la cita de no sé qué película, soy incapaz de encajarla en una escena, pero sé que ha salido de un cine. Y la culpa, en este caso, la tiene Alrededor de la medianoche. No, la cita no es de esta maravilla de Bertrand Tavernier. Pero esta semana he vuelto a verla, y me pregunto si existe otra cinta que recoja de una manera más sencilla y al mismo tiempo más compleja, lo que significa la palabra amigo. Existen listas con las mejores historias de amor del cine, las mejores parejas, las mejores batallas, las mejores persecuciones, los malos más malos, los guapos más guapos… y debemos andar sobrados de amistades, porque nunca nos acordamos de aquellas películas en las que esa cosa indefinible que son los amigos, y de la que nos es imposible prescindir (ni que tuviésemos que hacerlo, vamos) es lo más importante.

 

round_midnight1En mi lista particular (y poco ortodoxa) de películas de amigos, sobre amigos, para ver con amigos…, Alrededor de la medianoche (‘Round Midnight, 1986) sería la primera. En realidad, sería la primera en muchas cosas, empezando por la música y terminando en París. Pero hay algo especial en esa relación entre Dale Turner (Dexter Gordon haciendo de sí mismo) y Francis Borler (François Cluzet ), basada en la amistad de Bud Powell y Francis Paudras. Algo que se mueve, como toda la película, con el ritmo del mejor jazz, a veces incoherente, ajeno a cualquier melodía, otras siguiendo la pauta de un viejo standard, un ritmo, en realidad, que cualquiera que tenga un amigo puede reconocer. Para los amigos que siempre te ayudan a levantarte. Para los amigos a los que hace falta levantar.

 

 

dersuuzalaposter-large1

La sesión podría seguir con Akira Kurosawa. Y El cazador (Dersu Uzala, 1975). La primera vez que vi El cazador, fue en un aula. Y quien estaba al frente de aquella clase nos contó que aquella película había sido escogida como la que mejor contaba lo que era un amigo… por los alumnos de los colegios e institutos de Santiago. Los niños, probablemente, entienden mejor que nadie lo que significa hacerte amigo de alguien completamente diferente a ti, sin apenas palabras. Como les ocurre al oficial ruso y al cazador nómada en medio de la nada siberiana. Para los amigos que aparecen de repente. Para los que no necesitan decir nada ni escuchar nada para entenderlo todo.

 

 

chasing_amy                El tercer capítulo nos lo regala Kevin Smith en Persiguiendo a Amy (Chasing Amy, 1997). Dejando un poco (no del todo) su máscara de gamberro, Smith se pone serio y se pregunta si uno puede ser amigo de alguien por quien siente… otras cosas. ¿Dónde están los límites de la amistad y dónde hay que empezar a llamarla de otra manera? Pero más allá de lo que influye la cama en estas cosas, hay en esta película ejemplos de algunos de los mejores amigos que uno puede tener. Incluido un Silencioso que habla… Para cualquiera que haya dudado un segundo si un amigo era solo un amigo.

(El maratón de cine se empieza a hacer un poco largo… Tendremos que sumar nuevos capítulos)

La cuadratura del círculo (ideológico)

Domingo, marzo 15th, 2009

En muchas películas, una intuye más miga en lo que no se cuenta, en lo que no sale en plano. Y ese silencio, esas imágenes que solo intuimos, hacen más completa la historia, la mejoran. El problema aparece cuando tienes la extraña sensación de que había más película en lo que no ves que en lo que te están contando. Este es, en parte, el lastre que arrastra Guerrilla, la segunda parte del proyecto Che de Steven Soderbergh y Benicio del Toro. Si en El argentino la película termina camino a La Habana y la victoria de la revolución, Guerrilla arranca seis años después, con la carta con la que Ernesto Guevara se despide de Castro y de Cuba. Y durante la dos larguísimas horas en las que nos cuentan la aventura boliviana del Che, no puedo dejar de pensar en lo interansante que habría sido conocer lo que pasó en ese enorme paréntesis de asentamiento del régimen comunista en la isla.

Bien rodada, increíblemente bien interpretada (el trabajo de Benicio del Toro es espectacular tanto en El argentino como en Guerrilla. Y el resto del reparto, perfecto), con una estupenda música de Alberto Iglesias, a pesar de la correción de la película, el extraño punto de vista de Soderbergh no hace más que enfriar la historia, al espectador y hasta la pantalla. ¿Se pueden rodar más de 4 horas sobre un personaje histórico tan controvertido com el Che Guevara sin salpicarse lo más mínimo con un poco de polémica? Soderbergh puede. ¿Se puede resumir un año de intento revolucionario en Bolivia sin profundizar lo más mínino en la ideología del Che? Soderbergh puede. ¿Se puede rodar un ambicioso fresco sobre un icono político y cultural sin mojarse? Soderbergh puede.

Y consigue así lo impensable: una película política pero sin ideología, un documental que es también ficción pero totalmente aséptico, cine bélico sin acción, un biopic higiénico e impecable que solo consigue emocionar gracias a dos voces: la de Silvio Rodríguez cerrando El argentino y la de Mercedes Sosa sobrevolando la montaña boliviana, al final de Guerrilla. La figura de Ernesto Guevara, su polémico paso por la historia reciente de América Latina, e incluso el esfuerzo personal que durante años supuso este proyecto para Benicio del Toro, se habrían merecido algo mejor.

Érase una vez…

Viernes, diciembre 5th, 2008

Me anda rondando estos días por la cabeza el sonido de una flauta de pan. No dejo de escuchar la partitura, que vuelve una y otra vez como los recuerdos de Noodles. Es un sonido triste, muy triste. Como los recuerdos de Noodles, con el puente de Brooklyn de fondo, las notas compuestas por Ennio Morricone para Érase una vez en América se cuelan por cualquier rendija. Repaso estos días la última (tal vez la única) gran película de Sergio Leone, y escucho las voces de quienes participaron en el rodaje. Era la última vez que Leone dirigía una película, y estaba tan preparada en la cabeza del italiano, tan pensada,  que la banda sonora estaba casi lista ya durante el rodaje. Y en un set en el que el director, rodeado de norteamericanos, no hablaba inglés, sonaba día tras día la música de Morricone, más universal y ompnipresente que nunca. Tal vez sea este el sonido de los niños perdidos…

 Imagen de previsualización de YouTube

 No sé qué drama es más grande: la huída hacia la nada de Robert De Niro o el crimen contra Sergio Leone. Resulta increíble la escabechina  de la productora en el estreno comercial de la película. Sin la música de Morricone, con la mitad del metraje eliminado, contada cronológicamente… Algo tiene que romperse dentro de un creador cuando dedica diez años a preparar al milímetro la película de su vida y se encuentra con una cinta completamente ajena a la que dirigió. Algo que no sé si se repone, de alguna manera, si tras años de críticas tibias  y lógica incomprensión, la película vuelve al espectador tal y como fue concebida. Con esta música, con la historia avanzando hacia delante y hacia atrás en el tiempo, ambigua, susceptible de múltiples lecturas, con cada escena en su sitio, tal y como provocó una ovación de 15 minutos en Cannes, por la sonrisa opiácea de Noodles y los amigos ausentes.

…and all that jazz

Lunes, noviembre 24th, 2008

La publicidad se dedica a beber del cine a cada rato. Los actores protagonizan anuncios, las películas inspiran campañas, y de pronto Dolce & Gabbana recuerda la maravillosa partitura que Miles Davis compuso para Ascensor al cadalso (Louis Malle, 1957), Muchos de los que hayan visto la campaña del perfume The One, protagonizada por el actor Matthew McConaughey, se habrán quedado con el esculpido torso de este chico que puede presumir de cuerpo y ex novias, pero de escasas  películas que valgan la pena. Aunque más allá de la perfecta anatomía del ex de Penélope Cruz se esconde el eco de las pisadas de Jeanne Moreau por los Campos Elíseos, un crimen (aparentemente) perfecto, un ascensor y la música, sobre todo la música. El regalo que Davis hizo a un casi debutante Louis Malle. Ahí va un avance:

Imagen de previsualización de YouTube

 Cuenta la leyenda que mientras Malle daba los últimos toques a la película, Miles Davis estaba en París entretenido en una serie de conciertos y en los sugerentes brazos de Juliette Gréco. Como el mundo es un pañuelo, Jean Paul Rappenau los puso en contacto, y se les ocurrió la feliz idea de que el trompetista pusiese música a la película. Cuentan que se grabó en una sola noche (con un saxo, un contrabajo, piano y batería, además de la trompeta), tras un par de semanas con Miles Davis improvisando en la habitación de un hotel, mientras veía la película. Sea real o parte del mito, el resultado es una joya de banda sonora que se convierte en parte indispensable de este film noir  trágico y oscuro. Siempre sienta bien una de suspense y una buena dosis de jazz, pero quizás más que nunca en una fría y lluviosa tarde de otoño…

(Aunque el cuerpo de McConaughey no permita tener pensamientos muy noir, que digamos, os lo dejo también)

Imagen de previsualización de YouTube

Tres guitarras

Lunes, septiembre 8th, 2008

it-might-get-loud-the-edge.jpg 

Aún no me he repuesto de la actuación de Jimmy Page en Pekín, sustituyendo a Robert Plant por Leona Lewis, cuando descubro que en Toronto se presenta estos días It Might Get Loud, documental sobre la evolución de la guitarra eléctrica en el que Page es, ¿cómo decirlo? el representante de la vieja guardia, The Edge, de U2, el de los ochenta, y Jack White, de The White Stripes, el de los retoños del rock.  Todo esto, diálogo a tres bandas de lo que se puede hacer con una guitarra en las manos, lo cuenta Davis Guggenheim, director de ese documental convertido en bandera del nuevo ecologismo que es Una verdad incómoda (Oscar a mayor gloria de Al Gore en el 2006).

Cuenta la promoción oficial del Festival de Toronto que Page luchó contra “la sacarina pop de los sesenta”, The Edge contra “los autoindulgentes solos de los setenta”, y White contra “el alma del bajo de los ochenta”. Pero además de conocer influencias, los lugares que marcaron a cada músico, o cómo se desarrolla el proceso creativo en cada uno de ellos, It Might Get Loud regala la posibilidad de disfrutar de una sesión a tres bandas. Aún no hay fecha de estreno en España, toca esperar para saber si tres sonidos tan diferentes explican lo que se puede hacer con una guitarra eléctrica.

¿A qué otros tres músicos os habría gustado juntar?

¡Feliz día de San Kubrick!

Viernes, julio 25th, 2008

Hoy es fiesta, y, aunque muchos no lo sepan, mañana también. Porque si los católicos celebran su propio santoral, quienes creemos en la gran pantalla también tenemos nuestro pequeño Paraíso, plagado de santos laicos a los que rendir homenaje. Puede que muchos no sean ejemplo de vida a seguir, pero nos han dejado películas que nos hacen más felices, que nos despiertan las neuronas y que nos llevan a otros mundos.  Así que feliz día de Santiago para todo el mundo, pero lanzo un aviso a peliculeros de toda especie: mañana, 26 de julio, se celebra la festividad de San Stanley Kubrick.

Porque mañana, Kubrick cumpliría 80 años. Y como él no puede soplar velas, nos toca a nosotros recordarlo. A golpe de deuvedés, cintas de vídeo (que seguro que muchos aún guardáis en casa), canales temáticos (programación especial este fin de semana en TCM Clásico, bendito sea también Ted Turner) y algún libro (por variar y salir un poco de las clásicas biografías, me quedo con una maravilla editada por Phaidon, Drama & Shadows: Photographs 1945-1950, que recoge el trabajo de Kubrick para la revista Look, antes de meterse de lleno en el mundo del cine).

¿Qué tiene un creador- Kubrick va más allá de la dirección- para conseguir subir a los altares del arte con sólo 12 películas? (y digo 12 porque la primera apenas se conoce: él mismo se encargó de eliminar copias, para que nadie viese ese Fear and Desire). Estilo. Algo de lo que carecen muchos y muy competentes directores, y de lo que presume algún que otro listillo que confunde estilo con mover mucho la cámara…

Hay estilo en cada una de las películas de Kubrick. Desde esa obra maestra que es Atraco Perfecto (The Killing, 1956) al testamento irregular de Eyes Wide Shut (1999), da igual que ruede una de ladrones, alegatos antibelicistas (Senderos de Gloria, 1957, y La chaqueta metálica, treinta años después), una de romanos (Espartaco, 1960), historias de amor escandalosas (Lolita, 1962), parodias nucleares (¿Teléfonono rojo? Volamos hacia Moscú, o sea, Dr. Strangelove, 1964), ciencia ficción (2001, una odisea del espacio, 1968), violentas adaptaciones (La naranja mecánica, 1971), historias de otro siglo a la luz de las velas (Barry Lindon, 1975), o cuentos de terror que han creado escuela (El resplandor, 1980).

Y a pesar de que la lista es corta, sigo sin saber por dónde empezar a rezarle al santo del día. ¿Abro la novena con mi adorada Lolita, luz de mis ojos, empiezo mejor por la preciosa música de los Chieftains en Barry Lindon, intento ver de nuevo con los dos ojos abiertos El resplandor…?

Contadme cómo empezaríais vosotros. ¡Y feliz día de San Kubrick para todos!

Sin dar portazos

Martes, mayo 27th, 2008

Enciendo la radio muy temprano, esta mañana lluviosa de martes. En medio de las sintonías del informativo, las notas familiares de una partitura que, como siempre, me provocan un escalofrío en la columna. Hoy, más que nunca, porque anuncian que ha muerto Sidney Pollack. 

pollackal5.jpg

 Hay directores que llevan puesto el sello de autor en cada plano que ruedan. Otros, simplemente, se limitan a contar buenas historias sin rubricar cada escena. Pollack es uno de estos. De los que, sin eso que llaman vocación de estilo, son capaces de llevar adelante películas tan dispares como Memorias de África, Tootsie o Danzad, danzad, malditos. Con la suficiente inteligencia como para sacar partido al guión, exprimir a los actores y conseguir el respaldo del público y de la crítica (casi) a partes iguales.

Me quedo con esas tres y no necesariamente por ese orden, y le sumo las estupendas Los tres días del cóndor y Las aventuras de Jeremiah Johnson. Y Tal como éramos, porque el corazón tiene razones que la razón no entiende. No me explico que haya intentado hacer Sabrina otra vez (¿para qué? En serio, ¿para qué?), pero queda redimido por producir Sentido y sensibilidad (Ang Lee) y El americano impasible (Phillip Noyce), y por prestar su físico familiar a Woody Allen en Maridos y mujeres, y a Kubrick en Eyes Wide Shut.

Pollack hizo carrera en silencio, con poco ruido, con muchas luces y alguna sombra, rodeado de adjetivos como “competente” o “solvente”, sin más alardes. Y se ha ido de la misma manera, cerrando la puerta en silencio, porque de nada sirven los portazos.

(Sigue sonando en la radio la música de Memorias de África, y de repente me doy cuenta de que muchos peliculeros -sobre todo los más jóvenes- sacarán este fin de semana entradas para el estreno de la última película del nuevo guapo oficial, Patrick Dempsey. ¿Sabrán que el que interpreta al padre del sosímo guapo es el director de Tootsie?)

ojd