El cine español no es un género
Lunes, febrero 20th, 2012Supongamos (es un decir) que en una entrega de premios están nominadas a mejor película un thriller, una cinta que mezcla la ciencia ficción con el terror, una película histórica y una de vaqueros. Supongamos (es un decir) que no gana ni una película sobre la Guerra Civil ni Pedro Almodóvar. Supongamos (otro decir) que el mejor guión adaptado es el que convierte un cómic en una película de dibujos. Supongamos que este país no se llama España y la gente va a ver películas olvidando el término “españolada” y pensando solo en si una historia está bien hecha, transmite algo y merece la pena los más de 7 euros (ya) que cuesta la entrada.
¿Es mucho suponer que todo esto pase en Madrid, capital del reino, reino este que practica el deporte nacional de poner verde su propia cultura pero luego saca pecho cuando los franceses (qué mala gente) se ríen de nuestros deportistas, angelitos?
Anoche, cuatro películas cada una de su padre y de su madre optaban a un Goya. La historia de un científico que trama la más cruel de las venganzas. Firma Almodóvar. Una decepcionante adaptación de la maravillosa novela de Dulce Chacón iluminada tan solo por los ojos de una chiqueta que se lleva, claro, un premio de calle. Un thriller oscuro, castizo, milimétrico, duro. Y un western rodado en Bolivia que se atreve a recuperar el mito de Butch Cassidy. Tres muy buenas películas, una mediocre.
Pero nosotros a lo nuestro. Que es, por cierto, conseguir colar en una sola gala a varios espontáneos (la seguridad se nos da de miedo), y tener que escuchar, de nuevo, el mil veces repetido discurso sobre el cine e Internet. Un discurso tan manido, tan interesado (por todas partes), tan vacío en el fondo, que con lo que me quedo de las palabras de Enrique González Macho, presidente de la Academia, flanqueado por sus dos vices, es con una sola frase, y la pongo en mayúsculas porque creo que debería enseñarse en los colegios: EL CINE ESPAÑOL NO ES UN GÉNERO.
Algo tan obvio como decir que, aunque el cine lo parieron los franceses, es en Estados Unidos donde alcanza sus cotas más altas. Vale. Fantástico. Que me lo digan a mí que creo que John Ford, Billy Wilder y Orson Welles son la santísima trinidad. Como también creo que una industria como el gigante norteamericano tiene que parir mucha basura anual, por cuestión de probabilidades, y que entre toda esa basura, brillan cada año un número elevado de buenas películas. Puestos a decir perogrulladas, recuerdo, como ayer lo hacía la vice Marta Etura, que este año en los Oscars hay dos películas españolas y que otro español, el compositor Alberto Iglesias, opta a premio.
Pero nosotros a lo nuestro. Que es lanzar un mensaje victimista (el público no nos entiende, a veces es injusto, hay muchos prejucios…) o un discurso homicida (todas las películas españolas son sobre la Guerra Civil -claro, ¿alguien cuestiona la filmografía americana sobre la Segunda Guerra Mundial?- todos los actores españoles son malos, los cineastas españoles son unos jetas que viven de subvenciones, van de progres).
Nosotros a lo nuestro. O sea, a jugar a ver quién suelta el tópico más obvio, quién critica más a los Bardem, a Almodóvar o a la estupenda cantera de actores salida de la tele. O al revés: quien se pone más talibán con Internet, quién decide echar la culpa de todos nuestros males a los yanquis, otra mala gente, y quien reclama más ayudas en general para una industria que, señores, es cultural. Y la crisis es económica, claro. Pero también de contenidos. De aquí a Hollywood.
Y así nos va, claro. Nosotros a lo nuestro, o sea, a sumarnos a una de las dos Españas que ha de helarte el corazón (y no lo digo en clave política, me guarde Dios. Es que culturalmente se nos da de miedo. O estás conmigo, o contra mí. Y además, eres tonto). Los cines cierran, mientras tanto, las buenas ideas no encuentran quién las financie, sea pública la cosa o el ministro (¿por qué tenía cara de póker ayer el señor Wert? ¿pensaba que los de la ceja, más mala gente, lo iba a abuchear?) proponga la vuelta de los mecenas, y las malas y las buenas ideas, convertidas en películas, encuentran pocas salas para llegar al público. Y vuelve a empezar la rueda: si el público no llega a las películas (no ya porque compre pocas entradas: es que no las encuentra en las salas), si no sabe qué se hace en este país nuestro tan pintoresco, será mucho más fácil manipular la cabeza del respetable para que se sume a uno u otro de los bandos. Porque en eso hemos convertido el cine español. No es un género: es una batalla.
Menos mal que La piel que habito, Blackthorn, No habrá paz para los malvados, Midnight in Paris (sí, es una coproducción española), Arrugas… pasan de guerras estériles y nos hacen poner los pies en el suelo. O soñar, que para eso sirve el cine.
Coronado, Urbizu y dos de los goyas para el cine negro
(Por cierto, de los premios qué os voy a decir. Los que seguís el blog ya sabéis que tengo debilidad por la película de Enrique Urbizu. Que los premios para Blackthorn son una especie de justicia divina para una de las cintas más sorprendentes del año, regalo de Mateo Gil. A pesar de la injusticia de no nominar a Sam Shepard. Y que La piel que habito me parece un estupendo ejercicio de riesgo. Vamos, es que hasta The Artist se lleva premio. De La voz dormida creo que prefiero no hablar. Si esto es lo que Benito Zambrano entiende por rendir homenaje a Dulce Chacón… menos mal que contaba con la mirada luminosa de María León para darle un poco de sentido).






