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El cine español no es un género

Lunes, febrero 20th, 2012

Supongamos (es un decir) que en una entrega de premios están nominadas a mejor película un thriller, una cinta que mezcla la ciencia ficción con el terror, una película histórica y una de vaqueros. Supongamos (es un decir) que no gana ni una película sobre la Guerra Civil ni Pedro Almodóvar. Supongamos (otro decir) que el mejor guión adaptado es el que convierte un cómic en una película de dibujos. Supongamos que este país no se llama España y la gente va a ver películas olvidando el término “españolada” y pensando solo en si una historia está bien hecha, transmite algo y merece la pena los más de 7 euros (ya) que cuesta la entrada.

¿Es mucho suponer que todo esto pase en Madrid, capital del reino, reino este que practica el deporte nacional de poner verde su propia cultura pero luego saca pecho cuando los franceses (qué mala gente) se ríen de nuestros deportistas, angelitos?

Anoche, cuatro películas cada una de su padre y de su madre optaban a un Goya. La historia de un científico que trama la más cruel de las venganzas. Firma Almodóvar. Una decepcionante adaptación de la maravillosa novela de Dulce Chacón iluminada tan solo por los ojos de una chiqueta que se lleva, claro, un premio de calle. Un thriller oscuro, castizo, milimétrico, duro. Y un western rodado en Bolivia que se atreve a recuperar el mito de Butch Cassidy. Tres muy buenas películas, una mediocre.

Pero nosotros a lo nuestro. Que es, por cierto, conseguir colar en una sola gala a varios espontáneos (la seguridad se nos da de miedo), y tener que escuchar, de nuevo, el mil veces repetido discurso sobre el cine e Internet. Un discurso tan manido, tan interesado (por todas partes), tan vacío en el fondo, que con lo que me quedo de las palabras de Enrique González Macho, presidente de la Academia, flanqueado por sus dos vices, es con una sola frase, y la pongo en mayúsculas porque creo que debería enseñarse en los colegios: EL CINE ESPAÑOL NO ES UN GÉNERO.

Algo tan obvio como decir que, aunque el cine lo parieron los franceses, es en Estados Unidos donde alcanza sus cotas más altas. Vale. Fantástico. Que me lo digan a mí que creo que John Ford, Billy Wilder y Orson Welles son la santísima trinidad. Como también creo que una industria como el gigante norteamericano tiene que parir mucha basura anual, por cuestión de probabilidades, y que entre toda esa basura, brillan cada año un número elevado de buenas películas. Puestos a decir perogrulladas, recuerdo, como ayer lo hacía la vice Marta Etura, que este año en los Oscars hay dos películas españolas y que otro español, el compositor Alberto Iglesias, opta a premio.

Pero nosotros a lo nuestro. Que es lanzar un mensaje victimista (el público no nos entiende, a veces es injusto, hay muchos prejucios…) o un discurso homicida (todas las películas españolas son sobre la Guerra Civil -claro, ¿alguien cuestiona la filmografía americana sobre la Segunda Guerra Mundial?- todos los actores españoles son malos, los cineastas españoles son unos jetas que viven de subvenciones, van de progres).

Nosotros a lo nuestro. O sea, a jugar a ver quién suelta el tópico más obvio, quién critica más a los Bardem, a Almodóvar o a la estupenda cantera de actores salida de la tele. O al revés: quien se pone más talibán con Internet, quién decide echar la culpa de todos nuestros males a los yanquis, otra mala gente, y quien reclama más ayudas en general para una industria que, señores, es cultural. Y la crisis es económica, claro. Pero también de contenidos. De aquí a Hollywood.

Y así nos va, claro. Nosotros a lo nuestro, o sea, a sumarnos a una de las dos Españas que ha de helarte el corazón (y no lo digo en clave política, me guarde Dios. Es que culturalmente se nos da de miedo. O estás conmigo, o contra mí. Y además, eres tonto). Los cines cierran, mientras tanto, las buenas ideas no encuentran quién las financie, sea pública la cosa o el ministro (¿por qué tenía cara de póker ayer el señor Wert? ¿pensaba que los de la ceja, más mala gente, lo iba a abuchear?) proponga la vuelta de los mecenas, y las malas y las buenas ideas, convertidas en películas, encuentran pocas salas para llegar al público. Y vuelve a empezar la rueda: si el público no llega a las películas (no ya porque compre pocas entradas: es que no las encuentra en las salas), si no sabe qué se hace en este país nuestro tan pintoresco, será mucho más fácil manipular la cabeza del respetable para que se sume a uno u otro de los bandos. Porque en eso hemos convertido el cine español. No es un género: es una batalla.

Menos mal que La piel que habito, Blackthorn, No habrá paz para los malvados, Midnight in Paris (sí, es una coproducción española), Arrugas pasan de guerras estériles y nos hacen poner los pies en el suelo. O soñar, que para eso sirve el cine.

                                   Coronado, Urbizu y dos de los goyas para el cine negro

(Por cierto, de los premios qué os voy a decir. Los que seguís el blog ya sabéis que tengo debilidad por la película de Enrique Urbizu. Que los premios para Blackthorn son una especie de justicia divina para una de las cintas más sorprendentes del año, regalo de Mateo Gil. A pesar de la injusticia de no nominar a Sam Shepard. Y que La piel que habito me parece un estupendo ejercicio de riesgo. Vamos, es que hasta The Artist se lleva premio. De La voz dormida creo que prefiero no hablar. Si esto es lo que Benito Zambrano entiende por rendir homenaje a Dulce Chacón… menos mal que contaba con la mirada luminosa de María León para darle un poco de sentido).

“Si comprendemos el pasado, entendemos el presente” (de parte de Tavernier)

Domingo, noviembre 6th, 2011

Mis compañeros de La Voz de Galicia me dejaron este sábado una de sus estupendas páginas de Cultura para contar a los lectores las reflexiones del director francés Bertrand Tavernier, a su paso por Compostela. Pero este lionés del 41, autor de una trayectoria tan interesante como irregular, preocupado por la Historia y las historias, por los problemas de personajes siempre complicados, ambiguos, que viven situaciones complicadas (y en muchos casos, muy duras), compartió conmigo muchas más cosas que no caben, en ocasiones en el papel. Así que os dejo aquí la entrevista completa con Tavernier (y aprovecho para agradecerle al profesor Luis Hueso, de la USC, que nos prestase el teléfono de su despacho para charlar con calma)

¿Qué papel juega la Historia en las películas?

La Historia siempre ha jugado un papel importante en mi vida, en mis lecturas, en mis películas, creo que los temas históricos tiene algo apasionante, es un medio de ejercer la imaginación, y las películas históricas son formidables para ejercitar tu imaginación, con emociones muy fuertes, con pasiones muy fuertes, y pienso que la historia no es algo muerto, sino algo muy vivo, muy actual. Mi última película, La princesa de Montpensier, es una película histórica, pero el espectador lo ve como una película muy actual, sobre sentimientos muy modernos, de amor, de revolución, de lucha contra el fanatismo. Y la que hice antes, En el centro de la tormenta, es una película policíaca, y en una película “noir”, el personaje, el detective se encuentra un fantasma de la Guerra de la Secesión, que le ayuda a comprender la Luisiana actual. Si comprendemos el pasado, entendemos el presente.

Ha filmado sobre el siglo XVI, sobre la I Guerra Mundial, sobre la Ocupación, la actualidad… ¿qué época le interesa más?  

Es que yo no pienso en épocas, pienso en emociones: si hago una película sobre el siglo XVI, pienso en una historia sobre una mujer muy joven, muy cariñosa, que ama a un hombre, y cuando la obligan a casarse con otro hombre, voilá, esto es lo que me interesa. ¿Qué pasa en la cabeza de una joven obligada a casarse, cómo va a hacer el amor con un hombre al que no ama? Y después pienso en la época en la que ella vivía… nunca he dicho “voy a hacer una película sobre el Renacimiento”, digo “voy a hacer una historia de amor”.

Algunas de sus películas han causado mucha polémica, como Salvoconducto o La carnaza. ¿Busca provocar?

No, no, creo que la polémica la causaron los que no entendieron nada de la película. En Salvoconducto, lo único que hubo fue un grupo de gente que hizo una lectura totalmente estúpida de la película, como si atacase a la Nouvelle Vague, que es algo totalmente falso, ¡esto pasa en 1942!

Pero usted también ha resultado polémico con películas sobre temas más actuales. La carnaza fue un escándalo, ¿así veía a la juventud francesa?

Tampoco fue tan escandalosa en Francia, sí era una muestra de cómo estaba la educación en Francia. Yo creo que si la película era realista, que sí lo era, era la prueba de que la educación no iba bien. La película no es un ataque a la juventud francesa, sino a unos jóvenes que están totalmente dentro de un fenómeno virtual, que son incapaces de afrontar la realidad, y cuando la afrontan, causan un desastre.

Una vez dijo usted que su oficio consiste en inventar, hacer soñar y a partir de ahí, producir cualquier cosa que cambie el mundo. ¿Pueden las películas cambiar el mundo?

Hay películas que dan resultados: hubo 18 personas que decidieron hacerse profesores a causa de Hoy empieza todo. Conseguí 18 puestos de trabajo en la enseñanza, ¡no está mal, es una victoria! (se ríe al otro lado del teléfono). Y mi documental Histoires de vies brisés lo vio Sarkozy cuando era ministro del Interior y me dijo: «Antes de ver su película yo estaba a favor de la doble pena, pero ahora estoy en contra y la voy a abolir». Y la abolió.

(La doble pena, por cierto, es una medida que antes se aplicaba en Francia y que consiste en que, para una persona no francesa -aunque lleve décadas viviendo en el país o incluso haya nacido allí-, que cometa un delito, una vez cumplida la pena princioal, se le puede aplicar una expulsión de Francia a un país de origen… aunque no sea el suyo. A finales de los años 90, afectaba a más de 20.000 personas)

(foto: Sandra Alonso)

 Hoy empieza todo cuenta la historia de un colegio en la Francia rural, una historia realmente dura… Hace unos años, también de su país llegó La clase, una película sobre el tema. ¿Por qué les preocupa tanto a los cineastas franceses el tema de la educación pública?

Porque la educación es un tema formidable. Porque en la actualidad, la educación pública en Francia está sufriendo mucho, por culpa de los ministros de Educación, con programas imbéciles, la enseñanza de la Historia en Francia es un escándalo. Los últimos dos o tres ministros han suprimido puestos de trabajo, han realizado recortes económicos, suprimido la enseñanza artística en la escuela… El protagonista de Hoy empieza todo fue nombrado después director de un colegio, y me ha dicho que hace poco le han eliminado el presupuesto para la biblioteca. Francia tenía una escuela estupenda, democrática, y ahora está a punto de desaparecer.

Usted ha rodado películas de ficción, pero también documentales. ¿Qué le ofrece un género frente al otro?

Hay temas que no puedes tratar como ficción, y al contrario: si quieres hacer la crónica de un grupo de policías, no puedes hacer un documental porque nunca podrás grabar a policías que se quedan con la droga. Lo dicen las encuestas, pero lo niega el Ministerio del Interior, es de lo que habla L.627 (su película de 1992), y en un docuemental no lo puedes tratar, pero sí en un film de ficción. Así que si tratas temas que se hablan sobre una institución, la ficción es mejor. Si hablas de la vida en un barrio, por ejemplo, o de la memoria de la guerra de Argelia, el documental es más interesante. (Sobre estos dos temas, Tavernier ha rodado los documentales Del otro lado de la periferia y La guerra sin nombre).

Tengo una duda sobre su pasión por el Sur de los Estados Unidos, a la que se ha acercado en el documental Mississippi Blues y en En el centro de la tormenta

Por un lado, esta zona fue francesa durante mucho tiempo. Pero además, la Historia de Luisiana también juega un papel importante, porque mientras hace doscientos o trescientos años en California o en Texas no había nada, en Luisiana ya había una Historia, el pasado es importante.Y también me interesa por los grandes escritores del Sur, como Faulkner… pero es verdad que ejerce una fascinació pero no solo para mí, sino para muchos, muchos franceses.

¿Y el jazz? Para muchos amantes de este estilo, Alrededor de la medianoche es una de las mejores películas sobre este género… y sobre la amistad.

Hay muchos músicos de jazz que me han dicho eso. Es una película que nace de la pasión por esta música, de darles las gracias a esos músicos que me han aportado tantas cosas.

¿Cómo fue trabajar con un genio como Dexter Gordon?

Fue un trabajo al mismo tiempo extraordinario y a veces difícil. No con la cámara, porque se reveló como un magnífico actor, pero en algunos momentos parecía que se podía destruir como el personaje, a veces hubo que luchar un poco con él. Pero aportó tantas cosas maravillosas a la película, que fue impagable. Hubo que trabajar mucho, pero el resultado fue extraordinario.

¿Y cómo ve hoy el cine europeo? ¿Y el cine francés en particular?

Creo que hay películas tremendamente interesantes, en el último mes he visto películas francesas muy buenas, formidables. Así que soy optimista, también porque en Francia películas como la última de Almodóvar ha tenido un gran éxito de público. Y hay muchas películas americanas que son remakes de películas europeas. Pero lo mejor es que en Francia hay un número muy importante de buenas películas.

Este viernes terminó en Cannes la cumbre del G20. Tal y como está la Unión Europea, a usted que le preocupa tanto la realidad, ¿qué les pediría a nuestros dirigentes?

¡Que le den más peso a la cultura! Que la Unión Europea tomen decisiones económicas, por ejemplo una política fiscal común, que luchen contra los paraísos fiscales,que luchen contra el caso, por ejemplo de que Google se vaya a localizar en Irlanda para evitar los impuestos… que los dirigentes se preocupen por el pueblo y no por el mercado. ¿Sabe? Le recomiendo que revise una película con Jean Gabin, Le président, y en un momento Jean Gabin hace un discurso en el que dice que él está solo está por Europa… pero por la Europa de los trabajadores y no por la Europa de los accionistas.

Ha llegado el trío

Miércoles, septiembre 14th, 2011

Me encanta la Academia del cine. De verdad. Con la de directores, guionistas, actores, técnicos… que la conforman, ¿un año de estos no podían hacer una reunión tipo tormenta de ideas y montárselo con un poquito de suspense para decidir las tres películas entre las que escogerá la que irá a los Oscar? Más que nada, porque a estas alturas, ¿quién no habría apostado por la de los Goya, la de Almodóvar y ¡hombre! una por estrenar?

1. Papeletas para Almodóvar: estreno de lujo en Cannes. Buena respuesta en taquilla. En Hollywood le adoran. Ya tiene dos, sería su quinta nominación y además sale Banderas. Hasta Tippi Hedren estará encantada. Y -vamos a ponernos serios-, La piel que habito está francamente bien. En mi molesta opinión, claro.

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2. En este país todo el mundo defiende algo. A su partido, a su equipo de fútbol, a su dios. Y cuando nos subimos a una burra, hacernos apear es casi un deporte de riesgo. Todos, menos la Academia. Así que después de haber tenido que aguantar todo tipo de pullitas alguno de estos años por esa extraña bipolaridad con la que le daba el Goya a la mejor película a una cinta que después no se mandaba a por el Oscar, este año parece que alguien ha decidido que la coherencia es un plus. A los académicos de Hollywood les gustan las películas históricas. Bueno, puede que Pa negre sea demasiado dura de roer… pero si sirve para que alguien vea esta película de Villaronga, yo no protestaría. Que llegar a estrenar al otro lado del charco sí que es un deporte de riesgo.

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3. Y para cerrar la terna… ¡una que no ha visto nadie! El clásico de la película sin estrenar se está convirtiendo en un jueguecito de lo más gracioso. Adivine qué director de reconocido prestigio estrena un poco fuera de plazo (nunca del todo) y decida quién se colará este año en el trío de elegidas. El boleto de este año es para Benito Zambrano. Y para su adaptación de La voz dormida, la novela de Dulce Chacón que arrasó hace casi diez años. Y que, con casi diez años de retraso, he empezado por fin (y me tiene enganchada como a una “friski” de Lost…) Yo a Zambrano le doy entre veinte y cuarenta votos de confianza si consigue que lo pase como con Solas y Habana Blues. Que ya es decir…

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Se admiten apuestas…

Piel, morbo. Miedo

Martes, septiembre 6th, 2011

Este país nuestro es divertidísimo. Hay determinados nombres que provocan unas pasiones desaforadas, irracionales… claro, para eso son pasiones. Y una, que de racional tiene más bien poco, se pregunta por qué hay que ponerse la camiseta de “Aúpa Almodóvar” o la de “Muy malo eres, Pedro”, cada vez que este señor estrena película. Yo, que lo único que soy es wilderiana, fordiana, y adicta al chocolate, siento no sumarme a ningún equipo. Vamos, que cuando me gustan las pelis de Almodóvar, lo reconozco tan contenta. Y cuando no me gustan, pues también. Por ejemplo: ¿cuánto me gusta Los abrazos rotos? Nada. ¿Cuánto me gusta La piel que habito? Mucho. Con semejante (y gratuita del todo) declaración de intenciones por delante, vamos a lo que vamos.

Es decir, a tratar de quedarnos solo con los 120 minutos de buen cine que nos regala esta piel que habita Elena Anaya, tallada por un Antonio Banderas aterrador de puro amoral. Plagada, como todo su cine, de referencias visuales (de Tiziano a Velázquez y su Venus del espejo; de la subversiva moda de Gaultier; y, por obvia que sea, del cine. En concreto, de Les yeux sans visage, película de culto de George Franju que nunca he podido ver entera porque, tengo que reconocerlo, me muero de miedo).

Claro que todo lo que en Los abrazos rotos resultaba ridículo (como rendir un homenaje a esa maravilla que es Viaggio in Italia, de Rossellini, que prefiero no recordar), aquí se tiñe de una especie de sobriedad extraña, muy extraña en el cine del manchego, y que convierte La piel que habito en un experimento durísimo. Y estilísticamente, de lo más depurado que nos ha dejado Almodóvar en sus últimas películas… precisamente porque la fotografía, la música, hasta el decorado está aquí supeditado del primer al último minuto a la historia. Y no al revés.

Probablemente, una historia de venganza, horror, amor y dolor como esta podría salirse de madre, provocar más de una náusea o generar cierto bochorno, si Almodóvar no hubiese decidido marcar un límite muy claro entre lo grotesco y la precisión fría de cirujano plástico con la que aborda este guión. No es una película redonda, no solo por ciertos desmanes que rompen con la atmósfera más que inquietante de la historia, o por un epílogo completamente gratuito. También porque hay determinados personajes poco definidos, e interpretados con esa misma indefinición (como la hija que trata de abordar Blanca Suárez pero que no alcanza ni siquiera a esbozar, o ese Zeca con el que Roberto Álamo hace lo que puede pero que no salva ni la caridad).

Una cinta en la que brilla Antonio Banderas, muy por encima de sus últimos registros, sobrio, duro, capaz de provocar espanto sin levantar la voz ni despeinarse. Y en la que la belleza de Elena Anaya desborda la pantalla, mucho más allá de toda la piel que muestra, en la expresividad de sus enormes ojos. Ambos, en dos papeles que bordean el precipicio, pero en el que se quedan, afortunadamente, en el límite del abismo. Porque un abismo es lo que pinta Almodóvar en esta película. Pero los que esperen una película de género, que se olviden. Nada de terror al uso, algo más que un thriller. ¿Cronenberg como referencia?

¿Que da miedo? Sí. Todo el miedo que puede provocar descubrir que una comprende ciertas razones del verdugo. Como comprende ciertas razones de la víctima. Y comprender la crueldad y la locura genera una especie de atracción morbosa por lo que ocurre en la pantalla. Como si el horror obligase a mirar, y nos sujetase la cabeza para no poder apartar la vista.

(No quiero dejar otros dos nombres para dos personajes claves: Marisa Paredes, inquietante es tal vez la mejor definición de su papel. Y el joven Jan Cornet. Del que mejor no digo nada más…)

A pleno sol (en Cannes, porque aquí…)

Miércoles, mayo 12th, 2010

cannes

 

A pesar de que hace años que Cannes dejó de ser un foco para los amantes del cine un tanto diferente, para convertir la Costa Azul en una enorme alfombra roja en la que sobre todo las grandes empresas norteamericanas desembarcan para presentar a bombo y platillo sus grandes productos y empezar a hacer caja, no hay mes de mayo en el que no prefiera cambiar esta primavera lluviosa y fría por el calorcito peliculero de La Croisette.

Prueba de ese desembarco de colorines, hoy abre Cannes la última versión de Robin Hood, que firma el británico Ridley Scott. Una súper producción que ha costado más de 100 millones de dólares, y que convierte a Russell Crowe en el héroe medieval, y que mucho me temo (y ojalá me equivoque, con lo que me gusta Robin Hood y lo que me gustaba Scott), en una especie de Gladiator medieval con mucha sangre, mucha batallita y el poco fondo al que Scott nos tiene acostumbrados últimamente.

Aunque afortunadamente, y a pesar del predominio de los todopoderosos, Cannnes nos seguirá regalando la posibilidad de escuchar lo que tienen que contarnos voces algo menos poderosas en la industria del cine. Como la de Ken Loach, que se ha subido a la sección oficial por los pelos con su último trabajo, Route Irish (por cierto, al mismo tiempo que anunciaba que sus películas van a empezar a colgarse gratuitamente, de momento, en la red. Si no puedes con el enemigo, dice su productora, únete a él… o al menos controla la publicidad. Os dejo aquí el enlace para su canal en Youtube). En la sección oficial estará también la esperada Biutiful, de Alejandro González Iñárritu, lo último de Takeshi Kitano, Outrage, de Mike Leigh, Another YearAbbas Kiarostami con Certified Copy. Y una curiosidad: la segunda parte de Quemados por el sol, de Nikita Mikhalkov.

Aunque, como siempre, hay que irse a esa “cierta mirada” para seguir encontrando más opciones interesantes. Como la de dos pesos pesados (y no va con segundas): la de un centenario ya, el portugués Manoel de Oliveira, con O estranho caso de Angélica, y la de un clásico de la Nouvelle Vague, Jean Luc Godard, con Film Socialisme.

Y fuera de competición, más pesos pesados: Woody Allen presentará You will meet a tall dark stranger, y Oliver Stone, la secuela de Wall Street (a la que ha puesto, de coletilla, “El dinero nunca duerme”. Muy apropiado, con la que está cayendo).

Más razones para pasar por Cannes, aunque sea de manera virtual: este año, en el que Tristana cumple 40 años, esta joya de Buñuel con Fernando Rey y Catherine Deneuve estará en la sección de clásicos de Cannes. En una presentación que correrá a cargo de Pedro Almodóvar, se podrá ver la copia que, como un tesoro, guarda la Filmoteca Española. Y siguiendo en esa sección de clásicos, anotamos otras dos maravillas restauradas: Psicosis, de Alfred Hitchcock, y La reina de África, de John Huston.

(PD. No podía dejar de colgar el cartel de este año… Juliette Binoche, por cierto, además de en los carteles, está en la última de Kiarostami)

Cosecha del 2009

Miércoles, diciembre 30th, 2009

Aunque no quiera, me paso la última semana del año en medio de un tsunami mental. En el bombardeo de ideas para tratar de cuadrar mi propio balance, me he ido encontrando con varios pantallazos que me ha dejado este año. De enero a diciembre, podría hacer una especie de crónica del 2009 a golpe de estrenos en el cine, compartidos y a solas, en salas viejas, en otras nuevas, en mi casa y en casa ajena, en pantalla grande y en mi diminuta pantalla propia. A golpe de clásicos revisitados, de películas vistas como si fuese la primera vez, de sorpresas en blanco y negro. Como dicen por ahí que no puedo ser más peliculera, en el fondo (esto es parte del tsunami), no puedo separar cada película que he visto de cada momento en el que la he visto. De por qué la he visto. De con quién la he visto. De quien me la ha regalado. De las que he regalado yo en estos doce meses.

Un 2009 en el que habría querido ver más películas, en el que me habría gustado que nombres consagrados me regalasen alguna joya que se quedó en baratillo, en el que sigo preguntándome en qué cementerio de cabinas descansa López Vázquez… En el año de la polémica de la Ley del cine, de la enésima revolución que cambiará este mundo (aún no he visto Avatar, ya os contaré), yo me he pasado horas muerta de risa, llorando a mares, aburrida, asustada y alucinada a partes iguales delante de una pantalla. Y esto es con lo que me quedo, de toda la cosecha, no necesariamente por este orden:

. La clase, de Laurent Cantet

. Revolutionary Road, de Sam Mendes

. El lector, de Stephen Daldry

.Up, de Peter Docter y Bob Peterson

. La ola, de Dennis Gansel

Y sobre todo, como tres inmensos regalos, tres películas para volver a ver una y otra vez… en cuanto las deje reposar y asimile la revolución que las tres me provocaron: Gran Torino, de Clint Eastwood, El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella, y Celda 211, de Daniel Monzón.

Pero también ha habido platos agridulces, pequeñas o grandes decepciones, los “sí pero no” que fueron Los abrazos rotos de Almodóvar, Mapa de los sonidos de Tokyo de Coixet, Ágora de Amenábar, Tetro de Coppola, Slumdog Millionaire de Danny Boyle, el Che de Soderbergh… De las que no me queda ni una escena, ni una palabra en la memoria, mejor ni hablamos.

¿Y con qué os quedáis vosotros? ¿Cuál ha sido vuestra mejor película del año?

Hoy han quedado en Cannes Almodóvar, Coixet, Tarantino, Lee, Resnais, Von Trier, Loach…

Miércoles, mayo 13th, 2009

Un viejito con gafas de pasta, animado por Disney-Pixar, abrirá esta noche la edición número 62 del Festival de Cannes.  Una edición en la que el cine español tiene, por primera vez en años, presencia de peso: luchan por la Palma de Oro Los abrazos rotos, de Almodóvar, y Mapa de los sonidos de Tokio, de Isabel Coixet. Fuera de concurso, además, se podrá ver por primera vez la esperadísima Ágora de Amenábar.

Representaciones nacionales a un lado, esta edición está cargada de expectativas, y algún reencuentro. Con lo que queda de la Nouvelle Vague, por ejemplo:  Alan Resnais acaba de celebrar que hace 50 años que Hiroshima, mon amour se presentó en este mismo festival, y ahora, a punto de cumplir él mismo los 87, presenta a concurso Les herbes folles.

Pero hay más: se esperan los últimos trabajos de Tarantino, que se pone bélico y se marca un remake, (Inglourious Basterds), Von Trier, que se pasa al terror (Antichrist), y Haneke (Das Weisse Band). Volverá el fútbol, con Ken Loach y su Looking for Eric (Cantona, claro) y Ang Lee nos llevará al verano del 69 en Taking Woodstock.  

(Para los que os gusten los clásicos, echad un vistazo aquí  a la lista de películas viejas que se podrán ver estos días en Cannes. No os la presentará en el salón de casa Martin Scorsese, pero volver a ver Las zapatillas rojas sigue siendo un lujo).

Tres apuntes

Martes, marzo 31st, 2009

1. A veces, una película se puede medir por la cantidad de vueltas que das en la butaca. No paro en Los abrazos rotos, no consigo engancharme a esta historia en la que Almodóvar quiere contar tantas cosas y en la que concreta tan poco.  No me emociona esta tragedia, ni sus intérpretes, ni siquiera sus  múltiples referencias a otras películas (que al final, me despistan aún más del hilo de la historia). Echo de menos la sinceridad de Volver, y tan solo dos secuencias consiguen que me pegue a la pantalla: en una, Penélope Cruz se dobla a sí misma, ante los alucinados ojos de José Luis Gómez. La otra secuencia la dirige Roberto Rossellini… así que no sé si vale de prueba, pero me compensa las dos horas de película,  y de nuevo, como cada vez que veo Te querré siempre (Viaggio in Italia, 1954), me emociono ante los rostros de George Sanders e Ingrid Bergman.  

2. Me paso la mañana con The Who en la cabeza… Quadrophenia me persigue hoy, y también la sensación de que determinadas películas envejecen mal. Menos mal que no pasa lo mismo con las canciones, y que el traje gris de Sting pasaba por allí.

3. Hoy mi compañera Bea Antón -otra peliculera- y yo andamos celebrando que a nuestro vecino  Javier Gutiérrez le han dado el Max al mejor actor, por Argelino, servidor de dos amos,  de Animalario.  Sí, ya sé que es un premio de teatro. Pero un buen actor es un buen actor actúe donde actúe, ¿no? Y Animalario ha conseguido, entre otras muchas cosas (por ejemplo, arrasar ayer, de nuevo, en la gala de los Max), que se acerque a los teatros un público algo menos habitual, más acostumbrado a ver los rostros de los protagonistas en pantalla grande (o pequeña). O que muchos otros se tomen en serio el trabajo de actores tan versátiles como el propio Gutiérrez, Alberto San Juan, Guillermo Toledo o Nathalie Poza, entre otros muchos que han encontrado en los proyectos siempre arriesgados de la compañía un espacio de aire fresco que no solo es un regalo para ellos, sino también para los que nos sentamos en el patio de butacas.

De Marilyn a Coixet, pasando por Capote

Jueves, abril 17th, 2008

Así de curiosos son los caminos del cine… Me cuenta Julio (¡gracias por soplarme el recorrido!) que si Truman Capote recuerda a su amiga Marilyn en Música para camaleones, éste es el libro que Cecilia Roth regala a Eloy Azorín en Todo sobre mi madre. Que dirige Pedro Almodóvar. Y la productora de los hermanos Almodóvar es El Deseo. Que está detrás de las dos penúltimas películas de la directora catalana Isabel Coixet, Mi vida sin mí y La vida secreta de las palabras. Y cerramos el laberinto, porque ayer Coixet presentó en Madrid su última cinta, Elegy.

(Podríamos ampliar el círculo de curiosas coincidencias si nos desviamos vía Penélope Cruz, vía presidente del Gobierno. Los dos estaban ayer en la gala del estreno, y los dos por distintos motivos continúan por otros laberintos. Una pista, ¿sabeis quién firma algunos de los anuncios de la campaña del PSOE en las últimas elecciones generales? Pero dejo esos dos desvíos y me quedo en el cruce que marca Isabel Coixet).

 Aunque nos hayamos perdido el estreno con alfombra roja, traje y corbata, vestidos de Óscar de la Renta y bolsos de Erva, mañana tenemos la oportunidad de ver en el cine lo último de Coixet. Directamente fichada por Hollywood (ha sido la productora Lakeshore Entertainment la que ha llamado a la directora) para dirigir la adaptación de la novela de Philip Roth El animal moribundo, Isabel Coixet vuelve a rodar en inglés, y lo hace con Ben Kingsley y Penélope Cruz dando vida a la historia de amor, sexo, obsesión y muerte de un profesor universitario y su joven alumna. Con ellos, la oportunidad de volver a ver a Dennis Hopper, que se prodiga poco últimante, a Patricia Clarkson, Peter Sarsgaard y Debbie Harry (algún día nos tendrán que explicar esta historia la cantante de Blondie y Coixet, pero este sería otro laberinto).

Elegy pasó sin demasiada fortuna por la última edición del Festival de Berlín. El listón está alto después de La vida secreta… y, sobre todo, de Mi vida sin mí. Y la duda de saber cómo se enfrenta a una historia que no es suya, lo que puede resultar un problema cuando con solo media docena de títulos reconocidos y reconocibles, se ha ganado el título de directora con estilo propio. Ya me contareis qué os parece, os dejo el tráiler para abrir boca.

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