La Voz de Galicia lavozdegalicia.es - blogs | Inmobiliaria | Empleo | Mercadillo

No tan Biutiful…

Escrito por Antía Díaz
13 de diciembre de 2010 a las 16:11h

Hace un par de años, mi vecino de la Bdteca me prestó El búfalo de la noche. Una estupenda y oscurísima novela de Guillermo Arriaga de esas capaces de atraparte en una historia compleja, dura y muy, muy bien contada. Nada raro si tenemos en cuenta que a Arriaga le debemos los guiones de Amores Perros, 21 gramos y Babel. Las tres firmadas por el mexicano Alejandro González Iñárritu. Tres joyas. Así que saber que Iñárritu rueda con Bardem se convierte en un regalo anticipado. Que se desinfla un poco (solo un poco, malo será, te dices) cuando sabes que Arriaga ya no está en el equipo.

¿Y se desinfla mucho más cuando se cierra Biutiful (México, 2010)? Digamos que al globo aún le queda aire, mucho aire. Un aire, sobre todo, con nombre propio: el de Javier Bardem. Que no es que esté bien. Es que si él no estuviese, me pregunto qué sería de la película… me pregunto si sería, simplemente. Así que Iñárritu ya puede agradecer la inspiración divina de escribir un papel pensando en Bardem y que este señor decidiese meterse de esta manera en la piel, el pelo, las manos, la miseria, las dobleces, las obsesiones, los tumores y las miradas de Uxbal, el protagonista absoluto de un Biutiful para el que todavía no he encontrado una palabra (o dos) que me ayuden a explicar el sí pero no que me provocan. Porque Biutiful es una buena película. Pero…

bardem-biutiful

Hay en Biutiful algo que no encaja. Una pieza que falta tal vez. La estructura circular de la película, el descenso a los infiernos de Bardem de la mano de sus hijos, su ex mujer, el jeta de su hermano, sus socios chinos, la policía untada, la quimioterapia, los pisos miserables, la trastienda más miserable aún de una Barcelona que podría ser cualquier ciudad de cualquier rincón de nuestro limpísimo primer mundo, ese que esconde detrás de las puertas toda la mierda que no queremos ver, aunque participemos de ella de alguna manera, tardan 150 minutos en recordarnos exactamente lo que hemos visto en casi la segunda secuencia: que hay quien trafica con seres humanos, que hasta la peor de las personas tiene su punto débil y sus razones, y que la redención es imposible. O no. Y no es que Iñárritu deje el final abierto, es que no sé si él y yo vemos la misma película. Leo que el director cuenta que hay esperanza en esta historia, y yo me pregunto qué umbral de esperanza maneja. No hay nada a qué agarrarse en el durísimo final de Biutiful, nada que no espante, que no huela, que no duela.

No se le puede negar al director mexicano que mantiene ese estilo, esa capacidad de crear un ambiente muy marcado, muy suyo, muy coherente, del primer al último plano. Pero algo se va perdiendo por el camino, algo que impide que Biutiful te deje el cuerpo pegado a la butaca durante unos minutos, sin poder decir palabra, como en 21 gramos. O que no puedas despegar los ojos de la pantalla, como en Amores Perros. O que el malestar y la sensación de soledad absoluta se te queden pegajosos en la piel al cerrar Babel. Algo que no cuaja, que no me creo, que me deja un regusto de lo que pudo haber sido y no fue… No me gustan los “y si…”. Y salgo de la sala con un “y si…” muy molesto. Y si Arriaga hubiese estado ahí. Y si Iñárritu hubiese dejado a los chinos un poco de lado y nos hubiese contado más sobre el supuesto don sobrenatural de Uxbal. Y si supiésemos más del impresentable personaje de Eduard Fernández. Y si no tuviese la sensación de que el plano del mendigo desde la ventana del baño está ahí porque queda bonito.

Y si Bardem no estuviese ahí…

Berlanguiana

Escrito por Antía Díaz
13 de noviembre de 2010 a las 16:47h

Que la vida es como una película de Berlanga lo sabemos en este país desde hace más de medio siglo. Y mañanas como las de hoy no hacen más que recordártelo.

11.15 horas. Un café enorme delante del ordenador. El agua caliente, en huelga. Y en Internet, los ojos azules de Berlanga. Y una, que no da crédito. ¿Que se ha muerto Berlanga? Venga hombre, Berlanga no…

11. 30 horas. Suena el timbre. Una pareja de la policía local, y una en pijama, claro (¡es sábado!). Nada, documentos perdidos y aparecidos, carteras pegajosas. ¿Pero por quién dices que preguntaban? ¿Que quién ha perdido qué? ¿Y dónde ha aparecido? Imagínense la escena familiar. Si la pilla Azcona…

 11.40 horas. Al buzón a por la prensa. Y junto con La Voz, la revista, y un titular: Berlanga, en familia. “El dolor me jode, pero morirme me jode más”. Qué oportuno, don Luis. No sabe usted lo que nos jode a nosotros…

Está el día gris hoy como en una película en blanco y negro. Como en la España de Franco que destripó este genio. Un director a la altura de los grandes, de esos que no nos creemos mucho en este país, cómo va a estar un director nacido en Valencia a la altura de un Wilder, qué va. Poco valor le hemos dado siempre a los genios que parimos, tal vez hayan tenido más suerte los Picassos y los Lorcas. En el cine, pocos monstruos ha dado este país, siempre se me olvida, hay que fastidiarse, don Luis, que el cine español es tan malo.

Tiene que morirse Berlanga para que recordemos que tres de las grandes películas de la segunda mitad del siglo pasado se rodaron aquí. Tres, en realidad, de las grandes películas de todos los tiempos.  Bienvenido Mr. Marshall.  Plácido.  El Verdugo (con los años, creo que esta es mi berlanga preferida. Y una de las que me llevaría a una isla desierta con dvd y un enchufe. Para escuchar una y otra vez las lecciones de garrote de Pepe Isbert).

Imagen de previsualización de YouTube

 

 Las tres dirigidas por este fetichista ácido, tímido, relleno de mala baba, capaz de cargar contra los papanatas, la burguesía en la que él mismo había nacido, los mediocres, la Iglesia y quien hiciese falta. Una película de Berlanga es un “no queda títere con cabeza”, una vuelta de tuerca mojada en ironía sobre una sociedad mediocre y gris, la nuestra. Nadie como Berlanga ha rodado el fracaso, los pequeños fracasos cotidianos. Pero Berlanga no es solo un cronista. Es también (con Bardem, con Fernán Gómez, con Ferreri, con Saura un poco después…) uno de los creadores del nuevo cine español nacido de los 50 del siglo pasado. Un cine que regalaba secuencias delirantes. Como esta…

 Imagen de previsualización de YouTube

En medio de los telediarios, se cuelan las valoraciones, desde de dos mítines en Cataluña, del ministro de Interior y del líder del PP. En el rincón de la barra del cielo en el que hoy se han reunido Azcona, Bardem y Berlanga deben estar los tres escribiendo una escena demoledora sobre las condolencias y las campañas electorales.

Pero qué importa. Se ha muerto Berlanga. Esta misma semana volvía a reaparecer, delgadísimo, en su silla de ruedas, regalando su escaso tiempo para una campaña de Médicos sin Fronteras. Recreando el ritual “que prentende hacerme inmortal”, dice. Nos ha dejado, casi sin querer, un testamento maravilloso. Y no se preocupe, don Luis. No le hacían falta pastillas: usted ya era inmortal. Como su cine.

Imagen de previsualización de YouTube

La caja

Escrito por Antía Díaz
19 de octubre de 2010 a las 21:09h

Mira tú por donde, yo siempre había pensado que Ryan Reynolds era un tío blandito y un poco bizco, más conocido por el brillante que le puso en el dedo a Scarlett Johansson que por sus dotes de actor. Y ahora resulta que salgo del cine alucinando con lo que es capaz de transmitir el chico este… Dirección de actores, creo que lo llaman.

Y yo, que siempre había pensado que los directores que se pirran por la técnica normalmente patinan por falta de algo a lo que agarrarse (que no sea una grúa o un pantallazo de efectos especiales, claro), me descubro a mí misma atrapada en la butaca del cine como una cría, sufriendo con este ejercicio de técnica, montaje y malabarismo que es Buried. Guión, creo que lo llaman.

En un cine en el que nunca pasa nada, que un tío (sea de Ourense o de Pekín) multiplique en unas semanas lo que le costó grabar – en 17 días- este película tiene mérito. Que lo consiga además, con una película poco convencional, ya no es mérito, es casi un milagro. Porque el séptimo arte es un negocio en crisis, como casi todos los negocios (menos el de las armas, que va que no veas…) , así que a Rodrigo Cortés lo veo dentro de nada como a Gordon Gekko, dando lecciones para no caer en una burbuja financiera. Un chollo para los estudios, vamos. ¿Qué dices que necesitas, hijo? ¿Un actor y una cajita? Pues nada, rueda, rueda… que luego ya hacemos caja. Y todo esto, sin pasarse en la campaña de publicidad, que está visto que en el cine, últimamente, lo que mejor funciona es el boca oreja.

No me gusta nada llegar al cine con prejuicios… y llegaba cargadita, tanto exceso de buenas críticas me pone un poco nerviosa, que luego resulta que te estrellas en la pantalla contra un montón de pretensiones. Y no sabéis qué miedo me daba eso de pasarme una hora y media encerrada en una caja con Reynolds y aburrirme a la cuarta virguería con la cámara. Pues no. Aburrirse, lo que se dice aburrirse, una se aburre poco. A pesar de que tras cada plano parece esconderse una intención, un sentido, un motivo, parece mentira lo que se puede conseguir con un tío, una Black Berry, un contestador automático y un mechero. Y cuatro voces que llegan del exterior. Y una estupenda fotografía.

No añado la serpiente porque me sobra, ni algún subrayado innecesario, ni algún exceso de montaje. Pero le sumo algo que una, de vez en cuando, echa de menos: el sonido. Cortés, que demuestra que es un señor muy listo, utiliza el sonido con una enorme inteligencia. Como si supiese que, aunque el cine es imagen, en el fondo de lo que se trata es de trasladar sensaciones. Y una respiración entrecortada en una pantalla completamente a oscuras transmite tanta angustia (o más) que cuatro planos iluminados con un mechero. Como este…

 

buried1

 

¿Qué es lo que hace diferente este thriller de otras historias más o menos parecidas? La forma, claro. ¿Y qué es lo que lo hace diferente de otros experimentos? El fondo. Y volvemos al guión. Cortés, como os decía antes, no se agarra a la grúa porque sí, ni monta (él mismo) los planos de esta manera porque sí, ni utiliza primerísimos planos o una iluminación basada en una pantalla de un teléfono porque sí. Todo gira en torno a la historia. Y a lo que el personaje de Reynolds, Paul Conroy, debe transmitir. Angustia, desesperación, rabia, resignacion, miedo… ¿Mensaje? Tal vez de lo más diluido, no parece que al guionista Chris Sparling le preocupe demasiado por qué Conroy está donde está. Ni qué hacen los estadounidenses en Irak. Más duro, incluso, más inhumano, es el mensaje que transmite una simple llamada, la del jefe de personal. Y no digo más…

Los secundarios primero

Escrito por Antía Díaz
12 de octubre de 2010 a las 12:54h

La palabra secundario tiene un matiz despectivo que no comparto. Ahora se dice más “actor de reparto”. Cuando en el cine, en el teatro, en la vida, los secundarios son algo así como cemento. Quita un pedacito, y a ver en qué se te quedan las paredes de la película, de la obra, de tu vida… ¿Qué pasaría en Muerte de un ciclista sin el ciclista que provoca el accidente? ¿Y sin el secretario en Bienvenido Mr. Marshall? ¿Y sin Mauro en Los jueves, milagro? ¿Habría Atraco a las 3 sin Benítez? ¿Tendría tantos problemas El Verdugo sin reo al que ajusticiar? ¿Que sería Amanece, que no es poco, sin el padre? 

Todas estas películas (hasta sumar 312) existirían, sí, ¿pero serían lo mismo sin Manuel Alexandre? Setenta años de carrera en las tablas, en pantalla grande, también en la pequeña (en Fortunata y Jacinta, en Los ladrones van a la oficina, en El Quijote….). 92 años que se han apagado esta mañana, muy temprano. Demasiado, a pesar de los 93 que estaba a punto de cumplir. Alexandre no solo era un experto en robar planos con una frase o un gesto… era también la prueba de se pueden haber cumplido los 90 y seguir currando, convertido en protagonista en algunos de sus últimos trabajos. Como Elsa y Fred. O ¿Y tú quién eres? O Los últimos días de Franco, su último gran trabajo para la televisión.  Berlanga y Cuerda se quedan un poco huérfanos de uno de sus habituales.

Se definía como hombre de teatro, y será en el Español, en Madrid, donde mañana se le rendirá homenaje. Y mientras, Alexandre estará sentado en alguna barra, sabe dios dónde, con su amigo Fernando Fernán Gómez. Con Agustín González. Con Pepe Isbert. Con José Luis López Vázquez. Con Luis Ciges. Con Cassen. Con toda esa generación de cómicos (cómo me gusta esta palabra…) que se pasaron una de las etapas más grises de este país enseñando a los españolitos que no tenían nada de lo que reírse que hasta de los más cutres de nuestros instintos se puede sacar punta.

(Y nosotros aquí, más solos que la una. Se nos ha puesto hoy la cara en blanco y negro, de repente…)

25 años sin Welles

Escrito por Antía Díaz
10 de octubre de 2010 a las 17:23h

Aunque en realidad, Welles sigue en todas partes… es lo que tienen los genios. Así lo hemos recordado esta mañana en Radio Voz.

http://www.ivoox.com/blog-mrs-robinson-audio-4-audios-mp3_rf_389042_1.html

Recordando a Arthur Penn y Tony Curtis

Escrito por Antía Díaz
5 de octubre de 2010 a las 12:00h

Ya os dije que iba con retraso… y no, cómo se me iba a olvidar la muerte de Arthur Penn y Tony Curtis. Lo contamos el domingo pasado en Radio Voz, ahí os queda el enlace:

http://www.ivoox.com/blog-mrs-robinson-audio-3_md_383685_1.mp3

El hombre tranquilo, en Radio Voz

Escrito por Antía Díaz
4 de octubre de 2010 a las 9:49h

Voy con un poco de retraso, porque la tecnología se pone a veces muy pesada… pero no quería dejar de hacer un hueco en el blog a la sección que dedicamos, el pasado día 26, en Radio Voz, a John Ford y El hombre tranquilo.

http://www.ivoox.com/audios-blog-mrs-robinson_sa_f25745_p2_1.html?o=all

Y a ver si este sistema me lo pone un poco más fácil… solo tenéis que pinchar en el enlace, y ahí está.

Doble (y triple) premio para el talento gallego

Escrito por Antía Díaz
15 de septiembre de 2010 a las 19:29h

Celda 211 ya ha hecho todo lo que tenía que hacer”. Lo contaba esta mañana, para los micrófonos de Radio Voz, Emma Lustres, una de las responsables de Vaca Films, la productora gallega que ha sacado adelante no solo una, sino dos de las tres películas que ha seleccionado la Academia del Cine para optar a los Oscars. La otra, que no se estrenará hasta el 7 de enero, es También la lluvia, de Icíar Bollaín.

Doblete para Vaca Films (“esto es un éxito de todo el audiovisual gallego”, añade Lustres) y triple reconocimiento para Luís Tosar. Porque el protagonista de Celda 211 lo es también de También la lluvia y de Lope, de Andrucha Waddington, la tercera en discordia.

Nos cuentan desde Vaca Films que no se esperaban que la Academia optase por la película de Daniel Monzón. “No porque no se lo merezca, sino porque la mayor parte de su recorrido la hizo el año pasado”, dice Emma Lustres. Que reconoce que para la película (ocho Goyas, recordarán, y el respaldo de la taquilla) sería un broche perfecto llegar al Oscar. ¿Y habrá remake?, le preguntamos. Confirmado: “está prácticamente hecho, no anunciado, pero cerrado”. Se ríe cuando le pregunto si nos puede adelantar algo más, “yo creo que ya te he dado una primicia”, y reconoce que no sería prudente dar más datos.

De Celda 211 hay poco más que decir. De También la lluvia, que promete. No solo porque la dirige una de las directoras más interesantes de este país, sino porque el guión de esta película de cine dentro del cine ( y que se podrá ver en el Festival de Valladolid), lo firma Paul Laverty, el guionista de varias de las últimas cintas de Ken Loach (entre ellas, las estupendas El viento que agita la cebada y Mi nombre es Joe). De Lope no os digo nada, porque aún no he tenido tiempo para escaparme al cine a verla…

¿Y vosotros con cuál os quedáis? ¡Se admiten apuestas!

Hablamos con Achero Mañas, en Radio Voz

Escrito por Antía Díaz
13 de septiembre de 2010 a las 11:32h

La tecnología se ha dejado, más o menos, así que para los que no tuvísteis ocasión de escuchar nuestro “estreno” ayer en Radio Voz, os paso lo que dio de sí el primer capítulo del Blog de Mrs. Robinson, versión sonora. En el que tuvimos oportunidad de hablar, por cierto, con el director madrileño Achero Mañas, que acaba de estrenar Todo lo que tú quieras.

Imagen de previsualización de YouTube

La semana que viene, segundo capítulo. Será el domingo, sobre las 12.20, minuto arriba, minuto abajo.

Historias de la radio

Escrito por Antía Díaz
8 de septiembre de 2010 a las 14:42h

Estaba escribiendo el título de esta entrada, pensando en esa estupenda película de José Luis Sáenz de Heredia (no es que me vaya mucho el costumbrismo, pero qué le voy a hacer, me va la radio), y de repente me he acordado de otra película de esas que a veces se llaman “menores”. Hablar de cine menor y de Woody Allen es un poco contrasentido, pero vale, Días de radio no es su mejor película… aunque a mí me encanta. Será, de nuevo, que me gusta la radio lo mismo que a un tonto un lápiz. No sé qué tiene el micro, ni las carreras, ni los pitos de las señales horarias, ni las voces de los oyentes que levantan el teléfono y se suman a lo que estás contando. No sé qué cosa rara se cuela por las ondas para que sepas, sin saberlo en realidad, que al otro lado hay alguien que te escucha. Y para que ese alguien, al otro lado, sepa también que a este lado hay alguien que solo habla para él. O para ella.

Todo este rollo viene a que a partir del domingo 12 de septiembre, o sea, dentro de tres días, El Blog de Mrs. Robinson será también un espacio que poder escuchar. En Radio Voz, claro, dentro del nuevo programa Con Voz de Domingo, que presentará mi compañera Eva Millán. Me va a dejar que le robe cinco minutillos cada semana para contar a los oyentes los estrenos, las últimas películas que haya revisado, las cosas que pasan cuando se apaga la luz y se enciende la pantalla. Lo que os cuento aquí, vamos, pero delante de un micro.

Así que si queréis escuchar la voz de Mrs. Robinson, la cita es los domingos, en la sintonía de Radio Voz (también en Internet, claro, en la web de la emisora), a eso de las 12.20.

(y si la tecnología se deja, colgaré por aquí los audios)

ojd