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Entradas para la categoría ‘Una de dibujos’

Locos bajitos y otras faunas

Viernes, diciembre 23rd, 2011

Ayer por la tarde, mientras pasaba por delante del cartel de The Artist, (esa peli muda, francesa y en blanco y negro, que aún no he tenido tiempo de ver) rodeada de críos y preparada para ver “una para niños”, pensaba que mi agenda sufre extrañas vueltas. Llevo dos semanas corriendo sin moverme del sitio, que diría la Reina Roja, para intentar hacerle un hueco a la que todo el mundo se empeña en presentar como la película del año.

Es lo que tienen las Navidades. Que una acaba viendo todo tipo de bichos animados (o no) porque te podrás sentir cada año que pasa un poco más Scrooge, pero esos locos bajitos pueden recordarte, de vez en cuando, por qué el mundo gira… y por qué te gusta el cine.
¿Y por qué pensaba eso? Porque en vez de dedicarme a ver pelis mudas, francesas y en blanco y negro, ayer tocaba zambullirse en horario infantil en el preestreno de Copito de nieve. Más fauna, imposible.
Producción gallega y catalana, con el 100% de la animación realizada en Galicia, este Copito dirigido por Andrés G. Shaer repite la receta de mezclar personajes “de verdad” (la frase no es mía, se la robo a uno de los críos) con dibujos animados. Fórmula que a veces funciona (léase ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, Robert Zemeckis, 1988) y otras se queda en un quiero y no puedo (léase Space Jam, Joe Pytka, 1996).

Copito enseña una Barcelona (la de mitad de los 60) pasada por un tamiz que a veces recuerda a cierta estética -suavizada- Jeunet, a la que llega este gorila blanco que el 90% de los críos que vayan a ver la peli no recordarán. Pero sus padres sí. Un gorila albino preparado para tocarnos todas las fibras sensibles porque todos nos hemos llevado en la vida una colleja por ser diferentes. En el cole, en la calle o en el curro, vamos. Que levante la mano el que no se haya sentido alguna vez como una pantera en el cuerpo de un panda rojo… (uno de los personajes mejor dibujados de la peli, y no me refiero a la animación). En un mundo de adultos sobreactuado por Pere Ponce (aunque a los adultos nos cargue, resulta que funciona: alguno le gritaba en la sala “¡venga, malo!”), el panda zen, los gorilas, y la relación imposible de dos niños incompatibles pero reales como la vida misma (pobres… no saben dónde se meten) son los que consiguen levantar la cinta.

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…aunque no se me ocurre mejor crítica que un crío viendo el último tercio de la peli en pie -y porque no podía acercarse más a la pantalla- y una niña corriendo a decirle a su padre cuánto le había gustado.

(Porque vale, puede que yo prefiera las películas francesas, mudas y en blanco y negro. Pero para llegar a ser una friki del cine, tuve la suerte de tener a una persona que se dedicó a llevarnos a ver cuanta peli podía. De E.T. a Greystoke, pasando por todo Disney, desde las sesiones matinales a las salas de cine más viejas del mundo, hasta que nos soltó de la mano para poder crearnos nuestro propio criterio. Y creo que nunca podré agradecérselo bastante…)

¿Y si Steve Jobs no hubiese comprado Pixar?

Sábado, octubre 8th, 2011

En menos de 30 años, Pixar consiguió algo que parecía imposible: hacerse un nombre en la industria del cine (y en la cabeza de los espectadores, lo que es aún más difícil) capaz de hacer tambalear al mismísimo Disney. ¿Y por qué una pequeña división de diseño digital se convirtió en esa lamparita que garantiza que la película que viene después va a merecer la pena? Porque a mediados de los 80, un tal Steve Jobs se la compró a George Lucas. Y aquella empresa de diseño por ordenador comenzó a producir cortos que ganaban Oscar (si no lo habéis visto, os recomiendo que veais Tin Toy, una pequeña maravilla dirigida por John Lasseter en cuyos créditos, por cierto, aparecen unas “very, very special thnaks to Steve Jobs” ) y empezó a abrirse un hueco a golpe de la confianza – y el dinero, claro- que Jobs puso sobre la mesa.

Desde que murió el pasado miércoles, se han llenado pantallas y pantallas (de las que él mismo creó) recordando que Jobs era un visionario. También en el cine lo fue. No hace falta ser un creador de lenguaje para ayudar a que el cine evolucione. A veces solo hace falta apoyar a quien crea. A quién, si no, se le habría ocurrido empezar a negociar con el gigante Disney y producir la primera película de animación realizada por ordenador. Y que no solo es una joyita de la tecnología, sino que es una de esas películas que consiguen que nada -ni siquiera la técnica más puntera- se trague una buena historia. Porque eso es Toy Story: una estupenda historia, tecnología punta y una inversión de futuro. Los millones de dólares que recaudó el cuento de Woody y Buzz demostraron que la idea de Jobs funcionaba. Y que los dibujos animados no solo eran cosa de niños.

Y la lamparita de Pixar siguió alumbrando con Bichos, Monstruos SL, Buscando a Nemo, Los increíbles, Cars, Ratatouille, Wall-E, Up!, y la tercera parte de Toy Story, que el año pasado luchaba por el Oscar ya no a la mejor película de animación (que se llevó de calle), sino en la categoría de mayores… Steve Jobs ya no estaba allí, pero su capacidad para ver lo que se escondía detrás de las simples pantallas, y su genio para conseguir que cualquier ciudadano necesitase lo que él tocaba (de un reproductor de música a una película), fueron el empujón definitivo para una empresa que empezó perdiendo dólares y que acabó ayudando a quitar buena parte del olor a rancio que arrastraba Disney (seamos justos, la otra parte se la quitó Dreamworks).

Jobs vendió Pixar a Disney en 2006, pero la lamparita sigue ahí. Porque si algo se le daba bien a este chico era crear imagen. Tal vez los más pequeños no sepan quién era Steve Jobs. Ni sientan aún ese cosquilleo cuando se apaga la pantalla y ese flexo plateado se gira hacia el público. Pero saben quién es Buzz Ligthyear. Y Boo. Y Rayo McQueen. Y Nemo. Estos días, no encuentro mejor manera de recordar por qué Jobs también cambió mi manera de ver las pantallas que girando la ruedita de mi viejo Ipod. Y en la foto y el texto que abre la web de Pixar desde el miércoles.

Solo apto para menores

Lunes, diciembre 28th, 2009

Palomitas.  Un bocadillo de jamón. Un chicle de Hello Kitty. Tronos para princesas (otra bonita manera de convencer a una niña de 6 años para subirse a esos banquitos que se ponen sobre la butaca). Y en la pantalla, seis ratas con abrigo de piel (la frase no es mía. Pero pagaría por ella) y voz chillona cantando grandes éxitos de hoy (Single Ladies), ayer (I want to know what love is) y siempre (You really got me). Hay que echarle valor para ir a la sesión de seis y media a ver Alvin y las ardillas, 2.  Claro que, si no vas a esa sesión, y con un retaco de melena rubia como única motivación, ¿a qué vas?

La cosa promete desde el momento en que se entra en la sala y aparecen (¡milagro!) las tres cuartas partes de las butacas llenas. Papás, mamás, parientes caritativos como la menda, ojos bien abiertos, palomitas para todo un regimiento, muchos regalos recién abiertos en forma de lacitos, diademas y algún muñeco, y se apagan las luces. Nuestro retaco rubio también promete. Está aprendiendo a leer, y todo lo que aparece en pantalla nos lo recita en voz bien alta. A nosotros y a toda la sala, claro. Nadie protesta… ¿será que los padres están acostumbrados? De repente, aparece el anagrama de la 20 Century Fox, y de la butaca de al lado (sí, mi rubia) sale un ”tantararán, tan tan tan tan tan tantararán..” que nos provoca el primer ataque de risa de la tarde. El segundo,  la niña no lo pilla. Pero es que en pantalla acaba de surgir Jason Lee. O mejor dicho, la versión algo fofa y algo calva de Jason Lee. Jason Lee. El mismo tío de Mallrats, de Persiguiendo a Amy, de Casi Famosos. Ya sé que no es Bogart, pero pasar del Kevin Smith de los años 90 a ser manager de un trío de ardillas… No doy crédito.

Como no doy crédito a la sucesión de tópicos. Desde el insólito argumento al instituto donde transcurre buena parte de la película, ese lugar legendario en el que hay animadoras, abusones, taquillas, cartoncitos de leche, directores desequilibrados y traumas adolescentes. Como dice Alvin (sí, estoy citando a una ardilla), “me encanta el olor a crema anti acné por la mañana”. Risas adultas ante la frase (¿qué pensará el teniente Kilgore?), y nuestra rubia particular protesta, “¡que esto no es de reírse!”. La pobre tiene razón. La castaña de las ardillas rockeras y sus rivales rhytm and blueseras (si es que esto se puede decir) tiene muy poca gracia. Aunque los niños se lo pasan como enanos, los abusones acaban limpiando chicle, triunfa el amor, la amistad y la familia y mucho blablabá insulso y edulcorado. El cine no es que triunfe demasiado… pero la niña pregunta “¿ahora ponen otra?”. Y de eso se trata, ¿o no?

(Lo mejor de la película, por cierto, además de nuestra jovencísima peliculera, es el tráiler de Alicia en el país de las maravillas, el regalo que nos hará Tim Burton en el 2010. Ya falta menos…)

Arriba!

Martes, septiembre 1st, 2009

Un mes que empieza en una sala de cine no puede ser malo. Un mes que empieza con una de las mejores películas del año, promete. Un mes que empieza con un viejo volando en un zepelín augura un otoño de cine. Agosto ha desaparecido del calendario, así que sí, he esperado al 1 de de septiembre para ver Up, (dirigen Pete Docter y Bob Peterson) el último regalo de Disney Pixar.

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A estas alturas, no sé si queda alguien que no la haya visto, ¿quizás los que todavía pasan de las películas de dibujos? Pues no se me ocurren excusas. Ni siquiera la de que uno no tiene críos cerca para llevar al cine como parapeto. De eso nada. Desde que la bendita Pixar apareció en el panorama para sacarle la naftalina y el color rosa de encima a la animación, no hay excusas. Y si algunos las encuentran, allá ellos… Se perderán una pequeña maravilla capaz de resumir en apenas ocho minutos una historia de amor de las que hacen época. Sin ñoñerías, el arranque es profundo, amargo, delicioso.  Y da paso a un cuento sin moralejas sobre los sueños que se pierden, las aventuras que todavía se pueden vivir, los viejos con achaques y los niños gorditos. Un cuento en el que hay malos de verdad, especuladores inmobiliarios, padres ausentes y bebés perdidos. Con una buena dosis de  referentes que los más pequeños se perderán (aunque a todos los que hoy me rodeaban parecía importarles más bien poco que Carl Fredriksen sea la versión animada de Spencer Tracy o que el sádico explorador tenga la mandíbula de Kirk Douglas), Up es capaz de conmover, divertir, arrasar y entretener. La técnica más impecable al servicio del mejor guión. Cine, vamos, sin ninguna duda. De ese que deja huella y que hace querer más cine, más historias, nuevas películas. Del que crea adicción.

Los dibujos abrirán Cannes

Jueves, marzo 19th, 2009
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Se llama Up, es lo último de Disney-Pixar, y abrirá el próximo Festival de Cannes. Es la primera vez que una película de animación (dibujos animados debe sonar demasiado infantil…) inaugura el certamen de la Costa Azul. La historia de un ancianito de 78 años llamado Carl Fredriksen (¿a que es clavado a Spencer Tracy en Adivina quién viene a cenar esta noche?) se podrá ver el 13 de mayo, en 3-D, en la ciudad francesa.

La última aventura de Disney está producida por John Lasseter (culpable de las dos partes de Toy Story, Bichos, Monsters, Los increíbles, Buscando a Nemo, Cars, Ratatouille, Wall-E…) y la dirige Pete Docter, quien ya firmó Monster y desarrolló la historia y los personajes de Toy Story.  Y el codirector es Bob Peterson, guionista de Buscando a Nemo… No suman mal currículum, entre los tres.

El ratón cumple 80 años

Martes, noviembre 18th, 2008

Hay quien cumple años y suma canas. Quien se arruga y sufre achaques. Y luego están los que no solo no envejecen sino que se mantienen, cada año que pasa, más jóvenes que nunca. Un 18 de noviembre de 1928, Walt Disney estrenaba Stemboat Willie. Su protagonista era hijo del propio Disney y de Ub Iwerks, y aunque ya había salido en otros tres cortos (el primero, en el mes de mayo de aquel mismo año), la factoría decidió que el estreno del que presume de ser el primer corto sonoro de la historia de la animación, aquel sería el día oficial. El primer día en la vida de una estrella: había nacido Mickey Mouse. 

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 Cine dentro del cine: este ratoncito subido a un barco de vapor es una parodia de El héroe del río, de Buster Keaton. Resulta que esa tendencia de la Disney a recordar iconos del cine a través de sus dibujos no es tan reciente…

Desde aquel 1928, los pies de Mickey han crecido, sus orejas se han redondeado, se ha puesto guantes, ha sido músico, cazador, aprendiz de brujo (yo me quedo con éste: no se me olvida la primera vez que lo vi, en un teatro de butacas rojas que ya era viejo cuando yo era pequeña, con una pantalla enorme), soldado, sufrido empleado del Señor Scrooge… y a pesar de cierta manía que genera la Disney (¿omnipresencia?, ¿exceso de almíbar y márketing? ¿todo a la vez?), no ha dejado de ganar pequeños seguidores en sus 80 años. No es poca trayectoria para un animalito negro y feúcho que apenas levanta un palmo del suelo…

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