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Entradas para la categoría ‘En los altares’

El hombre tranquilo, en Radio Voz

Lunes, octubre 4th, 2010

Voy con un poco de retraso, porque la tecnología se pone a veces muy pesada… pero no quería dejar de hacer un hueco en el blog a la sección que dedicamos, el pasado día 26, en Radio Voz, a John Ford y El hombre tranquilo.

http://www.ivoox.com/audios-blog-mrs-robinson_sa_f25745_p2_1.html?o=all

Y a ver si este sistema me lo pone un poco más fácil… solo tenéis que pinchar en el enlace, y ahí está.

30 años con Hitchcok

Jueves, abril 29th, 2010

“El hombre había muerto, pero no el cineasta, porque sus películas, realizadas con un cuidado extraordinario, una pasión exclusiva, una emotividad extrema enmascarada por una maestría técnica poco frecuente, no dejarían de circular, difundidas por todo el mundo, rivalizando con las producciones nuevas, desafiando el paso del tiempo, comprobando la imagen de Jean Cocteau cuando habla de Proust: ‘Su obra continuaba viviendo como los relojes de pulsera de los soldados muertos’.”

François Truffaut, en el prólogo a la edición definitva de El cine según Hitchcock.  

Hoy hace 30 años que murió Alfred Hitchcock. Y en tres décadas, toda mi generación ha tenido la suerte de disfrutar de cada una de las películas del genio británico valoradas como se merecen, gracias, entre otras cosas, al empeño que Truffaut, desde las páginas de Cahiers du Cinéma primero, y desde este maravilloso libro, después, puso en defender la obra de Hitchcock como mucho más que un director que encantaba al público, que tenía éxito, que rodaba taquillazos y que la crítica internacional destrozaba, tal vez por eso mismo.

 

hitchcockPor eso, y porque cada uno tendrá su Hitchcock preferido (hoy, el mío es Rebeca… pero tal vez mañana cambie de idea. ¿Cuál es la película de Hitchcock que más os gusta?), hoy os recomiendo que, si no lo tenéis en la estantería de casa, entre Los pájaros y 39 escalones, por ejemplo, celebréis todo lo que nos ha regalado este genio del suspense con El cine según Hitchcock. Que el cine también se lee. Y si lo escribe Truffaut, mucho mejor…

(Lo podéis encontrar en la edición de Alianza)

Tres nombres que merecían más tiempo

Viernes, abril 16th, 2010

Sin apenas tiempo, esta semana hay tres nombres que no quería dejar de recordar:

-Stanley Donen. El martes 13 de abril cumplió 86 años. Y para celebrarlo, por ejemplo este fin de semana, os paso de regalo las que me parecen sus cuatro mejores películas: Cantando bajo la lluvia (Singin’in in the rain, dirigida con Gene Kelly en el 52); Una cara con ángel (Funny Face, 1957); Charada (Charade, 1963) y la fantástica Dos en la carretera (Two for the Road, 1967). Mucho más que bailarín, coreógrafo, creador de algunos de los mejores musicales clásicos, Donen es uno de esos directores capaces de crear un estilo que lo mismo se adapta a un número espectacular de Fred Astaire, o que permite a dos genios como Albert Finney y Audrey Hepburn ofrecer un recital de cómo crear dos personajes en una de las mejores, más honestas (y duras) películas sobre el amor y el matrimonio que se han hecho jamás. Simplemente, con cuatro modelos de coche, y un guión afilado y ágil. Una joya.

Ah, y como regalo especial, ¿hay mejor manera que agradecer un premio que con Cheek to Cheek?

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- Greta Garbo. El miércoles 15 de abril se cumplieron 20 años desde que la mujer más misteriosa de la historia del cine moría en Nueva York, después de pasar 48 años sin rodar una película, encerrada y escondida en su apartamento tras retirarse con apenas 36 años. Uno de los pocos casos que supo pasar del mudo al sonoro sin perder ni medio gramo de magia, la Divina se forjó una leyenda a golpe de una actuación moderna, elegante, ambigua… como la que dejó en las míticas La leyenda de Gosta Berling (Gosta Berling Saga, Mauritz Stiller, 1924), aún en Suecia, o en su primera película sonora, Anna Christie (dirigida Clarence Brown, 1931), para llegar a Grand Hotel (Edmund Goulding, 1932), La reina Cristina de Suecia (Queen Christina, Rouben Mamoulian, 1933), Anna Karenina (también de Clarence Brown, 1935), La dama de las camelias (Camille, George Cukor, 1936), y esa joya de la comedia que es Ninotchka (Ernst Lubitsch, 1939). Indescriptible, como ella…

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(todo un icono, como recoge esta legendaria portada de los años 30 de Vanity Fair)

 

 

 

 

 

 

 

 

-Tim Burton. Hoy (¡por fin!) se estrena en España su versión de Alicia en el país de las maravillas, la indescriptible obra de Lewis Carroll que llega a las salas en formato 3D (por esta me voy a tragar la vergüenza de las gafas…). Una obra alucinante a través del peculiar espejo de este friki del cine capaz de crear un universo visualpropio cada vez que se pone detrás de la cámara.

John Ford trata de decirme algo

Martes, enero 12th, 2010

El año pasado tuve que ser buenísima, porque los Reyes Magos dejaron en mi zapato dos biografías idénticas de Paul Newman. Cuatro pares de ojos azules desde la portada del libro que firma Shawn Levy. Hoy me he despedido de uno de los pares  (como si anduviese sobrada de ojos azules…) y después de dar la lata a Isabel, en Libros Cantón 4,  los he cambiado por 846 páginas que indagan en otra de mis debilidades: Tras la pista de John Ford, de Joseph McBride, descansa ahora encima de mi mesa.

Un tocho en toda regla, con una portada un tanto hortera, pero que a mi parte novelera le encanta, será porque antes de ayer me tocó un trozo de Centauros del desierto, y me lo tragué otra vez como una cría. Ahí van John Wayne y Jeffrey Hunter buscando a Natalie Wood, bajo la atenta mirada de Ford….

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846 de Ford + 576 de Newman = 1.422 páginas  que me van a tener muy ocupada

 

(Como no creo en las casualidades, el haberme topado con los Centauros hace dos días, y ayer con El hombre tranquilo, me han llevado derechita al libro. Que digo yo que tanto Ford en solo tres días tienen que querer decir algo…)

Cine dentro del cine

Lunes, octubre 5th, 2009

Un director de cine espera en un pasillo de un teatro a las afueras de Nueva York. En la pantalla estrenan, en el primer pase ante el público, su última película. A los cinco minutos de proyección, una mujer sale al pasillo y, al pasar por su lado, sin saber con quién habla, le suelta: “¿No le parece la mayor mierda que ha visto jamas”. “Sí, señora”, contesta. Era Billy Wilder. Y estrenaba El crepúsculo de los dioses.

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 59 años después, esta historia de cine dentro de cine pertenece por derecho propio a la categoría de clásico. Menos mal que las cosas, en general, nunca son como empiezan…

Aunque en este caso, el ciclo Outono de Cine que arranca este miércoles en Ferrol, no puede empezar mejor. Durante todo el mes de octubre, cada miércoles habrá una oportunidad de acercarse a los Cines Dúplex (los únicos que quedan en el centro de la ciudad) para disfrutar sin soltar un céntimo de una película dedicada al cine dentro del cine. Y en versión original. Esta semana será esta dosis de mala uva servida por Wilder, en la que Gloria Swanson continúa preparada para su primer plano y William Holden sigue flotando en  la piscina. Un guión insuperable, interpretaciones al límite (sobre todo la de la Swanson, el mito del cine mudo haciendo de sí misma… o casi), rostros recuperados del pasado (como Buster Keaton), Cecil B. DeMille en pleno set, el gesto de Erich Von Stroheim… Todo cuadra en esta pieza de museo que, como las obras de arte de verdad, está más viva que nunca. Será que la ironía, como Wilder, nunca pasa de moda.

(En este Outono de cine que organizan el Concello de Ferrol con la Universidade de A Coruña, y la coordinación de Axente Cultural, octubre seguirá con Fellini y 8 1/2, Tim Burton y Ed Wood y Orson Welles y Fake. Y como en cada temporada del ciclo, antes de la película se proyectará un corto gallego. Este miércoles, a las ocho y media de la tarde, el turno es para Perla, de Carlos Alberto Alonso Iglesias, un pequeño homenaje a todos los cines de barrio, a partir de la sala Perla de Fene. Que ya no existe, claro… Pero esta, como diría Wilder, es otra historia.)

Viaje al corazón de las tinieblas

Lunes, julio 13th, 2009

Leo estos días una entrevista con Coppola en la que recuerda a quienes critican Tetro que en su día pasó lo mismo con Apocalypse Now. Las comparaciones son odiosas, sobre todo porque estos días cae por aquí Corazones en tinieblas (Hearts of Darkness: A Filmmaker’s Apocalypse, 1991) el documental que recoge el material que rodó su mujer, Eleanor, durante los meses que pasaron en Filipinas filmando la película. En una de las conversaciones rodadas por su mujer, en plena jungla, dice Coppola que lo peor que le puede pasar a un director es tratar de hacer una película grande, algo importante, y quedarse en nada. Entonces, dice, la película será una mierda. Durante el tiempo que duró la preparación de Apocalypse Now, el miedo a rodar una basura no se le fue de la cabeza.

A pesar de los temores que Coppola sufrió durante los largos meses de rodaje y desastre de Apocalypse Now, a pesar de lo pretencioso del punto de partida (ya sabéis, eso de “esto no es una película sobre Vietnam. Es Vietnam”), hay algo en el proceso de creación que fascina tanto como la película en sí. Conocer las historias surrealistas que el ejército americano vivió en Vietnam, saber que todo aquello que se tapó acerca de las drogas en aquella guerra se  repitió en el rodaje. Descubrir que Martin Sheen rodó completamente borracho la escena del hotel. O que Coppola decidió que compensaba dejar improvisar a Marlon Brando… como si todo en esta película estuviese sujeto a una especie de azar, algo intangible y ajeno al guión. Algo capaz de provocar infartos a un actor de 36 años, de hacer que un director empeñe hasta su casa y se lleve a toda la familia a Filipinas a ser testigos del caos. Y de cómo, hacia el final del rodaje, Coppola empezó a pensar que su salud mental estaba en el mismo estado que la de Kurtz.

(a otros, como a Sheen, el rodaje no solo les afectó a la cabeza. Como dice uno de sus compañeros de reparto, probablemente el personaje del teniente  Willard le provocó el ataque al corazón…)

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¿Aporta algo a una película conocer cómo se creó? Cuando todo lo que rodea el rodaje se queda en la cinta, puede ayudar a entenderla mejor. Más allá de las cuestiones prácticas (como los helicópteros del ejército filipino que se marchaban en medio de la escena de la Cabalgata de las Walkirias para dedicarse a sofocar una rebelión, o del tifón que arrasó las islas y dejó las secuencias pasadas por agua tras la fiesta de Playboy), Coppola embarcó a todo el equipo, a sí mismo y a su familia, en un viaje río arriba hacia su propias tinieblas. Y nadie sale ileso de un viaje así. Ni siquiera la película. Tal vez sean esas tinieblas las que envuelven la película y hacen que una pueda verla una y otra vez, pegada a la pantalla, totalmente fascinada por el horror.

Wilder, Billy (22 de junio de…)

Martes, junio 23rd, 2009

Una de las cosas que más me gusta de Belle Époque (Fernando Trueba, 1992), es que provocó ese estupendo agradecimiento de su director cuando le dieron el Oscar. No sé cuánto tiempo puede estar un director de cine pensando en ese momento. Pero si es para que conseguir soltar ante millones de espectadores eso de “pero yo no creo en Dios, sino en Billy Wilder”, como si son décadas…

¿A qué viene esto? Hoy (y llego 10 minutos tarde) Billy Wilder cumple 103 años. Y lo digo en presente. Si Dios es eterno, Billy Wilder vive. Y está en todas partes. Y sí, no es que 103 sea un número muy redondo, pero es que los aniversarios de Wilder deberían ser fiesta de guardar, aunque se cumpliesen 24.820 días desde que escribió el guión de Ninotchka, por ejemplo.      

Porque hay muchas maneras de dirigir cine. Y luego está Wilder. William Holden decía que tenía el cerebro lleno de cuchillas de afeitar. Y sí, cortaba. Ácido, irónico, cruel con sus personajes y al mismo tiempo cercano a ellos, versátil, ágil, humilde, con una visión del mundo y del cine que le permitía sacar un de las mejores películas de la historia del personaje de otra (un día os cuento esta historia), da igual que ruede comedias o cine negro, que dé a luz una historia original o que se marque un remake… Porque no es lo mismo que le dé una vuelta a una historia un artesano cualquiera que sea Wilder quien decida reescribir Luna Nueva (Howard Hawks, 1940). Resulta que si lo hace él, sale Primera Plana (The Front Page, 1974).

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Wilder es escritor. Lo fue al principio de los tiempos, como periodista en Austria. Lo fue al empezar su carrera en el cine, en la Alemania anterior al nazismo. Lo fue con Lubistch, en el guión de Ninotchka (1939). Lo fue con Howard Hawks escribiendo Bola de fuego (Ball of fire, 1941). Y lo fue cuando se puso por fin tras la cámara.

Una historia. Una buena historia y un buen diálogo. Eso es todo lo que le hacía falta a Wilder para crear una película memorable. Desde Curvas peligoras (Mauvaise graine, 1934) a Aquí un amigo (Buddy Buddy, 1981)  hay 25 películas más. Algunas mejores, otras menos. Pero es que entre esas 27 películas están Perdición (Double Indemnity, 1944), El ocaso de los dioses (Sunset Boulevard, 1950), Sabrina (1954), Con faldas y a lo loco (Some like it hot, 1959), El gran carnaval (Ace in the hole, 1951) El apartamento (1960), Irma la dulce (Irma la douce, 1963), En bandeja de plata (The fortune cookie, 1966)… Supongo que habrá algún director por ahí adelante que vendería su alma y la de su madre por haber rodado una sola de estas películas. Y que habrá más peliculeros dispuestos a escoger hoy  a su Wilder favorito para celebrar el cumpleaños del tío que dijo que no tenía tiempo para considerarse un inmortal del arte. “Hago  películas solo para entretener a la gente y las hago tan honradamente como puedo”.

John Ford que estás en los cielos…

Sábado, junio 6th, 2009

Acabo de recordar un libro de Ray Loriga, Días aún más extraños, y una frase. “Cuando mi hijo me pregunte por qué carajo venimos al mundo, tendré muy clara la respuesta: para escuchar discos de Bob Dylan”. Ningún crío me ha preguntado semejante cosa, y no tengo tan clara la respuesta, a pesar de mi devoción incondicional por Dylan.

Pero esta semana, una llamada de teléfono me pone a hacer memoria de golpe, y en medio de la redacción, la montaña de trabajo acumulado desaparece a golpe de dos palabras: John Ford. Y de tres películas. La diligencia, Las uvas de la ira, El hombre tranquilo. Y tres más. Centauros del desierto, El delator, El hombre que mató a Liberty Valance. En cinco minutos de teléfono, John Wayne, Maureen O’Hara, James Stewart, Henry Fonda, Victor McLagen y sobre todo el genio de Ford consiguen que no haya más que seis momentos perfectos. Seis ejemplos de economía de planos, de diálogos redondos, de personajes acabados y ambiguos que se presentan en dos patadas, sin zarandajas ni vueltas, porque a Ford no le hacían falta más que un par de secuencias para definir a un personaje. Y descubro que no soy capaz de explicar por teléfono por qué estas seis películas son imprescindibles. Solo sé recomendarlas. Una y otra vez. Hasta que el que aún no las haya visto, lo entienda. Y no sea capaz de explicarlas. Como yo. Solo sé verlas. Una y otra vez. Sin cansarme.

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(Yo tampoco sé por qué carajo venimos al mundo. Pero qué gris sería sin John Ford…)

El medio siglo de Los cuatrocientos golpes

Lunes, mayo 4th, 2009

El 4 de mayo de 1959 también era lunes. Y en Cannes, una película dura, viva, oscura y fascinante, se estrenaba en el Palacio de Festivales. Lo hacía con una ovación para François Truffaut, un joven director de apenas 27 años. Y con su protagonista, un crío de 14 años, Jean-Pierre Leaud, saliendo de la proyección a hombros de Jean Cocteau.

 Hoy se cumplen 50 años de la primera ovación para Los cuatrocientos golpes… que es casi como decir que la Nouvelle Vague cumple medio siglo. Y no porque esta maravilla dirigida por François Truffaut fuese la primera película de aquella generación, sino por lo que supuso su éxito: el respaldo de la crítica, el apoyo del público (y no solo en Francia), provocaron un bum de nuevos directores: durante los tres años siguientes, cerca de 170 cineastas franceses estrenaron su primera película, cuenta Cyril Neyrat, de Cahiers du Cinéma. Y la culpa de aquella nueva ola la tuvo la vida de Antoine Doinel… que hoy estaría próximo a la edad de la jubilación (mañana, precisamente, Jean-Pierre Leaud cumple 65 años). Hace medio siglo, nos invitaban así a ir a verla al cine:

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No sé cuántas páginas habrá llenado esta película. Ni cuántas otras, después, se inspiraron en ella. Pero hay en Los cuatrocientos golpes tanto cine y tanta vida, que los 50 años no le pesan nada. Tal vez al contrario. En un artículo que revolvió a todo el cine francés, Truffaut había expuesto tres ideas básicas acerca de lo que las películas deberían ofrecer: salir a la calle, captar la vida, filmar con modestia y rapidez. (¿Os suena a las ideas de algún movimiento más moderno?… Resulta que ya estaba inventado)

Todo esto está en la hora y media que dura la película. La vida de Antoine Doinel, la calle,  la escuela, la casa, la madre, los amigos, el cine, París… la adolescencia del propio Truffaut trasladada a la pantalla, aquellas mismas salas donde, siendo un crío, se enamoró del cine americano, de Hitchcok y de Welles, pero también de Renoir y su mimo por los actores, o de Rossellini y su agilidad (y de quien hay tantas huellas en Los cuatrocientos golpes).

Pasando del colegio para ir al cine, Truffaut descubrió que “la vida auténtica era la pantalla”. Cincuenta años después, nada resume mejor esa manera de vivir, esa ética del cine, esa mirada única, que los ojos de Jean-Pierre Leaud a la orilla del mar.

Los 120 años de Chaplin

Jueves, abril 16th, 2009

Había una carpa, y una hermosa amazona, y un señor de bigote y bombín en medio de todo aquello.  No sé si fue la primera vez que vi a Charlot… pero sí es la primera que recuerdo. Sé que era fin de semana, y sé que a la televisión pública de este país aún le gustaba el cine. Y sé que aprendí a boxear, a comer sopa en un barco, a cocinar unas botas, a ser policía y ladrón, a apretar tuercas y a ir a la huelga, a levantar los ojos, y a descubrir que detrás del personaje había mucho más. Como en una caja china de cine.

Estaba el actor, el director, el guionista, el compositor, el productor, el seductor de jovencitas, el exiliado de la caza de brujas, el hombre rico que nació pobre hace hoy 120 años. Charles Chaplin es como una especie de hombre orquesta del cine.  Y un icono cultural que va más allá de sus películas. Aunque a mí, con Chaplin en general y con Charlot en particular, me  pasa que me sobran un poco las teorías. Supongo que, en el fondo, cada cual tiene su Chaplin. Y hoy, el mío es este…

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