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Entradas para la categoría ‘De todo un poco’

Ni pan, ni techo

Jueves, julio 19th, 2012

En el viernes 13, día de autos, día de estreno también, pago por la entrada para ver Elefante Blanco 7,50 euros. IVA incluido. Mientras espero a que empiece la película, me ayudan a echar la cuenta (una, que es de letras) de lo que pagaré en septiembre: 8,41 euros. Esa misma mañana, una compañera me cuenta que se ha dejado en llevar a sus hijos al cine unos 25 euros. Prefiero no pensar en cuántas familias dejarán de hacerlo a partir de ahora. Ya no son muchas. Y seguro que alguno me dice que están las cosas como para pensar en ir al cine, cuando hay quien no puede ni soñar con gastarse ese dinero, cuando llegar a fin de mes ya no es una frase hecha sino un calvario.

Para buena parte de los españoles, el cine es un artículo de lujo. Los datos oficiales dicen que el precio medio de una entrada en España es de 6,46 euros. No pago 6 euros por el cine desde hace años. Es lo que tienen las estadísticas. Y eso que vivo en provincias. En Madrid o Barcelona, las entradas están en otra dimensión. Esta semana de locos, le han preguntado al presidente de los productores de España si le parece caro el cine. Dice Pedro Pérez que no. Pero reconoce (le han hecho la entrevista en Europa Press) que tal vez no sea positiva una política de precios demasiado rígida. Porque si en otros sectores los precios son diferentes para cada producto, en el cine podría hacerse algo parecido. A él no le parece caro, pero entiende que si el espectador piensa que sí lo es, habrá que mirarlo. Y si ahora hay que mirarlo, ¿qué hay que hacer en septiembre? ¿Enterrarlo?

Las comparaciones son odiosas. Pero en la Alemania de Merkel, donde el tipo general del IVA está en un 19%, el cine se queda en el 7%. En Grecia, el general en un 23% y el cine en un 9%. En Irlanda, el general en un 21% y el cine en un 9%. En Portugal, el general en el 23% y el cine en el 13%. Ni siquiera los tres países rescatados por la UE han sacado los pies del tiesto de esta manera. Aquí, sí. Y por sorpresa. Si nada lo remedia, desde el 1 de septiembre podremos estar orgullosos de ser el único país de la zona euro que no aplica un IVA reducido al cine. Así que una de dos. O queremos ser el ojito derecho de la maestra (aunque ni la maestra suba el impuesto de golpe en 13 puntos), o aquí alguien se columpia, improvisa, y a ver si cuela. Unos héroes. Vamos a recaudar tanto dinero con el IVA de los espectáculos culturales que nos van a dar una medalla. O dos.

El cine no es pan, ni es techo. Pero alimenta las neuronas, despierta conciencias y entretiene. Y da trabajo y genera riqueza, por si alguien insiste en que lo anterior es secundario. Los datos de la recién creada Unión de asociaciones empresariales de la industria cultural hablan de 4.000 empresas y 150.000 empleos.¿Para ellos tampoco es pan ni techo? La Academia do Audiovisual Galego calcula que el paro del sector (entre técnicos y artistas) ronda el 50%. Me lo contaba esta semana su presidente, Antonio Mourelos en RadioVoz. Se quejaba, con razón, porque “siempre da la sensación de que determinados gobiernos no entienden en qué consiste la cultura y la industria cultural, los puestos de trabajo que genera y lo que mueve el cine, la televisión, el teatro, la música…”. Reconocía, claro, que si el cine muere no será solo por esta subida del IVA, “pero le va a dar la puntilla”.

Y más paro que va a haber. La Federación de Cines de España se llegó a plantear un cierre patronal. No lo habrá porque entienden que “lo único que conseguría será agravar aún más la situación y perjudicar alos espectadores”. No hay huelga, pero vaticinan que habrá cierres. Y que se perderán puestos de trabajo. Gran noticia en un país con más de 5 millones de parados.

El cine no es pan, ni es techo. Y todos tenemos que apretarnos el cinturón, porque como dice el Ministro que se dedica a jalear a la prima de riesgo, no hay dinero. Pero parece que todos no somos todos, en realidad. Como Hacienda (nunca mejor dicho). No pasa nada. Enterremos el cine, que total qué importa. Y el teatro, y la música y la danza. Qué importa. La cultura no es pan, ni es techo, pero sí lo es para miles de personas que viven de ella y no cobran una pasta.

No es pan, ni es techo, y nada que no lo sea parece hoy importante. Y cuesta levantar la voz para recordar que existe. Pero existe. Y es pan y es techo también. Miedo me da preguntarme en qué se convierte un país que desprotege su cultura hasta enterrarla. Y más miedo me da la respuesta.

Maratón, joyas y descensos

Sábado, febrero 11th, 2012

1. A una semana de los Goya y dos de los Oscar, y en plena Berlinale, y después de casi dos meses de imperdonable inactividad bloguera, este mes de febrero vuelvo a calzarme las zapatillas para correr la maratón de cine con la que empiezo cada año. Tengo pendientes una decena de películas y los estrenos no paran, aunque me he prometido a mí misma pasar, al menos, de War Horse, última película de Spielberg, porque el tama animalitos en el cine me da un poco alergia. Una versión épica y equina de Lassie es más de lo que puedo soportar. O sea, que me quedan Hugo, Moneyball, Criadas y señoras y Extremely Loud & Incredible Close. Y La dama de hierro, El topo, Albert Nobbs, para saber qué puede hacer Gary Oldman contra Jean Dujardin (creo que ya he dejado bastante claro que si no le dan el Oscar al mejor actor por The Artist, una vez visto el Clooney de la decepcionante Los descendientes, yo me bajo), y el duelo entre Meryl Streep y Glenn Close… que podría desempatar Viola Davis por Criadas y señoras. Esto, en la parte estadounidense de los premios.

En la parte nacional, menos deberes: solo me queda La voz dormida, de Benito Zambrano. Y entre las otras tres candidatas, ando como los niños pequeños cuando les preguntas “¿a quién quieres más?”. Entre No habrá para los malvados y Blackthorn, ese thriller demoledor y ese western crepuscular que me despierta emociones que creía sepultadas, como esas que encierra Sam Shepard en su maravillosa interpretación. Como cuando una tiene que escoger entre lo que le conviene y lo que siente… el cine, como casi todo en la vida, no se compone solo de planos o de dirección de actores. Lo que una película, una historia, es capaz de regalarte, vale más que una secuencia perfecta. Tal vez este año crea más que nunca en el valor de las imperfecciones, propias y ajenas. Como si fuese una especie de reconciliación personal que Blackthorn se lleve el Goya a la mejor película y que Christoper Plummer recoja el Oscar al mejor secundario por Begginers, esa maravilla oculta entre la jungla de estrenos de 2011.

2. A la caza de películas pendientes, busco Nader y Simin, una separación. Sí, cine iraní. Es una de las revelaciones del pasado año, casi con toda seguridad el Oscar a la mejor película extranjera, y aún no la he visto, claro, porque las cintas iraníes y la taquilla, en este país que alerta en los carteles de que las películas “no tienen diálogos” (¿por qué no avisan de que otras son un insulto al respetable?), no es que se lleven muy bien. Pero afortunadamente, también en este país que se queja porque en Internet no hay una web que ofrezca un buen catálogo de cine, existe Filmin.  Antes de que alguien diga “es que son pelis iraníes”, os cuento que entre lo más visto estos días esta Midnight in Paris y Four Lions, y que están en pleno ciclo John Cassavetes. Y que se pueden recuperar películas del Neorrealismo italiano. O la propia Blackthorn. Vamos, que hasta quien prefiera las series puede engancharse a The Office o La víbora negra. Y 2,95 euros por ver una peli (tienes 72 horas desde que la compras), no parece mucho, ¿verdad? No, no voy a comisión… pero me parece una respuesta fantástica para los que creen que Internet se ha quedado vacío desde que detuvieron a Kim Dotcom.

3. Que yo sepa, no he perdido el sentido del humor. Así que me paso dos horas preguntándome dónde está la supuesta gracia de esa tragicomedia firmada por Alexander Payne, Los descendientes, en la que George Clooney descubre que la vida se puede ir a la mierda en dos segundos, entre camisas de flores, mai tais, y una fauna de personajes alucinante. Sigo dándole vueltas a lo que Payne pretendía contar, a lo que pretendía transmitir… y no me cuadra nada. Como si el punto de partida prometiese mucho, pero en el camino se hubiese quedado cualquier posibilidad de construir algo coherente. Descenso en picado, a pesar de Clooney, lo único, junto con algún ramalazo de gracia, que quedará de esta película. Los que esperen la versión hawaiana de Entre copas, que vayan preparados.

La vida en papelitos

Miércoles, noviembre 9th, 2011

Una vida se resume en muchas cosas. En pequeños recortes de prensa que vas guardando por libros que luego no aparecen. En esos libros que atesoras aunque sea convertidos en soporte de una mesa. En notas escritas en servilletas de bares de medio país. En cartas que aparecen en una caja que no recordabas.

Hace muchos años, no sé muy bien por qué (aunque sé de alguien que lo llama un claro síndrome de Diógenes cinéfilo) empecé a guardar las entradas de cine. Aquellas antiguas en azul, rosa o amarillo, sin el nombre de la película, que yo anotaba detrás con la fecha. Después ya no hacía falta anotar, porque las nuevas entradas traían todo. Hasta el precio. Claro que luego descubres que con el roce, se borran las letras y casi casi necesitas una lupa para descubrir qué película, qué cine, qué año, qué euros… pagaste por aquella entrada.

En pleno proceso de poner algo de orden en una vida que se me desordena sola, he encontrado todo esto.

Tengo una amiga que tiene la suerte  -eso creo yo- de no recordar las películas que ha visto. Con lo cual, cada vez es como la primera. Yo no sé si mis caóticas conexiones neuronales provocan que recuerde exactamente cuándo, dónde y con quién vi cada una de estas películas… Pero lo recuerdo con una precisión digna de mejor causa. 

Y me faltan entradas. Como si me sobrase el tiempo, he convertido mi casa en una especie de excavación arqueológica a la caza de alguna joya de la corona guardada no solo por lo que me gustó aquella película, sino por todo lo que la rodeaba. Pero no aparecen. ¿Será que mi memoria, en el fondo, es más lista que yo y sabe que ni mi piso ni mi cerebro tienen capacidad de almacenamiento infinito?

Septiembre, Gershwin

Jueves, septiembre 1st, 2011

Cambió la hoja del calendario para dar la bienvenida a un mes que no podía empezar de manera más extraña. Leslie Caron se inclinaba hacia Gene Kelly, los brazos a la espalda, un (falso) puente sobre el Sena como telón de fondo.

1 de septiembre. La foto del calendario era en blanco y negro, aunque recordaba la película en color. El plano, las sombras, los 30 días de septiembre bajo la foto, y esa niebla que subía del río y que, tan lejos de París y de cualquier musical de Minnelli, parecían cubrirlo todo aquellos días extraños. Cinco filas de cifras, negro sobre blanco, cuatro fechas marcadas en rojo, 30 días por delante.

Lo más extraño, pensó, era el sonido. Al girar la página del calendario, como si diese la vuelta a un disco, había empezado a sonar aquella vieja canción de los Gershwin. En automático. No conocía la letra. Pero sabía que no se le iría de la cabeza en las próximas 720 horas. Pensó en las conexiones, células, circunvoluciones, circuitos eléctricos, neuronas, lóbulos, impulsos, energía… que habían permitido que al girar el calendario sonase la canción en un escenario que nadie más conocía. Y aunque utilizase esas 720 horas, segundo a segundo, no podría explicarlo, ni entenderlo.

Pantallas, señales, letras

Domingo, mayo 8th, 2011

(Nota a pie de página para una misma)

Con el café del desayuno de este domingo llega la primera. Es lo que tiene levantarse tarde, y el olor de las tostadas, y las páginas de la revista que te devuelven el rostro de Robert Redford y las palabras de uno de sus papeles. Bob Woodward ataca de nuevo, esta vez respondiendo a preguntas, en vez de hacerlas. Y te deja un par de dudas entre los dedos.
Mientras la mañana avanza, perezosa, sin saber si ganará la lluvia, aparece la segunda. En forma de lista de películas que debería haber visto cualquiera o que a cualquiera podrían interesarle. Atacas por orden cronológico, pero del revés, para que no se te olvide que un chaval de 14 años puede que no haya visto Cuenta conmigo o Adiós, muchachos. O Requiem por un sueño. Decides, sobre la marcha, como siempre, empezar por el principio. Y llegas a La fiera de mi niña con dos planas enteras de blanco y negro.
Entonces te das cuenta de que la tercera estaba allí casi por sorpresa. Es un sonido tan familiar que se te olvida. Un chasquido de la pluma contra el folio, tantas veces ha dado contra el suelo que supones que ninguna otra pluma hará el mismo ruido cuando ataca el papel.
Ese ras-ras inconfundible te lleva a la cuarta. Saltas de la hoja en blanco a otra revista, donde alguien te recuerda ciertos lazos. (Y que Roberto Rosellini está hoy de cumpleaños) Y dos páginas más allá, alguien más lejano responde a las preguntas que te haces estos días.
Hojas de papel que te llevan a otro tipo de folios. El ordenador te devuelve a un amigo que no imagina cómo entiendes sus palabras. Y de esa pantalla pasas a otra más pequeña, que te permite recibir una sonrisa de vuelta.

Entonces, de golpe, te das cuenta de que en las once horas de sueño de este domingo también había pantallas. Pantallas que no recordabas y que el agua de la ducha te devuelve. Bajo el vapor, una frase. “No creo en las casualidades, solo en los encuentros”. La repite una actriz francesa citando a Claudel. Y esto, claro, trae la quinta.  Ese cuaderno negro olvidado sobre la mesa, como otra pantalla. Y te preguntas por qué protestas por el exceso de pantallas que te rodean, cuando en realidad son las cuerdas que te van atando a lo que de verdad importa. Pantallas de cine, grandes, pequeñas, táctiles, de ordenador, con forma de periódico, en blanco, como una ventana abierta.

(y sabes, como la actriz, como Claudel, que no existen las casualidades. Que las señales son solo formas de leer los mensajes. Como los que te llegan, delante de un café, a través del correo, en otra frase de alguien que ya no está, pero que habla a través de un cuadro y de una voz que te recuerda cada día lo que tienes que hacer. Lo que quieres hacer. Tu historia)

35 películas

Miércoles, mayo 4th, 2011

Dice un compañero que cuando te pasas dos semanas sin actualizar un blog, se le da por muerto… No sé cuántos días llevo yo, pero aún sigo aquí, aunque no lo parezca, así que os mando por delante mis disculpas por la escapada. Para compensar, os propongo un juego: como andamos cerca del fin de semana, en vez de proponeros una peli, os paso 35 sugerencias. ¡Pero tenéis que adivinarlas! A mí me faltan unas cuantas… ¿os animáis?

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(no vale hacer trampa…¡que en algún comentario está la respuesta!)

¿Y ahora qué hacemos?

Lunes, febrero 14th, 2011

Juré que no iba a verla. Juré que tener que poner el despertador a las 5.30 horas era un motivo más que suficiente para perderme la gala del 25 aniversario de los Goya. Juré que no pasaba nada si tan solo veía el saludo entre la ministra Ángeles González-Sinde y el (aún) presidente de la Academia Álex de la Iglesia. Y, como siempre, juré en vano. Porque el momento “ven que te cojo del brazo” de la ministra, el gesto del director (parecía Clint Eastwood a punto de sacar el arma de debajo del poncho en Almería…), la foto Pajín-Sinde-Álex-Salgado-Sebastián, en un “venga que no pasa nada”, mientras centenares de máscaras de V de Vendetta gritaban en la calle eso de “Sinde, el pueblo no se rinde”, acabaron de convencerme, claro. Y entonces apareció Buenafuente y dijo eso de que lo suyo era una descarga legal…. y de ahí a dormir cuatro horas, pues como que hay un paso.

Bien. Bromas aparte (que las hubo, y buenas, ¡a Buenafuente le dio hasta para recordar el pollo que se ha montado con la bancarización de las cajas, es que ni a Salgado nos la respetan, estos cómicos!), y ojeras aparte, que no le importan a nadie, yo me pregunto, desde ayer, ¿y ahora qué hacemos?

¿Qué hacemos, ministra? ¿Qué hacemos, De la Iglesia? ¿Qué hacemos, cientos de miembros de la Academia que aplaudieron a duras penas a su (aún) presidente en su duro discurso, que incluso le silbaron así como en bajito? ¿Qué hacemos, actores y actrices reivindicativos, guionistas y directores valientes? ¿Esperamos a ver qué nos resuelve esta Ley Sinde con todas sus imperfecciones? ¿Esperamos a ver si se le pueden poner puertas al campo virtual? ¿Seguimos pensando que todos los que navegamos por la Red, sobre todo en este país, somos una especie de jetillas con ganas de no gastarnos 5,70 euros en la entrada para ver una peli? ¿O nos sentamos todos -matizo: que se sienten ellos, que para eso les abonamos un abultado sueldo mensual- y buscamos una solución adaptada a las necesidades de salvaguardar los derechos de quien crea (benditos sean, sus derechos, sin ironías, completamente en serio) sin olvidar que la época de los Lumière ya no existe, ya ha pasado?

No tengo una respuesta. Pero el discurso de Álex de la Iglesia de ayer por la noche me parece un ejercicio de valentía que merecía más apoyo por parte de quienes, como él, “tienen la inmensa suerte de vivir fabricando sueños”. Es posible que a De la Iglesia le hayan perdido las formas, los twitters, la inmediatez, que tuviese que haberse sentado con el resto de sus colegas (los que lo nombraron) para decirles lo que iba a hacer, y no dejar a la Academia con la cara de póker que se le ha quedado. Y sin embargo, su discurso de ayer era una declaración de amor al cine tan grande como la de Mario Camus. El director de Los Santos Inocentes pidió a los que vienen detrás que cuenten sus historias con honestidad, y que se les ayude a que no sea tan difícil exhibirlas. Resumió en algo menos de 10 minutos su amor por la manera “mas excéntrica” de contar historias. Álex de la Iglesia lo hizo de una manera más dura, en 6 minutos, pero igual de honesta. Porque, como recordó “una película no es una película hasta que alguien se sienta delante y la ve”. Y en este país, tenemos un problema: la gente ya no se sienta delante de una pantalla grande para ver una película. Y si no, echad un vistazo a los últimos resultados. Así que… ¿qué hacemos?

Opción 1: Nada. Esto se nos da de miedo. Esperamos sentados, dejamos que quienes se lucran con las descargas ilegales campen a sus anchas y hagan caja, y a los que crean, que les den dos duros.

Opción 2: Aplicamos la Ley Sinde tal cual está y a ver qué pasa. Por ejemplo, que proliferen como setas otros sistemas de intercambio de archivos (legales en España) que burlen la norma. Y seguimos poniendo verde a la ministra y a los creadores.

Opción 3: Utilizamos la cabeza y miramos hacia otros países donde desde hace años cuentan con plataformas que permiten de manera completamente legal que circulen películas, canciones, libros, y todo tipo de creaciones PAGANDO. Porque el arte (y esto, en este país, parece mentira, aún nos resulta difícil de entender) cuesta. Cuesta restaurar Las Meninas. Cuesta que el Pórtico de la Gloria no se descascarille aún más. Cuesta que un escritor se siente ante un ordenador y traslade sus ideas y su imaginación a un papel. Cuesta que una bailarina se suba a unas puntas. Y el cine, mira por donde, es un arte. Aunque nos empeñemos en que es “solo” una industria. Una industria cuando nos interesa (cuando hablamos de que la gente no va a ver Pa negre, por ejemplo, pero sí  A tres metros sobre el cielo, y repetimos hasta la saciedad que es que en España solo se hacen películas que hablan de la Guerra Civil ), y un arte cuando nos apetece (que es cuando nos damos cuenta de que existen señores que se llaman Berlanga y que han parido Plácido y Buñueles que han parido Viridiana. O cuando le dan un Oscar al mismo actor español que aquí ponemos verde. Será que los académicos de Los Ángeles son más listos, vete tú a saber).

Es un arte, y una industria, y se subvenciona, sí, como en todas partes, como se subvencionan los clubes del fútbol y las fábricas de quesos (y no tengo nada contra estas últimas). Pero luego resulta que el fútbol patrio es lo mejor que tenemos, oiga (¡somos campeones del mundo!) y que el queso español es mejor que el francés. Pero a ver quién se atreve a decir que una película de un tal Daniel Monzón, por ejemplo, nacido en Palma de Mallorca, protagonizada por un tal Luis Tosar, nacido en Lugo, es mejor que una superproducción de esas que arrasan en Hollywood tipo Slumdog Millionaire. Por poner un ejemplo. Y las comparaciones son odiosas, sí, y a mí, que me ha encantado También la lluvia, me parece que en una balanza quedaría fatal si la comparo con lo último de los Coen. ¿Pero es que cómo quedaría lo último de los Coen si lo ponemos en la balanza con El apartamento de Billy Wilder?

Mucho me temo que no nos quedan más opciones que un pastiche de la 1 con la 2. Y es una lástima. Aunque habrá quien podrá seguir discutiendo en 140 caracteres (yo ya he pasado los 1000, pido disculpas) y dejando circular por la red adelante comentarios que critiquen la vida privada, el vestido, la corbata, la casa, o el amante, del actor, actriz o director de turno que esta semana nos cae mal.

Solo hice una apuesta (un euro, no es mucho, ¿eh?, pero he ganado) con esta edición de los Goya. Pero estoy empezando a plantearme si apostar que la respuesta al “¿Y ahora qué?” que da título a esta entrada del blog es muy sencilla: seguir dedicándonos al deporte nacional. Critica, que algo queda.

Del calor al circo Fellini

Sábado, agosto 14th, 2010

Madrid en agosto es lo que tiene. Que no hay quien respire. Hasta el asfalto parece protestar, y los que tenemos adn del norte nos desmadejadamos. Así que lo único que puedo hacer es escapar de los dos millones de grados a golpe de aire acondicionado. Y esta vez, el más apetecible es el que enfría el interior del CaixaForum. No solo porque rebaja en diez grados la temperatura exterior, sino, sobre todo, porque descubre una visión de Fellini, a través de imágenes, capaz de hacerte pensar en la larga lista de películas del italiano que pueden servir para refrescar las noches de agosto. Aunque una no suela incluir a Fellini en sus altares.

Comisariada por Sam Stourdezé, Fellini, el circo de las ilusiones, recoge el trabajo del director italiano desde sus inicios como caricaturista  -con las mismas obsesiones visuales que en muchas de sus películas-, hasta su relación con Mastroianni, la sex symbol Anita Ekberg, su mujer, Giuletta Masina, los guiones (algo que, cuenta, le da miedo), los sueños, los cientos de rostros anónimos que se ofrecieron para sus películas y se quedaron en un cajón, los freaks, la Iglesia… Universo Fellini concentrado en un laberinto de paredes blancas en el que una voz (Marcello, come here…, ¿os suena?) repite su estribillo como el conejo blanco de Alicia, acompañado de cualquier sonido creado por su amigo Nino Rota, esa música que huele, que sabe a cine.

Escándalos en la prensa, caricaturas, anuncios inventados para la maravillosa Ginger y Fred, la sombra de Berlusconi escondida ya en alguna esquina, imágenes de proyectos nunca realizados (ese alucinante viaje de G. Mastorna convertido en cómic por Milo Manara). Da igual el formato. Ese algo abstracto que muy pocos cineastas consiguen (universo creativo, imaginario, mundo visual, llámale x…) se esconde en cada cosa que firma Fellini. Un director que prioriza imagen sobre palabra (¿cómo se explica, si no, que prefiera que los actores cuenten en vez de hablar, para después introducir los diálogos?) y que se resume en 400 disparos. Carteles, documentales, portadas, revistas, fragmentos, imágenes absurdas como esta, Fellini en pleno casting. No sé por qué no me sorprende…

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(La exposición estará en Madrid hasta el 26 de diciembre. No hará calor, pero el cine también abriga en invierno)

Feliz Navidad (todavía)

Domingo, diciembre 27th, 2009

Lo sé, llego con retraso. A estas alturas, casi debería felicitaros el año nuevo, y no las Navidades. Pero desde esta esquinita del cine, no quería dejar de mandaros la que, para mí, es una de las mejores maneras de felicitar las fiestas. Supongo que en el ránking de películas navideñas, los más clásicos se quedarán con visiones algo más optimistas, como la de Frank Capra en ¡Qué bello es vivir!. Otros, renegando del espíritu navideño (echadle un vistazo a lo que cuentan mis compañeros Luis Pousa y Javier Becerra, con los que estoy hoy más que de acuerdo), echarán mano de la mala baba de Henry Selick y su maravillosa Pesadilla antes de Navidad, o de gamberradas más o menos afortunadas como Bad Santa, de Terry Zwigoff.

Pero para mí, y en pantalla grande, la Navidad sigue sonando como esta pequeña joya de Vincente Minelli, la voz de Judy Garland, y las lágrimas de Margaret O’Brien. ¡Felices (y pequeñas) fiestas para todos!

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 (De Cita en San Luis, 1944)

S (o censura, y III)

Martes, diciembre 1st, 2009

No sé si ha sido un ejercicio de autocensura, si ha sido el duelo por López Vázquez, o la tormenta continua en la que se convirtió noviembre… pero este cierre por derribo no tiene justificación, así que siento la huida. Estoy de vuelta, y tenía una S pendiente.

Una S que ya no existe, pero que entre finales de los 70 y principios de los 80, se encargó de acoger lo que conocemos como cine del destape, pero también el gore, y toda una fauna de subgéneros bastante inclasificables que no eran adecuados, según los cánones de la época, para todos los públicos.  En realidad, y por seguir con el abecedario, dentro de la S había mucha película de serie B, española o extranjera, pero también mucho supuesto escándalo erótico (algunas, vistas hoy, creo que no escandalizarían ni a los virginales Jonas Brothers) llegado de fuera de España. En teoría, englobaba todo aquello que podían “herir la sensibilidad del espectador”.

Y así, entre el 77 y el 82, se estrenaron en este país decenas de películas con esta categoría. Por salirnos del destape patrio, en la lista de la S de aquella época nos encontramos cosas tan dispares como Saló o los 120 días de Sodoma (Pier Paolo Pasolini, 1975), La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974), Salón Kitty (Tinto Brass, 1976), Holocausto Caníbal (Ruggero Deodato, 1980), Calígula (Tinto Brass, 1979), La gran comilona (Marco Ferreri, 1973), El imperio de los sentidos (Nagisa Oshima 1976), Mad Max (George Miller, 1979), Las colinas tienen ojos (Wes Craven, 1977)… ) o El crimen de Cuenca (Pilar Miró, rodada en el 79, estrenada con su flamante S en el 81).

La propia Pilar Miró no esperó ni dos años después de aquel estreno a cargarse la S. Nombrada Directora General de Cinematografía por el primer gobierno socialista, en el 83 su nueva ley del cine (que se conocía, de hecho, como Ley Miró), cambió el sistema de ayudas a la producción, y eliminó la S del diccionario del cine. Aquellas películas con alto contenido sexual o violento entraban en otra letra, la X, y esta letra tenía salas propias y producciones propias que se quedaron fuera de la red de ayudas. Aquella Ley Miró supuso el fin definitivo de la censura de las cuatro décadas anteriores… y volvemos a la pregunta del primer post de esta serie, ¿enviar una película a la decena escasa de salas X de este país es censura? El debate sigue abierto entre los lectores del blog.

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