Ni pan, ni techo
Jueves, julio 19th, 2012En el viernes 13, día de autos, día de estreno también, pago por la entrada para ver Elefante Blanco 7,50 euros. IVA incluido. Mientras espero a que empiece la película, me ayudan a echar la cuenta (una, que es de letras) de lo que pagaré en septiembre: 8,41 euros. Esa misma mañana, una compañera me cuenta que se ha dejado en llevar a sus hijos al cine unos 25 euros. Prefiero no pensar en cuántas familias dejarán de hacerlo a partir de ahora. Ya no son muchas. Y seguro que alguno me dice que están las cosas como para pensar en ir al cine, cuando hay quien no puede ni soñar con gastarse ese dinero, cuando llegar a fin de mes ya no es una frase hecha sino un calvario.
Para buena parte de los españoles, el cine es un artículo de lujo. Los datos oficiales dicen que el precio medio de una entrada en España es de 6,46 euros. No pago 6 euros por el cine desde hace años. Es lo que tienen las estadísticas. Y eso que vivo en provincias. En Madrid o Barcelona, las entradas están en otra dimensión. Esta semana de locos, le han preguntado al presidente de los productores de España si le parece caro el cine. Dice Pedro Pérez que no. Pero reconoce (le han hecho la entrevista en Europa Press) que tal vez no sea positiva una política de precios demasiado rígida. Porque si en otros sectores los precios son diferentes para cada producto, en el cine podría hacerse algo parecido. A él no le parece caro, pero entiende que si el espectador piensa que sí lo es, habrá que mirarlo. Y si ahora hay que mirarlo, ¿qué hay que hacer en septiembre? ¿Enterrarlo?
Las comparaciones son odiosas. Pero en la Alemania de Merkel, donde el tipo general del IVA está en un 19%, el cine se queda en el 7%. En Grecia, el general en un 23% y el cine en un 9%. En Irlanda, el general en un 21% y el cine en un 9%. En Portugal, el general en el 23% y el cine en el 13%. Ni siquiera los tres países rescatados por la UE han sacado los pies del tiesto de esta manera. Aquí, sí. Y por sorpresa. Si nada lo remedia, desde el 1 de septiembre podremos estar orgullosos de ser el único país de la zona euro que no aplica un IVA reducido al cine. Así que una de dos. O queremos ser el ojito derecho de la maestra (aunque ni la maestra suba el impuesto de golpe en 13 puntos), o aquí alguien se columpia, improvisa, y a ver si cuela. Unos héroes. Vamos a recaudar tanto dinero con el IVA de los espectáculos culturales que nos van a dar una medalla. O dos.
El cine no es pan, ni es techo. Pero alimenta las neuronas, despierta conciencias y entretiene. Y da trabajo y genera riqueza, por si alguien insiste en que lo anterior es secundario. Los datos de la recién creada Unión de asociaciones empresariales de la industria cultural hablan de 4.000 empresas y 150.000 empleos.¿Para ellos tampoco es pan ni techo? La Academia do Audiovisual Galego calcula que el paro del sector (entre técnicos y artistas) ronda el 50%. Me lo contaba esta semana su presidente, Antonio Mourelos en RadioVoz. Se quejaba, con razón, porque “siempre da la sensación de que determinados gobiernos no entienden en qué consiste la cultura y la industria cultural, los puestos de trabajo que genera y lo que mueve el cine, la televisión, el teatro, la música…”. Reconocía, claro, que si el cine muere no será solo por esta subida del IVA, “pero le va a dar la puntilla”.
Y más paro que va a haber. La Federación de Cines de España se llegó a plantear un cierre patronal. No lo habrá porque entienden que “lo único que conseguría será agravar aún más la situación y perjudicar alos espectadores”. No hay huelga, pero vaticinan que habrá cierres. Y que se perderán puestos de trabajo. Gran noticia en un país con más de 5 millones de parados.
El cine no es pan, ni es techo. Y todos tenemos que apretarnos el cinturón, porque como dice el Ministro que se dedica a jalear a la prima de riesgo, no hay dinero. Pero parece que todos no somos todos, en realidad. Como Hacienda (nunca mejor dicho). No pasa nada. Enterremos el cine, que total qué importa. Y el teatro, y la música y la danza. Qué importa. La cultura no es pan, ni es techo, pero sí lo es para miles de personas que viven de ella y no cobran una pasta.
No es pan, ni es techo, y nada que no lo sea parece hoy importante. Y cuesta levantar la voz para recordar que existe. Pero existe. Y es pan y es techo también. Miedo me da preguntarme en qué se convierte un país que desprotege su cultura hasta enterrarla. Y más miedo me da la respuesta.





