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Entradas para la categoría ‘Al pie de la letra’

Cine para leer al sol

Domingo, abril 21st, 2013

Estalla la primavera de repente, y en un día todo cambia. La luz, el aire, los olores, los rostros de la gente. Como un ejército de buenas caras que han estado en la trinchera de este largo invierno, esperando a que pare de llover y se vaya el frío para salir a la calle a disfrutar de estos rayos que no calientan nada. Pero para el yonqui del buen tiempo en Galicia, 18 grados son como un chute gratis. Fiesta de guardar. A la calle. Qué haces en casa, que tienes cara de folio. Que te dé el aire. ¿Pero cómo vas a ir al cine hoy, con este día?
Al parecer, el buen tiempo es incompatible con el cine. Desperdiciar los dos días de primavera es un crimen penado con más meses de cárcel que el delito fiscal. Por cada día de sol que pierdes en el cine, tocan dos meses de lluvia continuada. Dice un amigo mío que a partir de ahora, vamos a tener dos estaciones: el monzón y la seca. Aunque yo sospecho que todo esto es una estrategia de los productores de Juego de Tronos, que están bombardeando nubes para que nos metamos en el papel y nos preparemos, porque el invierno está llegando. Ya lo ven, no parezco estar acostumbrada al sol y me provoca ideas de bombero con sobredosis de polen.
El caso es que para no perder estos rayos de sol pero no dejar el cine, me he hecho con una Linterna Mágica. No de las mecánicas (qué más quisiera) sino de papel. Estas breves y maravillosas memorias de Ingmar Bergman en las que parece esconderse todo el universo de Fanny y Alexander, incluso del Séptimo Sello, un mundo de niños y pastores, de represión, de miedo, de olores familiares, de alfombras pesadas y casas de campo en Dalecarlia. Todo el universo de un genio condensado en los recuerdos de un niño.
Y sobre todo, dos ideas: la puesta en escena como forma de vida (“esa deformación profesional que me ha acompañado sin piedad toda la vida y que tantas veces ha robado o escindido mis más profundas vivencias”) y el cine como fiebre:

“Lo que yo más deseaba en el mundo era un cinematógrafo. Un año antes había ido al cine por primera vez y había visto una película que trataba de un caballo, creo que se titulaba Belleza Negra y estaba basada en un famoso libro infantil. La pasaban en el cine Sture y nosotros estábamos en la primera fila del anfiteatro. Para mí ése fue el principio. Se apoderó de mí una fiebre que no desaparecía. Las sombras silentes vuelven sus pálidos rostros hacia mí y hablan con voces inaudibles a mis más íntimos sentimientos. Han pasado sesenta años y nada ha cambiado, sigue siendo la misma fiebre”.

El director, en familia. La foto es Lennart Nilsson. Seguro que hay quien piensa que el cine de Bergman es demasiado intenso para el buen tiempo… a mí siempre me han gustado los veranos de sus películas.

Pantallas, señales, letras

Domingo, mayo 8th, 2011

(Nota a pie de página para una misma)

Con el café del desayuno de este domingo llega la primera. Es lo que tiene levantarse tarde, y el olor de las tostadas, y las páginas de la revista que te devuelven el rostro de Robert Redford y las palabras de uno de sus papeles. Bob Woodward ataca de nuevo, esta vez respondiendo a preguntas, en vez de hacerlas. Y te deja un par de dudas entre los dedos.
Mientras la mañana avanza, perezosa, sin saber si ganará la lluvia, aparece la segunda. En forma de lista de películas que debería haber visto cualquiera o que a cualquiera podrían interesarle. Atacas por orden cronológico, pero del revés, para que no se te olvide que un chaval de 14 años puede que no haya visto Cuenta conmigo o Adiós, muchachos. O Requiem por un sueño. Decides, sobre la marcha, como siempre, empezar por el principio. Y llegas a La fiera de mi niña con dos planas enteras de blanco y negro.
Entonces te das cuenta de que la tercera estaba allí casi por sorpresa. Es un sonido tan familiar que se te olvida. Un chasquido de la pluma contra el folio, tantas veces ha dado contra el suelo que supones que ninguna otra pluma hará el mismo ruido cuando ataca el papel.
Ese ras-ras inconfundible te lleva a la cuarta. Saltas de la hoja en blanco a otra revista, donde alguien te recuerda ciertos lazos. (Y que Roberto Rosellini está hoy de cumpleaños) Y dos páginas más allá, alguien más lejano responde a las preguntas que te haces estos días.
Hojas de papel que te llevan a otro tipo de folios. El ordenador te devuelve a un amigo que no imagina cómo entiendes sus palabras. Y de esa pantalla pasas a otra más pequeña, que te permite recibir una sonrisa de vuelta.

Entonces, de golpe, te das cuenta de que en las once horas de sueño de este domingo también había pantallas. Pantallas que no recordabas y que el agua de la ducha te devuelve. Bajo el vapor, una frase. “No creo en las casualidades, solo en los encuentros”. La repite una actriz francesa citando a Claudel. Y esto, claro, trae la quinta.  Ese cuaderno negro olvidado sobre la mesa, como otra pantalla. Y te preguntas por qué protestas por el exceso de pantallas que te rodean, cuando en realidad son las cuerdas que te van atando a lo que de verdad importa. Pantallas de cine, grandes, pequeñas, táctiles, de ordenador, con forma de periódico, en blanco, como una ventana abierta.

(y sabes, como la actriz, como Claudel, que no existen las casualidades. Que las señales son solo formas de leer los mensajes. Como los que te llegan, delante de un café, a través del correo, en otra frase de alguien que ya no está, pero que habla a través de un cuadro y de una voz que te recuerda cada día lo que tienes que hacer. Lo que quieres hacer. Tu historia)

Milana bonita…

Viernes, marzo 12th, 2010

A las siete de la mañana se apagaba, definitivamente, la luz de Miguel Delibes. Quedan, me decía alguien un par de horas después, sus palabras, sus libros, las cinco horas pasadas con Mario, los caminos, los herejes, los santos inocentes… y -pensaba yo- los ojos empañados de Paco Rabal, fijos en un campanario. Porque la potente narrativa de Delibes ha dado frutos no tan potentes en el cine. Desde El camino, de Ana Mariscal (1962),  a Retrato de familia (1976), El disputado voto del señor Cayo (1986) y Las ratas(1996), las tres firmadas por Antonio Giménez Rico. También Antonio Mercero adaptó dos de sus obras, en La guerra de Papá (1977), y El tesoro (1988).

Pero desde luego, si una de las muchas versiones de sus obras tiene que guardarse en un rinconcito de la cabeza de cualquier peliculero es esa maravilla firmada por Mario Camus en el 84. Los santos inocentes no solo es una excelente adaptación de la sencilla, dura y potente novela de Delibes. Es, además, una película inteligente que sigue obligando a mantener la respiración, a apretar los puños. Y sigue sonando hoy con la misma fuerza que hace un cuarto de siglo. Terele Pávez, Agustín González, Juan Diego y, sobre todo, dos inmensos Alfredo Landa y Paco Rabal poniendo cuerpo a los personajes creados por Delibes, y aquel pájaro…

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La ejemplar interpretación de Landa y Rabal sirvió para que en Cannes, aquel 84, ambos se llevasen el premio a los mejores actores. Hace 26 años, los premiados no podían hablar al recoger el premio en la ciudad francesa. Pero Paco Rabal lo hizo. Y solo dijo una cosa… “milana bonita”.

Hay palabras y escenas y actores y escritores que no necesitan adjetivos, ni trucos. Tan solo la fuerza de la verdad que encierran. Como aquel pájaro. Los señoritos. La niña chica. La foto de familia. Paco Rabal. Y Miguel Delibes…

John Ford trata de decirme algo

Martes, enero 12th, 2010

El año pasado tuve que ser buenísima, porque los Reyes Magos dejaron en mi zapato dos biografías idénticas de Paul Newman. Cuatro pares de ojos azules desde la portada del libro que firma Shawn Levy. Hoy me he despedido de uno de los pares  (como si anduviese sobrada de ojos azules…) y después de dar la lata a Isabel, en Libros Cantón 4,  los he cambiado por 846 páginas que indagan en otra de mis debilidades: Tras la pista de John Ford, de Joseph McBride, descansa ahora encima de mi mesa.

Un tocho en toda regla, con una portada un tanto hortera, pero que a mi parte novelera le encanta, será porque antes de ayer me tocó un trozo de Centauros del desierto, y me lo tragué otra vez como una cría. Ahí van John Wayne y Jeffrey Hunter buscando a Natalie Wood, bajo la atenta mirada de Ford….

pistaford

    

 

 

 

846 de Ford + 576 de Newman = 1.422 páginas  que me van a tener muy ocupada

 

(Como no creo en las casualidades, el haberme topado con los Centauros hace dos días, y ayer con El hombre tranquilo, me han llevado derechita al libro. Que digo yo que tanto Ford en solo tres días tienen que querer decir algo…)

Donde viven los monstruos

Jueves, octubre 15th, 2009

Los libros para niños provocan efectos curiosos, a veces. Los críos disfrutan como enanos de historias que a los adultos no les llegan. Ni les convencen. Incluso les escandalizan, como si hubiesen olvidado que hace no tanto tiempo, ellos también se reían, se emocionaban o se asustaban con las mismas historias. Algo parecido sucede con el increíble Donde viven los monstruos, una joya creada por Maurice Sendak a principios de los 60, un pequeño escándalo por la manera de tratar las travesuras del pequeño Max, el protagonista vestido de lobo de esta maravilla que se ha pasado más de cuarenta años recreando los mundos paralelos de niños de todas las edades. De los que se acuerdan de sus noches sin cenar y de los que no…

Este mundo de miedos, enfados, monstruos, niños traviesos, castigos y aventuras está a punto de llegar a la gran pantalla. Primero en los Estados Unidos (se estrena mañana viernes) y dentro de dos meses aquí, en España, a donde llegará para animar la cartelera navideña. Nada de ñoñerías para tener a los niños atontados durante una hora y media en vacaciones. Más bien 100 minutos de un universo visual capaz de dar vida a las imágenes creadas por Sendak. ¿La culpa? De Spike Jonze. Aquí os dejo un aperitivo…

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Aunque decir que la culpa es de Spike Jonze es bastante injusto: fue el propio Sendak el que propuso al director de la irritante Cómo ser John Malkovich (Being John Malkovich, 1999) y El ladrón de orquídeas (Adaptation, 2002) la puesta en marcha de un proyecto que comenzó a rodarse hace ya cuatro años. Junto al niño protagonista, Max Records, completan el reparto la estupenda Catherine Keener y las voces (que aquí nos perderemos) de James Gandolfini o Forest Whitaker.

Para esta película, la Jim Henson Company ha creado toda la fauna de monstruos que habitan en la habitación de Max… nada raro, si tenemos en cuenta que las ilustraciones de Sendak inspiraron algunas de las imágenes y las criaturas de otra película en la que los muñecos de Henson crearon escuela, Dentro del laberinto (Labyrinth, 1986, dirigida por el propio Jim Henson). El director, que se ha pasado media vida creando vídeos musicales, ha confiado todas las canciones de la película a Karen O., la cantante de The Yeah Yeah Yeahs…su ex, por cierto. Cuatro años de producción dan hasta para romper una pareja. Aunque a los niños esto les importará más bien poco. O tal vez no… quién sabe lo que habita en los mundos que los críos inventan entre sus cuatro paredes.

(El libro está editado por Alfaguara. Por si alguien quiere abrir boca, tenga la edad que tenga)

A través del espejo (y lo que Tim Burton encontró allí)

Viernes, julio 24th, 2009

Hasta el 2010 no llega a España,  pero ya sabemos qué es lo que se ha encontrado Tim Burton en su viaje a través del espejo…

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Es tan solo el primer trailer en castellano, pero menos da una piedra… Una Alicia muy crecidita (Mia Wasikowska)  se cuela por la madriguera del conejo blanco y se da de bruces contra un País de las Maravillas mezcla de la sorprendente imaginación de Lewis Carroll y de la alucinante capacidad visual de Tim Burton. No faltan ni  Johnny Depp vestido de Sombrerero Loco ni Helena Bonham Carter convertida en Reina de Corazones. Ni Stephen Fry vuelto gato, ni Alan Rickman convertido en Oruga, ni Anne Hathaway como Reina Blanca.

(Con lo gris que está la cartelera esta semana, y a la espera de Up, a ver si este pequeño aperitivo nos mata el gusanillo…)

Sesión de tarde

Lunes, julio 20th, 2009

Estreno de Harry Potter y el príncipe mestizo. Sesión de las 19.40. En la de las cuatro de la tarde han estado los papás con los más pequeños. A la de las 22.40 irán los que no madrugan al día siguiente. En la de media tarde, todos los pre, post y adolescentes puros y duros. Y los que no nos perdemos una, pero madrugamos. Friskis, que diría un conocido… Ya que se ejerce de friski, mejor prepararse para encontrar una sala llena. De críos, de sonido de teléfonos móviles que no se apagan, de comentarios en voz alta y de palomitas volando… Como cuando teníamos 15 y se hacía cola y las salas de cine aún estaban llenas y se aplaudía al acabar la peli. Una sesión de tarde de las de antes, vamos.

En la pantalla, Harry Potter sigue creciendo. La historias creadas por JK Rowling quedan mejor si directores y guionistas se dan cuenta de que cuanto menos les preocupe la fidelidad al texto, más efectiva es la película. Pasó en la cuarta (Harry Potter y el cáliz de fuego, Mike Newell, 2005) y sobre todo en la tercera de la saga, El prisionero de Azkaban. Alfonso Cuarón pasó del libro lo suficiente como para crear un universo visual propio y liberarse de las páginas de la novela. Consiguió la película más personal de la saga, la más rica, y también las críticas de los fanáticos, que parece que van al cine a que les cuenten al pie de la letra lo que ya han leído. No ha vuelto a dirigir ningún capítulo de la historia del mago, claro. El objetivo, parece ser, no es conseguir películas bien contadas y con cierta personalidad. Hay que hacer caja, ¿y para qué arriesgarse?

Con este punto de partida, la Warner escogió para la quinta (La Orden del Fénix, 2007) a David Yates, que dirige también esta y se quedará en las dos siguientes.  Consigue más que Chris Columbus en el arranque de la saga (no era muy difícil), pero sigue desperdiciando las posibilidades de convertir el libro en algo más que una traducción a imágenes.

Feliz cumpleaños, Señor Chandler

Miércoles, julio 23rd, 2008

 

¿Qué habría pasado si el 23 de julio de 1888 no hubiese venido al mundo Raymond Chandler? Entre otras cosas, no habría nacido el detective Philip Marlowe, Humphrey Bogart no habría conocido a Lauren Bacall en El sueño eterno, Barbara Stanwyck no habría destrozado la vida de Fred MacMurray, y Robert Walker no habría abordado en un vagón de tren al incauto Farley Granger para proponerle macabros intercambios de crímenes.

Otros habrían ayudado a Wilder y Hitchcok a adaptar los guiones para Perdición y Extraños en un tren, ¿pero sería lo mismo? Y sí, es posible que el cine negro sobreviviese sin el detective Marlowe, pero sería mucho más triste.

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 (Como no se ha inventado aún nada que nos haga resistir 120 años en pie, hoy habrá que celebrarlo a golpe de novelas y películas. Además de las tres mencionadas, me quedó con El largo adiós, de Robert Altman, y ese Marlowe desgarbado que regala Elliot Gould)

Saltar de la lista negra

Martes, julio 1st, 2008

Restituir el honor perdido,  la memoria ensuciada, es un acto extremadamente complejo. Cuando uno ha sido incluido en una lista negra que prohíbe que desarrolle su trabajo, cuando ha sido acusado de delitos no cometidos, e incluso inexistentes, como en este caso, ¿sirven de algo las acciones posteriores para limpiar un nombre? Hollywood sabe mucho de listas negras, gracias a ese señor siniestro llamado McCarthy. Y aún hoy, más de medio siglo después, a pesar de los reconocimientos públicos, de repente encuentras una reedición de Vacaciones en Roma y descubres que el guión, en realidad, lo escribió, Dalton Trumbo.

  

dalton1.jpgResulta que William Wyler rodó esta maravilla en el 53. Y como Trumbo no podía firmar, otro guionista, Ian McLellan Hunter puso su nombre… y recogió el Oscar que se llevó el texto. ¿Estaría Trumbo muerto de risa por la incongruencia de la industria cinematográfica de su país, o se mordería la lengua para no gritar por aquella injusticia?

Trumbo murió en el 76, y diecisiete años después, a su mujer le entregaron un Oscar que reconocía la autoría del guión. Porque el antiguo se lo quedó en casa el hijo de McLellan. Así que memoria recuperada sí, pero no tanto…

(La cosa es incluso peor, porque el proyecto, en principio, lo iba a rodar Capra, pero su estudio se vino abajo cuando se enteró de que Trumbo estaba detrás de la historia. A Wyler, al parecer, le importaba bien poco. Menos mal).

De profesión, guionista

Miércoles, abril 9th, 2008

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Que levante la mano quien sufra mal de vivienda. Los que quieren irse de casa de papá y mamá pero no les llega el sueldo. Los inquilinos permanentes (y sin ayudas) que querrían comprar y no pueden. ¿Qué estarían dispuestos a hacer por un piso? Os doy una idea: ¿y si os casáis con el casero o la casera, para heredar? La idea no es mía, claro, es de Rafael Azcona, que lo escribió para El Pisito con Marco Ferreri en 1959. Ayer en Málaga, en pleno festival, se dedicaba toda la jornada al guionista, padre de algunas de las mejores películas que se han hecho en este país. Pisitos, plácidos, verdugos, escopetas, vaquillas… historias para reírse de cosas que maldita la gracia que tienen. Y que siguen sacando punta a temas que todavía hoy ocupan las primeras planas de los periódicos. Ayer hablaron de todas ellas sus amigos, los que trabajaron con él en algún momento de su vida. Porque hay cincuenta años de cine (no pongo español porque las buenas películas son de todos) resumidos en la carrera de Azcona, que murió hace dos semanas, sin dar tregua: estamos pendientes de que se estrene Los girasoles ciegos, la adaptación del libro de Alberto Méndez, que el propio Azcona trasladó al cine junto con el director de la cinta, José Luis Cuerda. Con Cuerda, por cierto, ya trabajó en La lengua de las mariposas (1999) y El bosque animado (1987).

Sin Azcona no habríamos visto Plácido (Luis García Berlanga, 1961), ni El verdugo (otra vez Berlanga, 1963), ni  ¡Ay, Carmela! (Carlos Saura, 1990), ni Belle Epoque (Fernando Trueba, 1992)… o las habríamos visto, pero no serían iguales. ¿No merece, solo por eso, algo más que un homenaje que pasa casi desapercibido? ¿Un ciclo completo, reposiciones en cines? ¿Un pisito en el séptimo cielo?

ojd