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Entradas para la categoría ‘Actores, actrices y otros mitos’

Los 40 en sesión continua

Domingo, mayo 6th, 2012

Porque hay cine que no sabe lo que es la crisis de los 40, esto es lo que cuento hoy en el Extra de La Voz de Galicia…

UNA COSECHA DE OBRAS MAESTRAS QUE NO ENVEJECEN

El 72 fue el año en el que Bob Fosse arrebató el Oscar al mejor director a Coppola. El año en el que “El Padrino” se convirtió en leyenda. A la cosecha cinematrográfica se suman los nuevos valores que vinieron al mundo y cumplen ya los 40.

¿Qué tienen en común El Padrino, Cabaret, El discreto encanto de la burguesía, La huella, La huida, La cabina, Jude Law, Alejandro Amenábar o Gwyneth Paltrow? Unos envejecen mejor que otros, pero todos son de la quinta del 72. ¿Era inevitable que se dedicasen al cine quienes vinieron al mundo año en el que Coppola dio el pistoletazo de salida a la madre de todas las trilogías? Tal vez no, pero la cosecha de aquel año dejó directores como Alejandro Amenábar,  actores como Law, Paltrow, Cameron Diaz, Vanessa Paradis, Adrià Collado o el matrimonio Ben Affleck-Jennifer Garner.

Algo tendría que haber en el aire hace cuatro décadas para que el Oscar a la mejor película extranjera se lo llevase El discreto encanto de la burguqesía, de Luis Buñuel para… Francia, claro. Para que Bertolucci escandalizar a medio planeta con El último tango en París. Para que Mankiewicz se marcase su última, macabra y genial vuelta de tuerca encerrando en una mansión a Michael Caine y Laurence Olivier en La huella. O para que Antonio Mercero y ese señor bajito con bigote revolucionasen desde España y desde una pequeña pantalla el panorama del cine fantástico con esa joya que es La cabina.

Clásicos como Buñuel y Makiewicz convivían en las carteleras con los moteros tranquilos y los toros salvajes, aquella generación que llevaba casi media década dándole la vuelta al calcetín del cine para crear, partiendo del viejo lenguaje, una manera completamente distinta de contar las cosas. Más salvaje, más seca, con el sello de directores como Peckinpah, que lanzaban a Steve McQueen y Ali MacGraw en carreras hacia ninguna parte.

Pero hasta los mayores de la clase seguían demostrando oficio. En 1972, ese señor gordo y macabro llamado Hitchcock estrenó Frenesí. Guardaba los mismos modos que 40 años antes… pero su penúltima película, como los tiempos, habían cambiado. Todas tienen 40 años. Pero apenas una arruga.

Y cuatro recomendaciones:

CABARET: Bienvenidos al KitKat Club

Más que un musical, más que una historia de amor, más que una cinta histórica… Bob Fosse borda en Cabaret la historia de Sally Bowles, convierte a Liza Minnelli en un mito y revoluciona la manera de rodar y montar los musicales. Sórdida, atípica, divertida y crítica, o cómo róbar a Coppola el Oscar al mejor director en el Berlín de entreguerras.

EL PADRINO: El apellido que marcó el cine

No es solo una de las mejores películas de la historia. Es una leyenda. Guión milimetrado, Marlon Brando fuera de catálogo, música de Nino Rota, el descenso al lado oscuro de Michael. La familia, la muerte, las ofertas que no se pueden rechazar. Nada sobra, nada falta. Y (casi) lo mejor: es el prólogo perfecto a una segunda parte antológica.

EL ÚLTIMO TANGO EN PARÍS: Sexo, mantequilla y Brando

Hay películas que merecen ser vistas solo por una secuencia. Marlon Brando gritando bajo un puente es una razón más que suficiente para dejarse envolver de nuevo por una cinta que es más que eso. Un escándalo firmado por Bertolucci que envejece mal pero que marcó a una generación que nunca volvió a ver la mantequilla de la misma manera.

LA CABINA: Angustia en 37 minutos

La puerta de una cabina que no se abre. Un guión firmado por Garci y Mercero para TVE. Y encerrado entre los cuatro cristales, el impagable José Luis López Vázquez convertido en la imagen del terror: el que nace del absurdo de las cosas cotidianas. Un icono de la televisión de otra época premiada con un Emmy al mejor programa de ficción.

 

 

“Si comprendemos el pasado, entendemos el presente” (de parte de Tavernier)

Domingo, noviembre 6th, 2011

Mis compañeros de La Voz de Galicia me dejaron este sábado una de sus estupendas páginas de Cultura para contar a los lectores las reflexiones del director francés Bertrand Tavernier, a su paso por Compostela. Pero este lionés del 41, autor de una trayectoria tan interesante como irregular, preocupado por la Historia y las historias, por los problemas de personajes siempre complicados, ambiguos, que viven situaciones complicadas (y en muchos casos, muy duras), compartió conmigo muchas más cosas que no caben, en ocasiones en el papel. Así que os dejo aquí la entrevista completa con Tavernier (y aprovecho para agradecerle al profesor Luis Hueso, de la USC, que nos prestase el teléfono de su despacho para charlar con calma)

¿Qué papel juega la Historia en las películas?

La Historia siempre ha jugado un papel importante en mi vida, en mis lecturas, en mis películas, creo que los temas históricos tiene algo apasionante, es un medio de ejercer la imaginación, y las películas históricas son formidables para ejercitar tu imaginación, con emociones muy fuertes, con pasiones muy fuertes, y pienso que la historia no es algo muerto, sino algo muy vivo, muy actual. Mi última película, La princesa de Montpensier, es una película histórica, pero el espectador lo ve como una película muy actual, sobre sentimientos muy modernos, de amor, de revolución, de lucha contra el fanatismo. Y la que hice antes, En el centro de la tormenta, es una película policíaca, y en una película “noir”, el personaje, el detective se encuentra un fantasma de la Guerra de la Secesión, que le ayuda a comprender la Luisiana actual. Si comprendemos el pasado, entendemos el presente.

Ha filmado sobre el siglo XVI, sobre la I Guerra Mundial, sobre la Ocupación, la actualidad… ¿qué época le interesa más?  

Es que yo no pienso en épocas, pienso en emociones: si hago una película sobre el siglo XVI, pienso en una historia sobre una mujer muy joven, muy cariñosa, que ama a un hombre, y cuando la obligan a casarse con otro hombre, voilá, esto es lo que me interesa. ¿Qué pasa en la cabeza de una joven obligada a casarse, cómo va a hacer el amor con un hombre al que no ama? Y después pienso en la época en la que ella vivía… nunca he dicho “voy a hacer una película sobre el Renacimiento”, digo “voy a hacer una historia de amor”.

Algunas de sus películas han causado mucha polémica, como Salvoconducto o La carnaza. ¿Busca provocar?

No, no, creo que la polémica la causaron los que no entendieron nada de la película. En Salvoconducto, lo único que hubo fue un grupo de gente que hizo una lectura totalmente estúpida de la película, como si atacase a la Nouvelle Vague, que es algo totalmente falso, ¡esto pasa en 1942!

Pero usted también ha resultado polémico con películas sobre temas más actuales. La carnaza fue un escándalo, ¿así veía a la juventud francesa?

Tampoco fue tan escandalosa en Francia, sí era una muestra de cómo estaba la educación en Francia. Yo creo que si la película era realista, que sí lo era, era la prueba de que la educación no iba bien. La película no es un ataque a la juventud francesa, sino a unos jóvenes que están totalmente dentro de un fenómeno virtual, que son incapaces de afrontar la realidad, y cuando la afrontan, causan un desastre.

Una vez dijo usted que su oficio consiste en inventar, hacer soñar y a partir de ahí, producir cualquier cosa que cambie el mundo. ¿Pueden las películas cambiar el mundo?

Hay películas que dan resultados: hubo 18 personas que decidieron hacerse profesores a causa de Hoy empieza todo. Conseguí 18 puestos de trabajo en la enseñanza, ¡no está mal, es una victoria! (se ríe al otro lado del teléfono). Y mi documental Histoires de vies brisés lo vio Sarkozy cuando era ministro del Interior y me dijo: «Antes de ver su película yo estaba a favor de la doble pena, pero ahora estoy en contra y la voy a abolir». Y la abolió.

(La doble pena, por cierto, es una medida que antes se aplicaba en Francia y que consiste en que, para una persona no francesa -aunque lleve décadas viviendo en el país o incluso haya nacido allí-, que cometa un delito, una vez cumplida la pena princioal, se le puede aplicar una expulsión de Francia a un país de origen… aunque no sea el suyo. A finales de los años 90, afectaba a más de 20.000 personas)

(foto: Sandra Alonso)

 Hoy empieza todo cuenta la historia de un colegio en la Francia rural, una historia realmente dura… Hace unos años, también de su país llegó La clase, una película sobre el tema. ¿Por qué les preocupa tanto a los cineastas franceses el tema de la educación pública?

Porque la educación es un tema formidable. Porque en la actualidad, la educación pública en Francia está sufriendo mucho, por culpa de los ministros de Educación, con programas imbéciles, la enseñanza de la Historia en Francia es un escándalo. Los últimos dos o tres ministros han suprimido puestos de trabajo, han realizado recortes económicos, suprimido la enseñanza artística en la escuela… El protagonista de Hoy empieza todo fue nombrado después director de un colegio, y me ha dicho que hace poco le han eliminado el presupuesto para la biblioteca. Francia tenía una escuela estupenda, democrática, y ahora está a punto de desaparecer.

Usted ha rodado películas de ficción, pero también documentales. ¿Qué le ofrece un género frente al otro?

Hay temas que no puedes tratar como ficción, y al contrario: si quieres hacer la crónica de un grupo de policías, no puedes hacer un documental porque nunca podrás grabar a policías que se quedan con la droga. Lo dicen las encuestas, pero lo niega el Ministerio del Interior, es de lo que habla L.627 (su película de 1992), y en un docuemental no lo puedes tratar, pero sí en un film de ficción. Así que si tratas temas que se hablan sobre una institución, la ficción es mejor. Si hablas de la vida en un barrio, por ejemplo, o de la memoria de la guerra de Argelia, el documental es más interesante. (Sobre estos dos temas, Tavernier ha rodado los documentales Del otro lado de la periferia y La guerra sin nombre).

Tengo una duda sobre su pasión por el Sur de los Estados Unidos, a la que se ha acercado en el documental Mississippi Blues y en En el centro de la tormenta

Por un lado, esta zona fue francesa durante mucho tiempo. Pero además, la Historia de Luisiana también juega un papel importante, porque mientras hace doscientos o trescientos años en California o en Texas no había nada, en Luisiana ya había una Historia, el pasado es importante.Y también me interesa por los grandes escritores del Sur, como Faulkner… pero es verdad que ejerce una fascinació pero no solo para mí, sino para muchos, muchos franceses.

¿Y el jazz? Para muchos amantes de este estilo, Alrededor de la medianoche es una de las mejores películas sobre este género… y sobre la amistad.

Hay muchos músicos de jazz que me han dicho eso. Es una película que nace de la pasión por esta música, de darles las gracias a esos músicos que me han aportado tantas cosas.

¿Cómo fue trabajar con un genio como Dexter Gordon?

Fue un trabajo al mismo tiempo extraordinario y a veces difícil. No con la cámara, porque se reveló como un magnífico actor, pero en algunos momentos parecía que se podía destruir como el personaje, a veces hubo que luchar un poco con él. Pero aportó tantas cosas maravillosas a la película, que fue impagable. Hubo que trabajar mucho, pero el resultado fue extraordinario.

¿Y cómo ve hoy el cine europeo? ¿Y el cine francés en particular?

Creo que hay películas tremendamente interesantes, en el último mes he visto películas francesas muy buenas, formidables. Así que soy optimista, también porque en Francia películas como la última de Almodóvar ha tenido un gran éxito de público. Y hay muchas películas americanas que son remakes de películas europeas. Pero lo mejor es que en Francia hay un número muy importante de buenas películas.

Este viernes terminó en Cannes la cumbre del G20. Tal y como está la Unión Europea, a usted que le preocupa tanto la realidad, ¿qué les pediría a nuestros dirigentes?

¡Que le den más peso a la cultura! Que la Unión Europea tomen decisiones económicas, por ejemplo una política fiscal común, que luchen contra los paraísos fiscales,que luchen contra el caso, por ejemplo de que Google se vaya a localizar en Irlanda para evitar los impuestos… que los dirigentes se preocupen por el pueblo y no por el mercado. ¿Sabe? Le recomiendo que revise una película con Jean Gabin, Le président, y en un momento Jean Gabin hace un discurso en el que dice que él está solo está por Europa… pero por la Europa de los trabajadores y no por la Europa de los accionistas.

Una película para Pina (y un regalo para mí)

Martes, noviembre 1st, 2011

D de danza. La de Pina Bausch. D de dirección. La de Win Wenders. D de declaración. La de amor, de principios, de tristeza, de los hombres y mujeres que compartieron vida y trabajo con Pina. Hoy, 1 de noviembre de 2011, después de películas que iban a cambiar el curso de la historia del cine, después de haberme puesto media docena de veces esas ridículas gafas, hoy, por fin, he entendido qué significa el cine en tres dimensiones. Significa sumar el talento indiscutible de Wenders para crear un lenguaje propio, con la talla de artista inmensa de Pina Bausch. Y conseguir que la pantalla del cine desaparezca, que se diluya, que el espectador sea parte del escenario (sea un teatro, un bosque, un edificio, una calle de Wuppertal) donde los bailarines rinden a Bausch el mejor de los homenajes posibles. El de sus cuerpos en movimiento. Un movimiento que Wenders filma con una precisión de cirujano, pero con delicadeza de amante, de quien sabe que trabaja con la obra de otro artista al que debe respetar y engrandencer. Wenders necesitaba el espacio para rodar esta pieza, preparada antes de la muerte de Pina, pero que ella ya no pudo ver. Para esto sirven las tres dimensiones. Porque sin creatividad, sin arte, ¿añaden algo las 3D a algo de por sí plano?

Hace apenas unas semanas, José Carlos Martínez, nuevo director artístico de la Compañía Nacional de Danza, me decía que la primera vez que trabajó con Pina tuvo que dejarlo. “No pude, no estaba preparado”.  Los rostros de sus bailarines (los veteranos, los que nacieron y se criaron en la compañía, cada uno en su idioma, a su manera, sin palabras o con ellas), expresan en unos primeros planos asombrosos lo que significaba bailar para Pina. Con ella. El sentimiento, la tristeza, el dolor de haberla perdido antes de tiempo está en cada mirada de esta docena de hombres y mujeres que bailan ante la cámara de Wenders. El director apenas parece entrometerse, parece que deja hacer… apenas incluye ciertas grabaciones antiguas para recordar el rostro de la artista, para explicar de quién habla esta gente. Incluso en su decisión de trasladar al exterior buena parte de las coreografías, de salir del escenario habitual, se trasluce un profundo respeto por la obra de la creadora alemana. En medio de una naturaleza que supera también la barrera de la pantalla, los cuerpos de los bailarines se escapan, en secuencias capaces de emocionar con apenas un gesto, un giro, un brazo que se alza para volver a bajar, recorriendo un cuerpo. Si rodar danza no es nada fácil (bueno, se puede ser simple: se coloca una cámara frente al escenario, y andando), aquí Wenders se sube al más difícil todavía: las cámaras bailan, literalmente, entre los bailarines. ¿Resultado? Una maravilla, sin más. Será por algo que Alemania ha decidido, por primera vez, enviar a Hollywood un documental para luchar por el Oscar a la mejor película extranjera.

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(No hace falta amar la danza para apreciar esta Pina de Wenders. Adoro la danza, pero no soy ninguna experta en el trabajo de Bausch. Y ya sabéis que adoro el cine. Pero tampoco me llevaría a Wenders a una isla desierta. Y sin embargo, esta película va a dejarme más poso del que creo que puedo describir con palabras. Lo dice ella misma, cerrando esta pequeña joya. Bailad, bailad. Si no, estamos perdidos)

Truffaut, segunda parte

Lunes, junio 20th, 2011

No sé a qué ando con Truffaut, pero últimamente me asalta en todas partes. La última, esta mañana, capítulo de compras, con el anuncio de la edición especial en DVD y Blu-ray, nivel aguillillas tecnológicos, de Jules et Jim (1962). Que mira tú por donde, está hasta en la sopa estos días, asomada desde una esquina de la librería recordándome que necesita un repaso. Aunque mi copia es vieja y no tan bonita como la del nuevo estuche, claro…

(corriendo por el puente, en dvd,  y más artística, en Blu-ray)

Formatos aparte, la salida (el día 22) de estas dos nuevas ediciones, es la excusa perfecta para recordar a Jules, Jim y la maravillosa Catherine. Una Jeanne Moreau que, por cierto, realiza varios comentarios en estas nuevas copias. Para los que ya la hayan visto, y para los que no hayan disfrutado de esta peculiar (la palabra se queda corta) historia de amor a tres bandas, inspirada, por cierto, en la vida de los padres de Stéphan Hessel.

El estupendo blanco y negro que fotografía Raoul Coutard, el manual de nuevas técnicas, más fluidas, más libres (en el fondo, como la relación de estos tres), que reclamaba Truffaut al frente de la Nouvelle Vague, esa voz en off pausada, la banda sonora… Todo para arropar un estupendo guión y un trío de personajes que se han convertido en un icono. Oskar Werner como el tímido Jules y Henri Serre como su amigo Jim, pero sobre todo una Jeanne Moreau fuera de catálogo, fresca, divertida, enigmática, dramática, intensa… que canta Le Tourbillon como quien no quiere la cosa. Como si su perfil y su sonrisa no fuesen más complicados de entender que los de La Gioconda, vamos…

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(Por cierto, el estuche en Blu-ray es el primero de una serie de clásicos y no tan clásicos inéditos hasta ahora en alta definición. Le seguirán Carretera Perdida, de David Lynch, Los 400 golpes, para seguir con Truffaut, La doble vida de Verónica, de Kieslowski, Noche en la tierra y Down by Law, ambas de Jim Jarmusch, y Vampyr, de Dreyer).

Golpes en blanco y negro

Martes, junio 7th, 2011

No se me ocurre mejor plan para cerrar este martes, y creo que decir esta frase me convierte en una friki. Pero encontrarme hoy en el periódico con la mirada de Antoine Doinel me ha provocado un pequeño escalofrío… como siempre que aparece Truffaut y sus 400 golpes (ya os lo conté cuando cumplió 50 años, aquí).

El CGAI inicia hoy en A Coruña un maratón de cine de Truffaut y este niño, Antoine, de Los 400 golpes a a Domicilio Conyugal, pasando  por Besos Robados y Antoine y Colette.  De aquí al jueves, cita doble, a las 18 y a las 20.45, en versión original subtitulada. Los que, como yo, hayan descubierto una parte del mundo gracias a los ojos de Doinel ante una playa, sabrán de lo que hablo…

Adiós a la gata

Miércoles, marzo 23rd, 2011

El sábado, desde el mostrador de una librería, la mirada felina y la cintura de avispa de Elizabeth Taylor me recordaban su brutal relación con Richard Burton… y solo unos días después, esos ojos violeta se han apagado en Los Ángeles, recién cumplidos los 79 años, superados problemas de corazón, tumores cerebrales, problemas respiratorios, ocho maridos…
La gata ha saltado ya del tejado de zinc… y apenas nos quedan ya mitos de la época dorada del cine.

Porque Elizabeth Taylor es una leyenda. Una actriz poderosa, dura, versátil, capaz de esconder debajo de esa belleza insultante una enorme fuerza interpretativa. Una cría que superó el sambenito de niña prodigio para meterse de lleno en papeles difíciles, crueles a veces, capaz de enfrentarse a otras leyendas como Paul Newman, Marlon Brando, el propio Richard Burton… en una época en la que las actrices eran poco más que caras preciosas, ella demostró que podía ser ambas cosas. ¿Cómo, si no, podría pasar alguien de acompañar a Lassie a engañar al propio Brando, o a gritar y humillar a Burton en medio siglo de carrera?

Tal vez por eso trabajó con los grandes (Mankiewiccz, Brooks, Minelli, John Huston, Edward Dmytryk, Mike Nichols…). Tal vez por eso duele pensar que, a veces, su propia leyenda, sus matrimonios, las joyas, sus últimas imágenes, el doblaje blandito de este país (por favor, buscad si podéis su voz…) esa decrepitud de las últimas décadas, hagan que hoy muchos -sobre todo los más jóvenes- se queden con la Liz Taylor de la peluca negra, la silla de ruedas, el maquillaje absurdo, las apariciones con Michael Jackson… para olvidar a la gran actriz que se ha ido a donde quiera que se van todos los fantasmas que deja el cine.

La gata se ha ido… ¿cómo olvidar esa combinación blanca ciñendo esas curvas, enfrentándose a un Paul Newman alcohólico y al terrible texto de Tennessee Williams? (es la última que he visto con ella, tal vez por eso la cito hoy tanto. Por los que -lo dudo- no la hayan visto, Richard Brooks, 1958).
Se ha ido también esa Catherine en blanco y negro de la cruel, oscurísima y devastadora joya que es De repente, el último verano (Mankiewicz, 1959). Enfrentada a la mismísima Katharine Hepburn, con su amigo Clift, dura, seria, en uno de sus mejores papeles.
Se ha ido Cleopatra (y no me van las megaproducciones en technicolor), pero todo sea por el escándalo que montó con Richard Burton, divorcios de ambos incluidos, dos matrimonios, cartas de amor en las que el actor británico juraba matarse si ella le dejaba.

Se ha ido la alcohólica Martha de ¿Quién teme a Virginia Woolf?, (Mike Nichols, 1966) enfrentada a su marido en la vida real, enloquecida, humillada, humillante, exagerada, salvaje…
Se ha ido la amoral Leonor casada con el comandante Marlon Brando en Reflejos de un ojo dorado (John Huston, 1967). Reconozco que siento debilidad por este papel, por el guión de Coppola, por la dirección sensacional de Huston, por la durísima imagen que de Taylor ofrece esta historia de represión, engaño, e historias a medio contar.

Se ha ido la inconformista Laura de Castillos en la arena (Vincente Minelli, 1965) ajena a cualquier convencionalismo, pintando en la playa. Se ha ido la hija del padre de la novia…

Porque lo se va con ella es medio siglo de cine. De otra manera (no sé si mejor o peor, pero diferente) de hacer películas. No sé ni cómo empezar un menú de homenaje a esta diva. ¿Con estas tres imágenes que os dejo hoy? Tal ves sea el guión ideal… bellísima, en color, en blanco y negro, borracha, con Burton, con Newman, con Clift. Una no cree más que en Wilder, como Trueba, pero quién pudiera creer que hay algún lugar donde los tres han recibido hoy los mejores ojos violeta de la historia de Hollywood.

Panteras, guateques, travestis, diamantes…

Viernes, diciembre 17th, 2010

“Se ha muerto la pantera rosa!” … aparece en la pantalla de mi móvil. Sí, pienso yo. Y El guateque. Y Víctor. Y Victoria. Apañados andamos en este 2010 que nos racanea ahora hasta las carcajadas, con lo difícil que está reírse en los cines, y ahora va y la palma Blake Edwards. Pues qué bien. Y yo, que no puedo parar de reírme porque llevo toda la tarde acordándome a retazos del inspector Clouseau. De Hrundi Bakshi.  Vamos, de Peter Sellers. Y de Julie Andrews (su señora) y Robert Preston en esmoquin y bata de cola, respectivamente….

Y es que la comedia es una cosa muy seria. Pero las películas de risa, como se llamaron toda la vida en este país, tienen fama de menores. Como si un drama, por eso de que habla de cosas sesudas, tremendas, terribles… tuviese más miga que la historia de un extra hindú que se cuela en una fiesta a la que ha sido invitado por error y en la que algunos camareros se beben hasta el agua de los floreros. Y ahora, que levante la mano quien no se haya reído a carcajadas con El guateque (1968), esas dos pinceladas de argumento para montar una de las películas más divertidas (y corrosivas) que aquí a una servidora le ha regalado el cine. Tan seria es la comedia, tan difícil de lograr el equilibrio entre la risa el ridículo, que no hay más que ver la diferencia entre La pantera rosa, año 1963, y La pantera rosa, año 2006. La diferencia, entre otras cosas, se llama Blake Edwards. Y Peter Sellers, claro… pero esa es otra historia. Esa, y que a ver cómo nos habríamos aburrido si a Edwards no se lo hubiese ocurrido encargar un animalito rosa de dibujos.

 Si hablamos de Edwards, tal vez la palabra necesaria sea clase. Que mira que hace falta para rellenar la pantalla con toda la mala baba del mundo y conseguir quitarle a la fraulein María de Sonrisas y Lágrimas toda la ñoñería y volverla del revés en la estupenda ¿Víctor o Victoria? (1982)… a su mujer, por cierto, también le había sacudido pero bien las tonterías en ese ataque feroz y nada serio a la crisis de los 40 llamado 10, unos años antes. Aunque me encanta cómo se ríe hasta de Mary Poppins, creo que me quedo con esa road movie acelerada en la que junta de nuevo a Tony Curtis y Jack Lemmon, en una de sus películas más divertidas, La carrera del siglo (1965) ¡y ese Peter Falk!

blake

Aunque no todo son risas: Edwards es, además, el culpable de que Lee Remick se marcase dos de sus mejores papeles en sendos blancos y negros memorables, nada cómicos. La terrible Días de vino y rosas (y ese final durísimo, qué estupendo Jack Lemmon) y Chantaje contra una mujer, con Glenn Ford. Y como lleva en el fondo más ácido que supuesto glamour, por mucho que se empeñen los que inundan de merchandising horterilla las tiendas de decoración, no puedo incluir Desayuno con diamantes en la lista del Edwards para llorar de risa. Hay que tener mucha clase para adaptar una novela corta de Truman Capote y convertir una historia sofisticada y cruel en una leyenda para todas las niñas con ínfulas de Audrey Hepburn que sueñan con comer cruasanes ante el escaparate de Tiffany’s en Desayuno con diamantes. Todo regado con las oportunas dosis de su amigo Henry Mancini. Doble ración de clase. De la que va quedando poquita…

Berlanguiana

Sábado, noviembre 13th, 2010

Que la vida es como una película de Berlanga lo sabemos en este país desde hace más de medio siglo. Y mañanas como las de hoy no hacen más que recordártelo.

11.15 horas. Un café enorme delante del ordenador. El agua caliente, en huelga. Y en Internet, los ojos azules de Berlanga. Y una, que no da crédito. ¿Que se ha muerto Berlanga? Venga hombre, Berlanga no…

11. 30 horas. Suena el timbre. Una pareja de la policía local, y una en pijama, claro (¡es sábado!). Nada, documentos perdidos y aparecidos, carteras pegajosas. ¿Pero por quién dices que preguntaban? ¿Que quién ha perdido qué? ¿Y dónde ha aparecido? Imagínense la escena familiar. Si la pilla Azcona…

 11.40 horas. Al buzón a por la prensa. Y junto con La Voz, la revista, y un titular: Berlanga, en familia. “El dolor me jode, pero morirme me jode más”. Qué oportuno, don Luis. No sabe usted lo que nos jode a nosotros…

Está el día gris hoy como en una película en blanco y negro. Como en la España de Franco que destripó este genio. Un director a la altura de los grandes, de esos que no nos creemos mucho en este país, cómo va a estar un director nacido en Valencia a la altura de un Wilder, qué va. Poco valor le hemos dado siempre a los genios que parimos, tal vez hayan tenido más suerte los Picassos y los Lorcas. En el cine, pocos monstruos ha dado este país, siempre se me olvida, hay que fastidiarse, don Luis, que el cine español es tan malo.

Tiene que morirse Berlanga para que recordemos que tres de las grandes películas de la segunda mitad del siglo pasado se rodaron aquí. Tres, en realidad, de las grandes películas de todos los tiempos.  Bienvenido Mr. MarshallPlácido.  El Verdugo (con los años, creo que esta es mi berlanga preferida. Y una de las que me llevaría a una isla desierta con dvd y un enchufe. Para escuchar una y otra vez las lecciones de garrote de Pepe Isbert).

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 Las tres dirigidas por este fetichista ácido, tímido, relleno de mala baba, capaz de cargar contra los papanatas, la burguesía en la que él mismo había nacido, los mediocres, la Iglesia y quien hiciese falta. Una película de Berlanga es un “no queda títere con cabeza”, una vuelta de tuerca mojada en ironía sobre una sociedad mediocre y gris, la nuestra. Nadie como Berlanga ha rodado el fracaso, los pequeños fracasos cotidianos. Pero Berlanga no es solo un cronista. Es también (con Bardem, con Fernán Gómez, con Ferreri, con Saura un poco después…) uno de los creadores del nuevo cine español nacido de los 50 del siglo pasado. Un cine que regalaba secuencias delirantes. Como esta…

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En medio de los telediarios, se cuelan las valoraciones, desde de dos mítines en Cataluña, del ministro de Interior y del líder del PP. En el rincón de la barra del cielo en el que hoy se han reunido Azcona, Bardem y Berlanga deben estar los tres escribiendo una escena demoledora sobre las condolencias y las campañas electorales.

Pero qué importa. Se ha muerto Berlanga. Esta misma semana volvía a reaparecer, delgadísimo, en su silla de ruedas, regalando su escaso tiempo para una campaña de Médicos sin Fronteras. Recreando el ritual “que prentende hacerme inmortal”, dice. Nos ha dejado, casi sin querer, un testamento maravilloso. Y no se preocupe, don Luis. No le hacían falta pastillas: usted ya era inmortal. Como su cine.

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Los secundarios primero

Martes, octubre 12th, 2010

La palabra secundario tiene un matiz despectivo que no comparto. Ahora se dice más “actor de reparto”. Cuando en el cine, en el teatro, en la vida, los secundarios son algo así como cemento. Quita un pedacito, y a ver en qué se te quedan las paredes de la película, de la obra, de tu vida… ¿Qué pasaría en Muerte de un ciclista sin el ciclista que provoca el accidente? ¿Y sin el secretario en Bienvenido Mr. Marshall? ¿Y sin Mauro en Los jueves, milagro? ¿Habría Atraco a las 3 sin Benítez? ¿Tendría tantos problemas El Verdugo sin reo al que ajusticiar? ¿Que sería Amanece, que no es poco, sin el padre? 

Todas estas películas (hasta sumar 312) existirían, sí, ¿pero serían lo mismo sin Manuel Alexandre? Setenta años de carrera en las tablas, en pantalla grande, también en la pequeña (en Fortunata y Jacinta, en Los ladrones van a la oficina, en El Quijote….). 92 años que se han apagado esta mañana, muy temprano. Demasiado, a pesar de los 93 que estaba a punto de cumplir. Alexandre no solo era un experto en robar planos con una frase o un gesto… era también la prueba de se pueden haber cumplido los 90 y seguir currando, convertido en protagonista en algunos de sus últimos trabajos. Como Elsa y Fred. O ¿Y tú quién eres? O Los últimos días de Franco, su último gran trabajo para la televisión.  Berlanga y Cuerda se quedan un poco huérfanos de uno de sus habituales.

Se definía como hombre de teatro, y será en el Español, en Madrid, donde mañana se le rendirá homenaje. Y mientras, Alexandre estará sentado en alguna barra, sabe dios dónde, con su amigo Fernando Fernán Gómez. Con Agustín González. Con Pepe Isbert. Con José Luis López Vázquez. Con Luis Ciges. Con Cassen. Con toda esa generación de cómicos (cómo me gusta esta palabra…) que se pasaron una de las etapas más grises de este país enseñando a los españolitos que no tenían nada de lo que reírse que hasta de los más cutres de nuestros instintos se puede sacar punta.

(Y nosotros aquí, más solos que la una. Se nos ha puesto hoy la cara en blanco y negro, de repente…)

25 años sin Welles

Domingo, octubre 10th, 2010

Aunque en realidad, Welles sigue en todas partes… es lo que tienen los genios. Así lo hemos recordado esta mañana en Radio Voz.

http://www.ivoox.com/blog-mrs-robinson-audio-4-audios-mp3_rf_389042_1.html