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Donde se fabrican los sueños

Escrito por Antía Díaz
25 de febrero de 2012 a las 21:05h

Tal vez no sea casualidad que dos de las películas que más me han emocionado estos últimos meses sean dos homenajes al cine. Una recuperación del cine mudo. Y una lección en imágenes de cómo las nuevas tecnologías pueden recuperar al primer mago del cine. Eso es La invención de Hugo, la última criatura de Martin Scorsese. Un cuento de hadas extraño, oscuro y emocionante, una máquina precisa y engrasada a la que, aunque le falten algunas piezas (vale, no es la mejor película de Scorsese, pero ya les gustaría a muchos haberla filmado), no le cuesta enredar al público, emocionarlo, atraparlo. No voy a decir que no parece una película de Scorsese, porque no es cierto: en todas sus películas hay un niño perdido. Desde Taxi Driver a Infiltrados, pasando por Uno de los nuestros o Casino, y si me apuran, hasta en el maravilloso canto de cisne de The Band en The Last Waltz.

 

Porque Scorsese parece mantener esa mirada del niño enfermizo que creció en las salas de cine, observando la vida desde las pantallas. Da la impresión de que esa infancia diferente a la de los otros niños (como su familia italo americana) marca todas sus cintas, por muy diferentes que sean Malas calles y esta invención de Hugo. Diferentes en forma y fondo, pero con cierta visión de la vida muy personal, una huella que no se puede dejar de percibir.

Tiene mucho de Peter Pan y Wendy la relación entre Hugo e Isabelle. Dos niños perdidos que se encuentran gracias a la magia de la estación de tren de Montparnasse. Todo un mundo encerrado entre los andenes, entre el humo de los trenes, en las entrañas donde se esconde la maquinaria de los relojes que hacen que nada se pare. Porque un crío obsesionado con las piezas que hacen falta para mover la vida se empeña en que nada falle. Hay hasta un villano en este cuento de hadas (un estupendo Sacha Baron Cohen), un misterioso anciano que tiene las claves para resolver un misterio (impagable Christopher Lee), un enigma por descubrir… Como en un truco de magia, Scorsese va desvelando las llaves que abren cada puerta, cada paso que da el pequeño Hugo para encontrar respuestas, de la mano de Ben Kingsley. Un niño hecho adulto demasiado pronto, demasiado triste, un niño que cree que cada persona es una pieza que da vida a la máquina del mundo. Pero que no entiende para qué sirven determinadas piezas. Y por qué resulta tan doloroso que una pieza se pierda.

Pero si algo resulta sobrecogedor en este pequeño regalo es la capacidad de Scorsese de recordarnos cómo nació el cine y por qué lo amamos. Quiénes eran los Lumière, Griffith, Buster Keaton, Charlie Chaplin, Harold Lloyd. Por qué cuando eres niño y ves El chico, El maquinista de la general, El hombre mosca… no puedes evitar reírte a carcajadas, contener la respiración, leer en voz alta los rótulos. Esa absoluta devoción que Scorsese tiene por el cine justifica por sí sola esta película. Un homenaje luminoso y oscuro a un tiempo, técnicamente precioso y preciso, pero sobre todo un viaje impagable para quienes podríamos vivir sin el cine, sí, pero seríamos mucho más grises. Peores. Este intento de recuperar al creador de sueños que fue Georges Mèlies. Sus fotogramas retocados, el ilusionismo que permitía que un cohete se estrellase en el ojo de la luna, un cine que pertenece a otra época. Mèlies era un creador de sueños. Y Scorsese, tan apegado a la realidad en toda su filmografía, decide dar un salto más y crear otro mundo.

 

Un mundo en el que demuestra una visión del uso de la tecnología 3D que va más allá de la virguería y los efectos especiales. El lenguaje cinematográfico se renueva constantemente, parece decir, y para explicar cómo se fabricaban los sueños hace más de 100 años, ¿por qué no usar la última máquina que nos hemos inventado?

Máquinas. Relojes, autómatas, juguetes, cinematógrafos. Piezas que hacen que el mundo marche. Que los niños perdidos encuentren su lugar en el mundo. Máquinas que se mueven para que los dibujos, las ideas, las historias de los ilusionistas del cine estallen en una pantalla. Bienvenidos al lugar donde se fabricam los sueños…

 

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