La Voz de Galicia lavozdegalicia.es - blogs | Inmobiliaria | Empleo | Mercadillo

Los Coen van al Oeste

Escrito por Antía Díaz
12 de febrero de 2011 a las 16:09h

Aunque, la verdad, me creo bastante poco esa frase que tanto repiten los Coen estos días de que no han vuelto a ver la versión del 69 de Valor de Ley, yo sí que me he metido en el cine a ver su versión sin repasar la de Henry Hatthaway. Por un simple ejercicio de higiene mental y para tratar de ver la última de Joel y Ethan Coen como si no hubiese detrás una novela (True Grit, Charles Portis ) ni un pequeño mito del cine del Oeste con el último gran papel del enorme John Wayne. Por eso, y porque las comparaciones son odiosoas, y porque los Coen ya habían conseguido una vez que (casi) me olvidase del Quinteto de la muerte (Alexander MacKendrick, 1955) gracias a esa pequeña chorrada que  es Ladykillers. Y perdonad que me vaya por las ramas, pero es que este Valor de Ley va a resonarme en la cabeza aún durante una buen temporada, así que si quiero contar algo coherente, antes tengo que centrarme.

Empezemos por ese cadáver tendido ante el porche de una casa mientras cae la nieve y corre un caballo, con la prodigiosa iluminación de Roger Deakins que ya no abandonará toda la cinta, y la voz en off de la verdadera protagonista de esta cinta, una cría de 14 años (¡14 años!) con la resolución de una mujer  hecha y derecha, dispuesta a hacer justicia para vengar a su padre. No una Ley del Talión, aunque al final de su viaje iniciático sea lo que encuentre, sino una justicia verdadera de quien cree en abogados, en números, en el valor de las palabras, y que subiendo las montañas de Arkansas tras el asesino de su padre descubrirá que parecer una adulta no es ser una adulta, sino que se convertirá en esa mujer que ya apunta maneras, a golpe de cruzar ríos, de balas, sesos en las paredes, perdedores tuertos y rangers de Texas. 

 

 valor-de-ley2

¿Es un western clásico Valor de Ley? Habría que preguntarse si lo era ya Centauros del desierto (The Searchers, John Ford, 1956) si esa búsqueda descreída de John Wayne no fue el inicio, en realidad, de lo que se vino en llamar más tarde western crepuscular. Hay mucho de aquel Ethan Edwards-John Wayne en el tuerto alguacil Rooster Cogburn que borda Jeff Bridges, sin apenas palabras (¡y con un solo ojo azul!). Hay una suma de Peckinpahs y de Sin perdones, y de una tradición más antigua del cine americano, la que entronca directamente con La Noche del cazador (Charles Laughton, 1955)y esa carrera hacia la nada en la que Jeff Bridges devuelve a la vida a la pequeña Mattie, delirando, recordando, en medio de una noche negra en la que no sobreviven ni los caballos ni parecen reales los muertos que se han quedado por el camino, apenas una anécdota ya en uno de los mejores epílogos que he visto en mucho tiempo en una película. Además del homenaje, más evidente, claro, del espiritual negro que cierra la pelicula, 25 años después, delante de una lápida, el mismo espiritual que el predicador Mitchum cantaba a los niños en esa maravilla de Laughton.

Y sin embargo, las referencias cinematográficas, literarias, los subrayados, el ritmo… de alguna manera los Coen consiguen de nuevo sumar todo y añadirle su propio sello, ese humor negro tan suyo, tan Coen, esa manera de leer la vida y las películas que está ya en Fargo, o en El hombre que nunca estuvo allí, incluso en El gran Lebowski, y que no se convierta en un pastiche, sino en una espiral en la que que una actriz de 14 años (maravillosa Hailee Steinfeld) se come a un veterano como Jeff Bridges, en la que lo mejor que se puede decir de Matt Damon es que no parece Matt Damon (y lo digo como un piropo…), en el que James Brolin borda sus dos únicas secuencias. 

He intentando ver Valor de Ley leyendo poco antes sobre ella, sin revisar la versión anterior, pero no he podido evitar discutir durante una semana por qué me gustan las películas del Oeste. Por qué entiendo los valores que esconde una de vaqueros como El hombre que mató a Liberty Valance. Por qué puedo ver otra docena de veces más Centauros del desierto y seguir emocionándome con la espalda de John Wayne en el plano que cierra la cinta. Por qué los códigos marcados desde La Diligencia hasta Grupo Salvaje se pueden interpretar aunque uno no tenga a sus espaldas el imaginario de un espectador medio estadounidense. El cine, los géneros, no se marcan solo por las culturas que los paren. En el fondo, Valor de ley es un relato iniciático, un paso de la infancia a la edad adulta de la manera más dura posible. Hay borrachos, hay asesinos, hay niñas que ya no lo son. Hay, sobre todo, cine en estado puro. A quien le gusten “las de vaqueros”, no les quiero contar cómo van a disfrutar. A quienes no les gusten (sigo pensando que es porque no han visto las suficientes…), no se la pierdan. Tan solo por esa cabalgada a cielo abierto, bajo las estrellas, vale la pena.

Etiquetas: , , , , , , , , , ,

Temas Relacionados

Una respuesta a “Los Coen van al Oeste”

  1. Pomba dice:

    Totalmente de acuerdo con tu entrada de los Coen. Me encanta tu blog.

    [Reply]

Deja tu comentario

ojd