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S (o censura, y III)

Escrito por Antía Díaz
1 de diciembre de 2009 a las 14:08h

No sé si ha sido un ejercicio de autocensura, si ha sido el duelo por López Vázquez, o la tormenta continua en la que se convirtió noviembre… pero este cierre por derribo no tiene justificación, así que siento la huida. Estoy de vuelta, y tenía una S pendiente.

Una S que ya no existe, pero que entre finales de los 70 y principios de los 80, se encargó de acoger lo que conocemos como cine del destape, pero también el gore, y toda una fauna de subgéneros bastante inclasificables que no eran adecuados, según los cánones de la época, para todos los públicos.  En realidad, y por seguir con el abecedario, dentro de la S había mucha película de serie B, española o extranjera, pero también mucho supuesto escándalo erótico (algunas, vistas hoy, creo que no escandalizarían ni a los virginales Jonas Brothers) llegado de fuera de España. En teoría, englobaba todo aquello que podían “herir la sensibilidad del espectador”.

Y así, entre el 77 y el 82, se estrenaron en este país decenas de películas con esta categoría. Por salirnos del destape patrio, en la lista de la S de aquella época nos encontramos cosas tan dispares como Saló o los 120 días de Sodoma (Pier Paolo Pasolini, 1975), La matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974), Salón Kitty (Tinto Brass, 1976), Holocausto Caníbal (Ruggero Deodato, 1980), Calígula (Tinto Brass, 1979), La gran comilona (Marco Ferreri, 1973), El imperio de los sentidos (Nagisa Oshima 1976), Mad Max (George Miller, 1979), Las colinas tienen ojos (Wes Craven, 1977)… ) o El crimen de Cuenca (Pilar Miró, rodada en el 79, estrenada con su flamante S en el 81).

La propia Pilar Miró no esperó ni dos años después de aquel estreno a cargarse la S. Nombrada Directora General de Cinematografía por el primer gobierno socialista, en el 83 su nueva ley del cine (que se conocía, de hecho, como Ley Miró), cambió el sistema de ayudas a la producción, y eliminó la S del diccionario del cine. Aquellas películas con alto contenido sexual o violento entraban en otra letra, la X, y esta letra tenía salas propias y producciones propias que se quedaron fuera de la red de ayudas. Aquella Ley Miró supuso el fin definitivo de la censura de las cuatro décadas anteriores… y volvemos a la pregunta del primer post de esta serie, ¿enviar una película a la decena escasa de salas X de este país es censura? El debate sigue abierto entre los lectores del blog.

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