Un cómico, un servidor, un amigo, un esclavo…
 Un tÃo bajito, calvo y feo. Una de esas caras que se cruzarÃa por la calle y saludarÃa como si lo conociese del portal de enfrente. Un actor capaz de hacer reÃr a todo un paÃs cuando la risa era, probablemente, de lo poco que quedaba para dar luz a una sociedad en blanco y negro. Cuando en España no habÃa ni ganas, una legión de cómicos (esa palabra mágica) se levantó para enseñarnos a reÃrnos hasta de la muerte. Y en ese ejército de genios disfrazados de personas normales y corrientes, apareció en los años 50 José Luis López Vázquez. Bajito, calvo, feo. Y uno de los mejores actores que ha parido este invento de los hermanos Lumière.
Busquemos tres pelÃculas de aquella época que cualquiera deberÃa ver tres veces al año, como quien reza una novena. El pisito (Marco Ferreri, 1959). El verdugo (Luis GarcÃa Berlanga, 1963). Plácido (más Berlanga, 1961). Ahà estaba él. En las tres. Midiendo cabezas de niños, conspirando para conseguir casa, repartiendo pobres en mesas ajenas. Berlanga y su ojo clÃnico lo habÃan fichado en Esa pareja feliz, y el director lo aprovechó, de una manera u otra, a lo largo de toda su carrera. Pero no solo fue uno de los fetiches de Berlanga. Su vis cómica explotó en los 60 a golpe de pelÃculas que hoy metemos en el saco de españoladas y que en su dÃa fueron un filón para la taquilla. Se pasó la década rodando con Gracita Morales, descubriendo qué gran invento era el turismo, dirigido por Pedro Lazaga, Mariano Ozores o José MarÃa Forqué. (Con este, por cierto, dejó dicho eso de “un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo”. Fernando Galindo, para servirles. En Atraco a las 3, claro…).
Y de repente llega Carlos Saura con Peppermint Frappé (1967). Y descubre al José Luis López Vázquez dramático. Saura permitió que otros viesen las capacidades que llevaba dentro. Y en los años siguientes, abre el abanico para seguir rodando comedias, pero también pelÃculas que de risa, más bien poco. Como la preciosa historia de Mi querida señorita (Jaime de Armiñán, 1972), una de sus interpretaciones más arriesgadas. O el terrible Benito Freire de El bosque del lobo (Pedro Olea, 1970). Sin dejar la comedia, claro, porque ya se sabe que, muchas veces, lo de hacer reÃr parece tan fácil que a un actor se le toma poco en serio hasta que se pone intenso… como si anduviésemos sobrados de cómicos. Y el talento de López Vázquez aún tenÃa mucho que decir en más cintas de Berlanga, como la estupenda La escopeta nacional (1978).
Ha sido casi 300 personajes. Y no me caben. Y no querrÃa que se me olvidase ni uno solo de sus rostros, ni siquiera los menos memorables. Porque nos quedan tan pocos cómicos… y los pocos que quedan, los hemos reducidos a pequeños cameos en los últimos años. A algún papel en la televisión. Al aplauso emocionado (menos mal) en los Goya de Honor. A las reposiciones. Sin pensar que una sola imagen de uno de estos genios encierra más cine que hora y media de metraje. Y dejo un ejemplo que quizás os parezca frÃvolo, pero olvidaos de la publicidad y quedaos con su cara. Sus manos. Sus gestos sin palabras. Apenas un minuto para homenajear a  La cabina (Antonio Mercero, 1972). Apenas un minuto para imaginar que, tal vez, este mediodÃa a José Luis López Vázquez le han abierto la puerta de la cabina los Rafael Azcona, los José MarÃa Forque, los Pepe Isbert que ya no quedan. Los viejos amigos. Los cómicos…
Etiquetas: Antonio Mercero, Berlanga, Carlos Saura, Gracita Morales, Jaime de Armiñán, José Luis López Vázquez, José MarÃa Forqué, Lumière, Marco Ferreri, Mariano Ozores, Pedro Lazaga, Pedro Olea, Pepe Isbert, Premios Goya, Rafael Azcona
noviembre 2nd, 2009 at 19:24
Me has hecho llorar, asquerosa
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noviembre 2nd, 2009 at 19:42
No era mi intención! Menos mal que nos quedan sus pelÃculas…
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noviembre 3rd, 2009 at 0:13
sois unos sensibles…..Muy bien Antiiña, te has ganado una cabina en el cielo;)
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noviembre 13th, 2009 at 22:18
Don José Luis en su sidecar recorriendo las calles en gris de nuestra gastada España.
¡¡ Qué grande!!!
MagnÃfica entrada.
Saludos de Jim.
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agosto 22nd, 2010 at 10:17
“Un tÃo bajito, calvo y feo”.
¿por qué intentas decir de alguna manera despectivamente y peyorativamente lo de ser bajito, o calvo?
¿acaso no hay calvitos que son más atractivos e incluso más guapos y menos petardos de que los que tienen pelo? ¿habrá de todo?
¿no?
¿cuanto mides tú? ¿1,80?
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