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Viaje al corazón de las tinieblas

Escrito por Antía Díaz
13 de julio de 2009 a las 13:51h

Leo estos días una entrevista con Coppola en la que recuerda a quienes critican Tetro que en su día pasó lo mismo con Apocalypse Now. Las comparaciones son odiosas, sobre todo porque estos días cae por aquí Corazones en tinieblas (Hearts of Darkness: A Filmmaker’s Apocalypse, 1991) el documental que recoge el material que rodó su mujer, Eleanor, durante los meses que pasaron en Filipinas filmando la película. En una de las conversaciones rodadas por su mujer, en plena jungla, dice Coppola que lo peor que le puede pasar a un director es tratar de hacer una película grande, algo importante, y quedarse en nada. Entonces, dice, la película será una mierda. Durante el tiempo que duró la preparación de Apocalypse Now, el miedo a rodar una basura no se le fue de la cabeza.

A pesar de los temores que Coppola sufrió durante los largos meses de rodaje y desastre de Apocalypse Now, a pesar de lo pretencioso del punto de partida (ya sabéis, eso de “esto no es una película sobre Vietnam. Es Vietnam”), hay algo en el proceso de creación que fascina tanto como la película en sí. Conocer las historias surrealistas que el ejército americano vivió en Vietnam, saber que todo aquello que se tapó acerca de las drogas en aquella guerra se  repitió en el rodaje. Descubrir que Martin Sheen rodó completamente borracho la escena del hotel. O que Coppola decidió que compensaba dejar improvisar a Marlon Brando… como si todo en esta película estuviese sujeto a una especie de azar, algo intangible y ajeno al guión. Algo capaz de provocar infartos a un actor de 36 años, de hacer que un director empeñe hasta su casa y se lleve a toda la familia a Filipinas a ser testigos del caos. Y de cómo, hacia el final del rodaje, Coppola empezó a pensar que su salud mental estaba en el mismo estado que la de Kurtz.

(a otros, como a Sheen, el rodaje no solo les afectó a la cabeza. Como dice uno de sus compañeros de reparto, probablemente el personaje del teniente  Willard le provocó el ataque al corazón…)

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¿Aporta algo a una película conocer cómo se creó? Cuando todo lo que rodea el rodaje se queda en la cinta, puede ayudar a entenderla mejor. Más allá de las cuestiones prácticas (como los helicópteros del ejército filipino que se marchaban en medio de la escena de la Cabalgata de las Walkirias para dedicarse a sofocar una rebelión, o del tifón que arrasó las islas y dejó las secuencias pasadas por agua tras la fiesta de Playboy), Coppola embarcó a todo el equipo, a sí mismo y a su familia, en un viaje río arriba hacia su propias tinieblas. Y nadie sale ileso de un viaje así. Ni siquiera la película. Tal vez sean esas tinieblas las que envuelven la película y hacen que una pueda verla una y otra vez, pegada a la pantalla, totalmente fascinada por el horror.

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