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Cómo matar al padre, según Coppola

Escrito por Antía Díaz
9 de julio de 2009 a las 22:11h

Cuando has crecido adorando a directores como Coppola y la generación de los toros salvajes y los moteros tranquilos, enfrentarse en gran pantalla a la obra del genio provoca cierto temor. Voy a ver una de Coppola al cine, te dices, nada de deuvedés ni tele. No. Al cine. Con la última película del tío que casi se deja la cabeza y la vida en Apocalypse Now. El señor que creó El Padrino. A ver quién es el listo que no entra en la sala con unas expectativas un tanto altas…

El problema es que no solo promete el currículum de Coppola. Promete también el arranque de Tetro, ese Buenos Aires filmado en un precioso y sombrío blanco y negro al que llega un hermano pequeño en busca de un misterioso hermano mayor. Dura poco, la promesa, y la cara de póker se vuelve permamente en cuanto aparecen unos personajes secundarios que provocan más vergüenza ajena que otra cosa. Incluida Carmen Maura, que pasaba por allí no se sabe muy bien a qué. Menos mal que Maribel Verdú impone algo de cordura y que a Vincent Gallo estos papeles pasado de rosca le van tan bien.

Algo falla. No es creíble, no se explica, no se sigue. Más bien se va viendo a trompicones, con algunos destellos del genio entre una enorme maraña de planos, personajes e historias que no acaban de encajar. A saltos,  intento entender ese secreto que esconde Tetro y al que nos acerca en unos flashback en color que poco aportan… más que a un avejentado Klaus Maria Brandauer jugando a ser un ogro que se come a los niños. A los suyos, claro.

Coppola, eso sí, sigue filmando mejor que nadie esas escenas de familia en las que siempre hay algún niño, siempre hay comida, siempre hay música…

(Y no deja de tener gracia que, en un año en el que otro de esos toros salvajes, Scorsese, se fue a Cannes a regalarnos Las zapatillas rojas (Michael Powell y Emeric Pressburger, 1943) en el ciclo de clásicos, Coppola incorpore no solo la estética y algunas de las obsesiones de las películas de Powell y Pressburger, sino incluso una maravillosa secuencia de Los cuentos de Hoffmann. No es que Moira Shearer sea lo mejor de Tetro, pero bueno…)

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