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La cinta blanca

Escrito por Antía Díaz
21 de Marzo de 2010 a las 0:56h

Desde que se estrenó La cinta blanca (Das weisse Band, 2009), su director, Michael Haneke, se ha empeñado en no desvelar demasiado acerca de lo que se oculta tras las puertas del pueblecito alemán en el que se desarrolla esta terrible historia. Es cierto que al director austríaco le gusta bastante más dejar que sea el espectador el que haga suya la historia, el que se rompa la cabeza para tratar de entender los mecanismos de los (siempre) inquietantes personajes de sus películas. Y es cierto que, en este caso, la voz en off del maestro de escuela que nos cuenta su última película, deja bien clara en su primera parrafada que esta historia puede ayudar a desvelar lo que después ocurrió en ” nuestro país”. Es decir, en Alemania.  Así que aunque en realidad, los terribles sucesos que rompen la supuesta armonía y los rígidos ritmos de vida de esta aldea previa a la Gran Guerra, preludien la sociedad que alimentaría el ascenso del nazismo y el Tercer Reich, en realidad, podría extenderse como el caldo de cultivo del resto de los totalitarismos que destrozaron Europa durante el siglo XX. 

Inquietante es un adjetivo que se suele aplicar a la obra de Haneke (de Funny Games a la espectacular Caché, pasando por La pianista). Pero aquí, la deliberada lentitud en el ritmo de la historia, la increíble fotografía en blanco y negro, la fantástica iluminación (con ecos, en todo ello, de Dreyer), y una narración sencilla guiada por la voz, ya ajada, del maestro, provoca un efecto mucho más devastador. Para echarse a temblar. Porque, como dice el subtítulo de esta película, esta es “una historia de niños alemanes”.

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No quisiera desvelar ni media línea de guión, porque merece la pena ver La cinta blanca de principio a fin con la menor cantidad de ideas previas en la cabeza. Pero la inteligencia de Haneke golpea de nuevo directa al estómago, sin una sola imagen fuera de sitio. Tras cada puerta cerrada, tras cada árbol del bosque, en los caminos del pueblo, en los silencios de los adultos, en las miradas aparentemente inocentes de los niños, se esconde la brutalidad de una sociedad capaz de disfrazar su propia corrupción moral de rectitud, educación rígida y normas. En apenas un año de vida de un pueblo cualquiera, con un puñado de personajes perfectamente dibujados y mejor interpretados, con seis sucesos terribles, Michael Haneke rueda una película en la que esa rectitud, esa educación rígida, esas normas, se vuelven contra cada uno de sus personajes. 

¿Qué dónde nacen los fascistas? A Haneke no le gusta dar respuestas directas, es cierto, pero que cada cual busque las suyas detrás de esta durísima película. Porque ahí están, atadas con una ancha cinta blanca en el brazo de un niño, en el pelo recogido y bien peinado de una inteligente y muy, muy bien educada niña.

Milana bonita…

Escrito por Antía Díaz
12 de Marzo de 2010 a las 12:16h

A las siete de la mañana se apagaba, definitivamente, la luz de Miguel Delibes. Quedan, me decía alguien un par de horas después, sus palabras, sus libros, las cinco horas pasadas con Mario, los caminos, los herejes, los santos inocentes… y -pensaba yo- los ojos empañados de Paco Rabal, fijos en un campanario. Porque la potente narrativa de Delibes ha dado frutos no tan potentes en el cine. Desde El camino, de Ana Mariscal (1962),  a Retrato de familia (1976), El disputado voto del señor Cayo (1986) y Las ratas(1996), las tres firmadas por Antonio Giménez Rico. También Antonio Mercero adaptó dos de sus obras, en La guerra de Papá (1977), y El tesoro (1988).

Pero desde luego, si una de las muchas versiones de sus obras tiene que guardarse en un rinconcito de la cabeza de cualquier peliculero es esa maravilla firmada por Mario Camus en el 84. Los santos inocentes no solo es una excelente adaptación de la sencilla, dura y potente novela de Delibes. Es, además, una película inteligente que sigue obligando a mantener la respiración, a apretar los puños. Y sigue sonando hoy con la misma fuerza que hace un cuarto de siglo. Terele Pávez, Agustín González, Juan Diego y, sobre todo, dos inmensos Alfredo Landa y Paco Rabal poniendo cuerpo a los personajes creados por Delibes, y aquel pájaro…

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La ejemplar interpretación de Landa y Rabal sirvió para que en Cannes, aquel 84, ambos se llevasen el premio a los mejores actores. Hace 26 años, los premiados no podían hablar al recoger el premio en la ciudad francesa. Pero Paco Rabal lo hizo. Y solo dijo una cosa… “milana bonita”.

Hay palabras y escenas y actores y escritores que no necesitan adjetivos, ni trucos. Tan solo la fuerza de la verdad que encierran. Como aquel pájaro. Los señoritos. La niña chica. La foto de familia. Paco Rabal. Y Miguel Delibes…

Es cosa de hombres…

Escrito por Antía Díaz
10 de Marzo de 2010 a las 19:07h

El miércoles pasado, subiendo las escaleras mecánicas de un cine cualquiera, discutía esa cosa rara que les pasa a algunas películas. Sales del cine sin saber si te han gustado mucho o muchísimo, y dejas pasar unos días y te das cuenta de que te han dejado una huella mucho más profunda de lo que parecía en un principio. Claro que como el tiempo es algo caprichoso, igual que te ayuda a repensar una historia, te deja quedar como una mona. Literalmente. Porque a ver, que levante la mano y deje un comentario el que ahora se crea que En tierra hostil ya me había parecido estupenda… antes de que arrasase en los Oscar. Suena oportunista, ¿eh?

Excusas aparte (para qué contaros que mi vida se ha convertido en una lucha contra todos los relojes y los horarios de los seres humanos), llevo una semana buscando un hueco para explicar aquí que todavía me quedan grabadas en algún rincón del cerebro un par de secuencias de esta cinta sencilla y brutal a partes iguales.

Si algo ha demostrado Kathryn Bigelow a lo largo de su irregular carrera, es que se siente en las películas de acción como en casa. Algo que no llamaría la atención si no existiese ese cliché tan molesto que dice que la acción es cosa de hombres. Como Soberano. En su última película, En tierra hostil (The Hurt Locker, 2008), Bigelow vuelve a explicar por qué los tópicos no son más que tópicos, y por qué el género (como la nacionalidad) significan más bien poco en el cine.

La ex de James Cameron (tiene morbo la cosa, a que sí) se pasea por Irak de manera brutal. Un montaje espectacular, una trama sencilla (pero nada simple), tres actores perfectamente encajados y un montón de bombas dan forma a una de esas películas que no confunden acción con mover la cámara, y que no dejan pasar la oportunidad de atacar al espectador desde la primera secuencia hasta la última.

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Partiendo de una particular cuenta atrás (los días de misión de un grupo de artificieros norteamericanos), En tierra hostil nos adentra, en clave casi documental, en el trabajo diario de un grupo de hombres acostumbrados (o no) a arriesgarse todos los días a perder la vida. Pero más preocupada por las razones íntimas que llevan a cada personaje a esa guerra, la directora parece preferir que sea el espectador el que juzgue, si quiere, el papel del ejército norteamericano en esta guerra. Esa especie de equidistancia puede resultar a veces molesta, incluso un poco cínica, si uno se plantea los métodos utilizados por las tropas norteamericana. Tal vez Bigelow solo cuestiona las razones que llevan a un individuo a ofrecerse voluntario para desactivar bombas en territorio minado, y quizás para una parte de la audiencia (entre la que me incluyo), no sea suficiente mantenerse equidistante. Al menos en determinados temas. Pero sin embargo, hay que reconocer que el análisis más personal de esa adicción a la guerra resulta efectivo. Y que la visión realista (hasta la náusea, a veces) puede resultar igual de eficaz como crítica que un discurso más panfletario.

Pero más allá de las dudas ideológicas, la película deja un par de secuencias extraordinarias. Desde la primera a la última, Bigelow domina el género, rodando con cuatro cámaras y en 16 milímetros, de la alternancia de primeros planos y planos generales, de un inteligente uso de la música y de un completo uso de referentes. Imposible no pensar, en la secuencia de la explosión nocturna, en la llegada al campamento de Kurtz en Apocalypse Now (Coppola, 1979). Imposible, incluso, no acordarse del aire suicida de algún personaje de La cruz de hierro de Peckinpah.

¿No es suficiente para ir a verla? Quedan más razones: desde la capacidad de descolocar al espectador a golpe de grandes estrellas que salpican el metraje, como si simplemente pasasen por allí (Guy Pearce, Ralph Fiennes…), a planos sobrecogedores que no ocurren en nigún campo de batalla. Ojo al supermercado… porque Bigelow no solo es la primera mujer que consigue el Oscar a la mejor dirección. No es solo una mujer capaz de meterse de cabeza en un género históricamente masculino. Bigelow, además (y si queda alguna duda, repasad al Lenny de Días extraños), tiene una capacidad especial para captar la soledad, la incapacidad de comunicarse. Incluso la incapacidad de reconocer lo que se siente. Da igual que sea en un Los Ángeles apocalíptico o en un país en guerra. 

(¿Y del resto de los Oscar? Me quedo con las ganas que tengo de ver a Jeff Bridges, y, por supuesto, con el reconocimiento a la maravilla de Campanella que es El secreto de sus ojos)

Niñas bien educadas

Escrito por Antía Díaz
27 de Febrero de 2010 a las 19:29h

Acostumbrada a la mala baba con la que Nick Hornby trata a sus personajes (la misma mala baba, eso sí, que una utilizaría para criticar a un amigo al que quiere de verdad, o para criticarse a una misma), salgo de ver An education (Lone Sherfig, 2009), con cierta sensación de que la ironía marca de la casa se ha quedado por el camino en esta historia. Y que la película que está encumbrando (con razón) a la menos joven de lo que parece Carey Mulligan puede gustar a muchos, muchos públicos, así que la productora y las salas, encantadas. A saber: hay una parte bonita (la redención, la superación, ya saben…) en esta historia que gustará a los que buscan en el cine esos cuentos de hadas con final más o menos feliz. Hay una parte social que recoge esa Inglaterra gris previa a los 60 (aunque después de haber leído Chesil Beach, de Ian McEwan, nada resulte tan impactante), y que gustará a quienes sufrieron una educación similar (sobre todo a las mujeres, evidentemente).

Pero hay una parte cínica, dura, mucho menos reflejada  - o por lo menos más suavizada- en la cinta, aunque probablemente sea la más interesante, que muestra un mundo construido a base de mentiras, relaciones basadas en no ver lo que la otra persona es en realidad, y guapos y ricos jovencitos que esconden una vida sórdida y falsa. Y en una semana en la que Harry Lime me persigue, no dejo de pensar en la sonrisa cínica de Orson Welles en El tercer hombre, mientras un escurridizo Peter Sarsgaard reconoce ante Carey Mulligan lo que es en realidad. Es una lástima que la directora no profundice más en esta parte de la historia, porque es precisamente en esas secuencias más oscuras, técnicamente diferenciadas (cámara en mano, con una iluminación más dura), donde la película crece. Desde las primeras miradas evidentes que cruzan Mulligan y Sarsgaard a la sorprendente reflexión sobre la primera vez de una cría de 17 años, pasando por el enfrentamiento con la realidad de ambos personajes a las puertas de la casa de ella.

Lo mejor, sin duda, Carey Mulligan, cargando de matices a esta Jenny que cree que recibe una educación cuando en realidad ella misma se la está construyendo y la está dando. No es fácil hacer creíble y nada repelente a esta chica, a sus frases en francés, a su pasión por la vida y por Juliette Gréco, y Mulligan lo consigue con cada plano. 

(Ah, y el uso de la música, pero estando detrás Hornby, se da por hecho, ¿verdad?)

En el laberinto de Shutter Island

Escrito por Antía Díaz
26 de Febrero de 2010 a las 18:52h

A pesar de que muchos directores tienen fama de locos, a pesar de que muchos actores han perdido la razón, a pesar de esa curiosa relación entre el genio y la locura que atraviesa toda la historia del arte, hay quien dice que no se llevan bien la locura y el cine. Y sin embargo, la visión de las enfermedades mentales nos ha regalado joyas como Recuerda (Hitchcock, 1945), con la que comparte imágenes oníricas Shutter Island, Alguien voló sobre el nido del cuco (más allá del miedo en el cuerpo que provocan las cofias de las enfermeras por culpa de la película de Milos Forman, se abre de nuevo aquí la reflexión sobre la crueldad de determinados tratamientos que hoy nos parecen medievales y que, sin embargo, han estado ahí hasta hace dos días), o De repente el último verano (y de nuevo, el fantasma de la lobotomía, como en la cinta de Mankiewicz). Aunque en Shutter Island (Martin Scorsese, 2009), basada en la novela de Dennis Lehane, la psiquiatría no es una simple anécdota. Es también el ovillo en el que se enreda y se explica la trama de la última película  de Scorsese.

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 Hay demasiadas cosas que no se deben decir de Shutter Island, para evitar descubrir los hilos que Scorsese lanza para escapar del laberinto de la isla donde se ubica este psiquiátrico angustioso al que llega Leonardo Di Caprio para investigar la desaparición de una paciente. Scorsese consigue de nuevo atrapar al espectador en los entresijos de un guión en el que nada es lo que parece, y en el que la locura y la cordura se mezclan para enredarnos, confundirnos y golpearnos. Y es una prueba más de la capacidad de este señor bajito de bucear en lo más oscuro de la naturaleza del ser humano. Cada vez más oscuro, desde hace unos años, en la filmografía de Scorsese.

Shutter Island es también un ejercicio de estilo. Impecable desde la niebla inicial en la que surge la isla, una roca en medio de la nada, hasta la tormenta que encierra a los protagonistas en esa casa de locos (y no me refiero a los pacientes), Scorsese dibuja una atmósfera insana, agobiante, atrapada en las mentes de quienes viven entre los muros de los pabellones del psiquiátrico, lleven el uniforme que lleven. Y el juego, cercano a veces al terror puro y duro, otras más próximo al suspense, encierra un drama, una intriga policíaca, en torno al brillante papel de Di Caprio, que sigue creciendo en cada película que le regala Scorsese. Arropado aquí por un ambiguo Ben Kingsley y el siempre inquietante Max Von Sydow. Y por la maravillosa Patricia Clarkson, que no necesita más que una secuencia para brillar.  

(Mención aparte, de nuevo, la colaboración con Robbie Robertson, culpable de la impecable selección musical de la cinta. De Mahler a Brian Eno, pasando por la maravillosa voz de Dinah Washington que acompaña el desolador final de Shutter Island.)

Viernes de Scorsese y Dylan

Escrito por Antía Díaz
19 de Febrero de 2010 a las 15:34h

Manicomio es una palabra que se usa poco. Suena demasiado fuerte para lo políticamente correctos que nos hemos vuelto. Aunque en el cine, los manicomios pueden resultar tan interesantes como en Alguien voló sobre el nido del cuco (Milos Forman, 1975) o 12 monos (Terry Gilliam, 1995). Desde esta tarde, podemos sumar un sanatorio mental más a la lista, con la marca de Martin Scorsese: es el manicomio de Shutter Island.

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La película acaba de ser presentada, fuera de concurso y con cierto retraso, en el Festival de Berlín. Y ha gustado. Leonardo Di Caprio, Ben Kingsley, Mark Ruffalo y Michelle Williams cierran el reparto de una película que promete calentar el final de este frío mes de febrero.

(y sin dejar de bucear en la locura, solo que de otra manera, este fin de semana llega con más retraso todavía, I’m not there, la visión de Bob Dylan que firma Todd Haynes. Ha tardado tres años y resulta muy, muy difícil de clasificar… pero qué bien suenan todos estos Dylan)

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Noche de Goyas

Escrito por Antía Díaz
14 de Febrero de 2010 a las 22:59h

alfombra Falta 1 minuto para que empiece la primera Gala de los Goya sin publicidad, y resumo en dos patadas lo (poco) que ha dado de sí la alfombra verde.

- Aún no me he repuesto del esmoquin rosa de Óscar Jaenada cuando aparece Penélope Cruz sin Bardem y con un palabra de honor blanco con el que me pregunto cómo va a sentarse… Guapísima, ceñida, morena y con el pelo suelto, la actriz se perderá el tradicional almuerzo de los nominados a los Oscar por pasar esta noche en Madrid y, quizás, llevarse un premio.

- Los diseñadores españoles pierden este año frente a Elie Saab (Verónica Sánchez, de corto, Silvia Abascal, de largo y pelín trasnochada), Carolina Herrera (una Belén Rueda indescriptible), Nina Ricci (Maribel Verdú, guapísima, con el bolso más feo de la alfombra verde), Dior (Clara Lago), Armani (Emma Suárez)…

- La ministra de Cultura, González Sinde, se ha vuelto a superar a sí misma. Sigo echando de menos aquel precioso David Delfín cuando “solo” era presidenta de la Academia…

22.04. Ha salido Buenafuente al escenario… y acaba de quedar eclipsado porque ¡Bardem y Penélope Cruz se han sentado juntos!

22.09. Armado de palomitas, Buenafuente saluda a Tosar y a Amenábar… y a los hermanos de Mónica Cruz y Carlos Bardem con un repertorio de los Beatles a Beyoncé que arranca las primeras carcajadas de la noche.

22.14. No hay publicidad, no… Pero Loterías y Apuestas del Estado patrocina la Gala y se ha traído al chucho. Con esmoquin.

22.17. Primer efecto especial de la noche. No me refiero al chorro sobre Buenafuente, sino al pelo de Paz Vega.

22.19. Primero premio: los mejores efectos especiales, para Ágora. Amenábar empieza a sumar premios técnicos.

22.23. Para dar motivos a los que dicen que los Goya son una imitación de los Oscar, nos resumen las películas candidatas a golpe de musical. Gracia, la justa…

premiogoya22.26. La mejor canción es “Yo, también”, de Guille Milkiway. De Yo, también, claro. Una rumba del cantante de La casa azul pone ritmo a su discurso de agradecimiento.

22.28. Esto no para: seguimos con música original, y el premio es para Alberto Iglesias, por Los abrazos rotos. Se admiten apuestas: ¿la película de Almodóvar se llevará algo más?

 

22.30. Empiezan los premios a la interpretación. ¿Penélope Cruz le dará el premio a su cuñado?

22.31. Y el mejor actor de reparto es… ¡Raúl Arévalo por Gordos! Primera sorpresa de la noche, en una Gala en la que partían como favoritos dos de los grandes, Antonio Resines y Ricardo Darín.

22.35. Cámara en mano, Buenafuente hace sus pinitos como director asistido por Santiago Segura y Daniel Monzón.

22.38. ¿La mejor fotografía? La de Ágora, que firma Xavi Jiménez. Dos premios para la aventura histórica de Amenábar.

22.42. Otro Goya: el de mejor dirección artística, de nuevo para Ágora. La excepcional recreación de Alejandría, dirigida por Guy Hendrix Dyas, le da a Amenábar su tercer premio en menos de 45 minutos.

22.44. Esto no para: otro premio, a mejor maquillaje y peluquería: ¡de nuevo para Ágora!

22.47. Vamos con el vestuario: el mejor es para Ágora, por el trabajo de Gabriella Pescucci. ¿Quién dijo que el cine era una cuestión de países? No paramos de escuchar acentos…

22.50. Mejor actor revelación: Alberto Ammann. Primer premio para Celda 211.

22.53. Acabamos de encontrar la solución a las galas sin anuncios: los resúmenes. No te venden nada, pero si te has perdido, te recuerdan que, de momento, “gana” Ágora

22.54. Pocoyó va a dar un premio. Creo que estoy perdiendo el sentido del humor… ¡aunque sea a la mejor película de animación!

22.54. Ese mocoso repelente con casco azul del que hablan todos los padres está imitando a Robert de Niro…

22.55. Planet 51 es la mejor película de dibujos. Y Pocoyó, encantado…

22.59. Dos cosas que nunca habría imaginado… además de lo de Pocoyó, claro. Una, que el ministro de Industria se llevase un agradecimiento. Dos, que Goya se dedicase a los dibujos animados.

23.00. La dama y la muerte es el mejor corto de animación. Está nominada a los Oscar, y sus productores no se olvidan de uno solo de los productores… ni de Antonio Banderas.

premiogoya23. 04. Y la mejor actriz de reparto es Marta Etura, por Celda 211. Su vestido rojo le provoca algún problema para llegar al escenario. Emocionadísima, le dedica este premio a su familia. Y a esa gran maestra de actores que es Cristina Rota.

23.07. Más premios para Ágora: la mejor dirección de producción es para José Luis Escolar.

 

23.10. El presidente de la Academia, Álex de la Iglesia, se estrena en los Goya recordando que la gente del cine se mira el ombligo…

23.13. Dice De la Iglesia que el 2009 ha sido bueno para el cine español, pero que el próximo puede ser mejor. La seriedad de la base del discurso se entrecorta con los extraños nervios del presidente, los chistes que va soltando entre llamamiento y llamamiento para crear industria, para que las televisiones arrimen el hombro… y la manía del realizador de la Gala de enfocar a actores y actrices que parecen estar atentos a todo menos al discurso del presidente.

23.15. Y termina como un gladiador romano, a golpe de ¡Fuerza y Honor!, recordando que la gente del cine sabe que se pueden perseguir los sueños. Afortunadamente.

23.18. Más premios: el de mejor sonido, para Celda 211.

23.21 El premio extraoficial a la pareja con un estilismo más indescriptible es para Belén Rueda y las solapas de Noriega…

23.22. Flores de Ruanda, de David Muñoz, es el mejor corto documental.

23.23. Y otro corto, ahora de ficción: el mejor es Dime que yo, de Mateo Gil… el guionista de Ágora, y de Mar adentro, y de Abre los ojos, y de Tesis. Sus dos protagonistas, por cierto, Fele Martínez y Eduardo Noriega, coinciden en el escenario.

23.27. Todo se puede conseguir mediante un mensajito del móvil… hasta presentar un Goya al lado de la pajarita de Santi Millán.

23.28. Cuando una gala te aburre, siempre te puedes entretener descubriendo cargos públicos en el patio de butacas.

23.39. Pues nada, que con un simple mensajito, esta señora tan pintoresca le va a dar el premio al mejor documental a Garbo, el hombre que salvó el mundo.

23.32. Cuando una gala te sigue aburriendo, siempre puedes echar de menos a los chicos de Animalario. O a Rosa María Sardá.

23. 33. Porque en realidad, a toda la gente que ahora nos recuerdan que no está no tenemos que echarla de menos. Quedan guardados en pantallazos, en escenas, en planos, en horas enteras de disfrutar con una película. Y qué acertado ha estado quien quiera que haya decidido saltarse el orden alfabético y dejar para el final la sonrisa de José Luis López Vázquez

23.37. Javier Bardem anuncia a los nominados al mejor actor…

23.39. Luís Tosar y su Malamadre reciben el premio. Y yo, que adoro este papel y a este hombre, echo de menos a Ricardo Darín…

23.41. Vamos con los que empiezan: el mejor director novel es Mar Coll, por Tres días con la familia. Estos vestidos son un problema, está visto.

23.42. Y mientras Mar Coll da las gracias, aquí repasamos el discurso de Tosar, esa enorme sonrisa, y uno de los mejores agradecimientos que hemos escuchado: y es que si tu chica se lleva premio, ¿quién necesita un Goya propio?

23.47. Antonio Mercero no está. Pero sí sus hijos. Y los alucinantes planos de La cabina, y las alitas de Tobi, y la sintonía de Verano Azul, y Espérame en el cielo… Recuerdan sus hijos el medio siglo de trabajo que Mercero lleva a sus espaldas.

23.54. Pero Mercero sí esta, aunque sea en diferido, recogiendo su Goya. Y la emoción de su familia se cuela entre los aplausos del público de la gala. Y en estas líneas, ya ven…

23.56. Eduardo Blanco se ríe de sí mismo para presentar la mejor película hispanoamericana. No hace falta que diga cuál es mi favorita, ¿no?

23.57. El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella es la mejor película hispanoamericana. Esta maravilla se merece más que este cabezón, aunque solo sea por las dos increíbles horas que nos ha regalado.

00.02. La mejor película europea es Slumdog Millionaire… sí, esa que ganó los Oscars del año pasado. Vamos muy bien de tiempo, ¿eh?

00.04. Acabo de ser atacada por un esmoquin rosa…

00.05. Y la mejor actriz revelación es una mujer con 20 años de experiencia…. ¡Soledad Villamil! Pese a lo absurdo de la nominación, el premio es otro acierto.

00.07. Gran frase de Azcona, esta del taquillazo y los finales felices.

00.08. Con los Guillén Cuervo en escena, y sin parar de hablar de palabras, aquí los lectores del blog agradecen a Tosar el discurso en gallego.

00.09. Mejor guión original: para Amenábar y Mateo Gil por Ágora. Reventando las quinielas…

00.11. Mejor guión adaptado: Daniel Monzón y Jorge GUerricaechevarría, por Celda 211.

00.13. Y mientras los adaptadores de Malamadre dan las gracias, los lectores siguen haciendo llegar su enhorabuena a Tosar. Por el discurso y por el papel, claro…

00.15. Vamos con el mejor montaje… si nos deja Santiago Segura.

00.17. Celda 211 se lleva el premio, por el montaje de Mapa Pastor. Otro de los enormes logros de la cinta de Monzón, desde luego, con ese ritmo capaz de encerrarte en la pantalla.

00.19. No sé si me irrita más esto de los resúmenes o esta voz en off…

00.20. Y la mejor actriz es… Lola Dueñas. Dice la vocecita en off, qué pesada, que “sorpresa”… como si no se viese venir casi casi desde San Sebastián. Qué buena es esta chica.

00.25. Menos mal que nos queda la Sardá…

00.26. Y claro, una mujer como esta solo puede presentar a los mejores directores. Amenábar, Monzón, Trueba y Campanella.

00.28. Daniel Monzón es el ganador de la noche, crítico reconvertido a director, creador de esta estupenda Celda 211. Monzón se queda con un “trocito” del Goya para dedicárselo, emocionado, a su mujer y a su hija.

00.30. Solo queda uno… y no voy a decir más.

00.33. Claro, ha sido entrar Pedro Almodóvar en plan sorpresa de la noche, y el ordenador se ha quedado en blanco…

00.34. Analicemos esto como una peli: si el director guarda para el final a la Sardá y el momento Almodóvar, sí, yo lo llamaría tramposo. Hoy vamos a ser más suaves…

premiogoya00.38. La mejor película del año 2009 es… ¡ Celda 211! Ocho premios, y desde luego, el más importante de la noche para esta producción gallega.

00.39. Éxito de taquilla, éxito de crítica, éxito en los Goya… Qué mal está el cine español, que no consigue llegar al público, no convence a los críticos, no reconoce el talento…

00.44. La gala, menos mal, acaba de nuevo recuperando humor, ¡y sin voz en off!

00.48. En resumen: ¿de qué creéis que se hablará más mañana? ¿Del éxito anunciado de la estupenda Celda 211? ¿De la calidad técnica de Ágora? ¿Del golpe de efecto en forma de Almodóvar? ¿O del momento Penélope-Bardem compartiendo asientos?

¡Gracias a todos por seguir la noche con nosotros!

Nos vamos a los Goya

Escrito por Antía Díaz
12 de Febrero de 2010 a las 17:48h

premiogoya   Escoge una de tus razones para no ver la Gala de los Goya este domingo:

a) son una imitación cutre de los Oscars

b) la alfombra roja es verde

c) todas las películas españolas son iguales (de malas).

                     d) me cae mal Buenafuente

En resumen, es un poco lo que me han ido contando esta semana previa a la gran fiesta del cine español (esta expresión tan cursi podría ser la quinta razón). Pero resulta que a mí estas galas me encantan, las alfombras verdes me parecen un pequeño festival del humor, de las películas candidatas a hacerse con el máximo premio, dos se encuentran entre lo mejor que he visto el pasado año, y me muero del humor con Buenafuente. Así que me pienso tragar la gala el domingo por la noche, minuto a minuto.

Y para los que no encontréis motivos para no enteraros de cuál es la película que más le gusta a los miembros de la Academia, para los que querías ver a Antonio Mercero recoger su Goya de honor, para los que queráis descubrir si finalmente aparece  Penélope Cruz de la mano de Bardem, para los que os emocionáis con el recuerdo de los que nos han dejado este año (un amigo, un servidor, un esclavo… entre otros), o si os queda lejos la tele ese día pero no os queréis perder detalle, os lo contaré desde aquí, minuto a minuto también, toda la noche.

Y me había propuesto no hacer una quiniela, pero no puedo evitarlo. Apuesto unas palomitas a que no son los premios que van a caer (alguno, por imposible), pero sí los que me gustaría ver. ¿Cuáles son los vuestros? ¡Se admiten apuestas!

Mejor película: Celda 211, de Daniel Monzón

Mejor película hispanoamericana: El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella (y así queda repartido, más o menos…)

Mejor director: Daniel Monzón, por Celda 211

Mejor actor: que suban Tosar y Darín, por favor…

Mejor actriz: Soledad Villamil, por El secreto de sus ojos, ¡pero que la cambien de categoría! ¿qué hace en actriz revelación esta mujer?

Mejor película europea: La clase, de Laurent Cantet

Up in the air

Escrito por Antía Díaz
25 de Enero de 2010 a las 14:17h

En la semana de las palmaditas en la espalda porque el cine ha recuperado taquilla gracias a las tres dimensiones, sigo en mis trece de que las historias bien contadas que no necesitan gafas de colores encierran tanto (o más) cine que los fuegos artificiales. O al menos, a los que este fin de semana abarrotábamos la sala para ver Up in the air, no nos hacían falta tres dimensiones para creernos la última pequeña historia de Jason Reitman y pagar religiosamente los 6,40 euros que nos cobraron por entrada.

Bien construida, mejor interpretada, ácida, inteligente y sencilla, Up in the air se acerca a la crisis de la mano de una empresa que se dedica a comunicar a los empleados de otras empresas que están despedidos. En el colmo de la subcontratación extrema, Ryan Bingham (un George Clooney estupendo) viaja de punta a punta de los Estados Unidos con un puñado de frases hechas y vacías de contenido para decirle a la gente que se ha quedado sin empleo. Un personaje desgradable, vacío y feo, más feo todavía porque el atractivo de este señor empieza a ser sospechoso de delito.  A Clooney se le suma Vera Farmiga, más fría, más fea, más directa y más lista que el listo de George. Y un repelente niño Vicente  con tacones, Ana Kendrick, una cría de la hornada de Crepúsculo salvada para el cine no adolescente con un papel que borda como (in) experta en eficacia 2.0.

 

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Ryan (Clooney) y Alex (Farmiga) enseñando a ligar gracias a Hertz y un trocito de plástico…

Y de vuelo en vuelo, de hotel en hotel y de la mano de la colección de tarjetas de plástico de sus criaturas, Reitman disecciona un puñado de personajes superficiales como sus maletas perfectamente organizadas, incapaces de reconocer sus sentimientos, frágiles porque juegan a ser fríos, adultos de doce años aislados de la vida real en medio de una historia que esconde más dimensiones que las que se ven con unas simples gafas de miope.

Y quiero pensar que esa chorrada de final (es que no se puede calificar de otra manera) capaz de cargarse en cinco minutos toda la mala leche del resto del metraje ha sido culpa de algún ejecutivo que, encerrado en su despacho, sigue pensando que el público va al cine a que le cuenten que el amor es un chollo, la crisis tiene su parte buena aunque tu empresa te dé la patada, y por muy mal bicho que seas, al final siempre tienes tu corazoncito.  Y que viva la ciencia ficción…

John Ford trata de decirme algo

Escrito por Antía Díaz
12 de Enero de 2010 a las 14:22h

El año pasado tuve que ser buenísima, porque los Reyes Magos dejaron en mi zapato dos biografías idénticas de Paul Newman. Cuatro pares de ojos azules desde la portada del libro que firma Shawn Levy. Hoy me he despedido de uno de los pares  (como si anduviese sobrada de ojos azules…) y después de dar la lata a Isabel, en Libros Cantón 4,  los he cambiado por 846 páginas que indagan en otra de mis debilidades: Tras la pista de John Ford, de Joseph McBride, descansa ahora encima de mi mesa.

Un tocho en toda regla, con una portada un tanto hortera, pero que a mi parte novelera le encanta, será porque antes de ayer me tocó un trozo de Centauros del desierto, y me lo tragué otra vez como una cría. Ahí van John Wayne y Jeffrey Hunter buscando a Natalie Wood, bajo la atenta mirada de Ford….

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846 de Ford + 576 de Newman = 1.422 páginas  que me van a tener muy ocupada

 

(Como no creo en las casualidades, el haberme topado con los Centauros hace dos días, y ayer con El hombre tranquilo, me han llevado derechita al libro. Que digo yo que tanto Ford en solo tres días tienen que querer decir algo…)

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